La difícil decisión mexiquense

No tendrá Luis Videgaray un paseo por las nubes si busca la candidatura del PRI a la gubernatura del Estado de México

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Con todo y el afecto que le tiene el Presidente Peña Nieto, y su hermandad con Eruviel Ávila, Luis Videgaray no tendrá un paseo por las nubes si busca la candidatura del PRI a la gubernatura del Estado de México.

Hoy, en la banca, y sin dirigir al gobierno federal desde la Secretaría de Hacienda, tendrá que formarse en la fila en que ya se encuentran Alfonso Navarrete, Ernesto Nemer, Ana Lilia Herrera, Carolina Monroy, José Manzur, Carlos Iriart y Alfredo del Mazo, por lo menos.

Por esas razones que nadie sabe explicar se da por sentado que Videgaray tiene como destino ocupar la oficina de Eruviel Ávila en el Palacio de Gobierno, o que al menos ese fue el caramelo que endulzó su salida de Hacienda.

Él nada ha dicho, nadie le ha preguntado, y Claudia Algorri, que ganó al Presidente Peña Nieto el anuncio de que su jefe renunciaba a la Secretaría de Hacienda,  ha mantenido cerrada la boca.

Se antoja natural que Videgaray vea el Estado de México como  parte de una estrategia transexenal para el 2024, cuando tenga 56 años y el sexenio de Enrique Peña Nieto sea cosa del pasado e  intente regresar a Palacio Nacional, pero a ocupar la Presidencia, pero hoy no basta con querer.

Llegó a la entidad como empleado de su mentor, Pedro Aspe, a negociar la deuda del gobierno de Arturo Montiel, y cuando Peña Nieto llegó a la gubernatura lo contrató de secretario de Finanzas; luego lo hizo diputado federal, para encargarle la Comisión de Presupuesto.

En ese puesto acorraló al secretario de Comunicaciones de Felipe Calderón con el subejercicio del gasto en infraestructura y fue decisivo en la batalla por evitar la pretensión de crear un impuesto de 5 por ciento para combatir la pobreza (un añadido al IVA paralelo), que en realidad sería la plataforma de lanzamiento de la candidatura de Ernesto Cordero desde la Secretaría de Desarrollo Social.

Todo quedó en el incremento del 1 por ciento al IVA,  que sirvió para destruir la alianza electoral entre PAN y PRD en el Estado de México, y para aliviar un poco las finanzas de Oaxaca.

Pero nada de esto cuenta ahora, ni siquiera la polémica desatada por la visita de Donald Trump, ni la situación en que dejó la economía nacional, en la batalla por la candidatura a gobernador, porque si de esto se tratara, merecimientos iguales, y hasta mayores, los tiene el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete, que, además de una larga carrera en la Federación, como en la entidad, puede presumir de que, pese a todo, no se ha registrado una huelga federal en el sexenio.

A nadie escapa que el Estado de México es, de nueva cuenta, la joya de la corona, más ahora que el PRI ya no podrá disponer de los graneros electorales de Veracruz, Guerrero, Puebla, Tamaulipas y otros que deciden las elecciones federales.

La decisión mexiquense será un dolor de cabeza para el Presidente, y para el gobernador, porque en el altar de los sacrificios habrá que dejar, una vez más, querencias, parentescos y compromisos políticos.

De entrada se puede borrar de la lista al diputado federal Alfredo de Mazo. Seis años atrás, Peña Nieto necesitaba ganar el Estado de México para asegurar la candidatura presidencial. En realidad habría sido candidato y Presidente aun perdiendo el territorio mexiquense, pero ¿qué necesidad había de arriesgar sólo por crear una dinastía familiar en su tierra?

Se fue a lo práctico y, por ello, Eruviel Ávila se adueñó de la candidatura sin mayor problema.

Videgaray tiene todo el apoyo del Presidente y del gobernador, pero ¿ganaría? Es posible que sí, porque Eruviel es un gran operador político, pero ¿qué necesidad hay de arriesgar si hay otros aspirantes con los que batallarían menos?

En las encuestas se da por descontado que el PRI ganará, pero registran el dato curioso de que si Josefina Vázquez Mota es postulada por el PAN, derrotará a cualquiera.

Vázquez Mota se rehusó a competir contra Eruviel pretextando que prefería hacerlo con Peña Nieto en la presidencial, y así le fue. Ella dice que por el abandono de Calderón, y no le falta razón, pero su campaña, en manos de Diódoro Carrasco, primero, y después de Roberto Gil, fue un desastre de principio a fin.

Hoy está mejor posicionada que nunca y no parece existir impedimento para que, ahora sí, el PRD se sume al PAN en el desquite contra el PRI.

En estas circunstancias, según las encuestas, el único priísta que puede enfrentarla es el procurador del Consumidor, Ernesto Nemer.

A principios de agosto, El Universal publicó una encuesta que coloca a Vázquez Mota como la mejor evaluada, con 30.3, y a Nemer, con 30.1; incluso, en negativos andan a la par; la panista con 15.9 y el priísta con 17.7.

Se entiende que Josefina tenga pocos negativos porque su paso por la administración pública ha sido un suspiro, no obstante haber sido secretaria de Desarrollo Social y Educación; como diputada quedó registrado que no asistía a las sesiones en que votaba.

Nemer, en cambio, inició su carrera en 1970 y en 36 años de ejercicio profesional ha sido de todo en los tres ámbitos de gobierno, municipal, estatal y federal. Incluso, le han tocado momentos difíciles, como la renuncia de Emilio Chuayffet a la Secretaría de Gobernación y del cual fue secretario particular. Desde que inició su carrera, a la par de Peña Nieto, ha servido a 9 gobernadores y a 3 presidentes de la República.

Visto así, es todo un récord que la ciudadanía lo perciba con sólo 17.7 por ciento de negativos.

 

 

 

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