La consulta amenazada por propietarios de bonos del NAIM

Carlos Urzúa con motivos para estar más que preocupado; tenedores de instrumentos financieros juegan a todo, menos a perder

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Carlos Urzúa se va a desvelar tanto como los miembros del gabinete de seguridad; peor, quizá pierda el sueño una larga temporada. Hay razón: La negativa de una quinta parte de los tenedores de bonos del NAIM es como para provocar insomnio.

El despacho Hogan Lovells, representante de propietarios de más de mil millones de títulos, ya hizo saber su rechazo a la recompra anunciada por el gobierno mexicano, pero informó estar dispuesta a negociar, lo que para un lego en la materia significa que la adquisición de los bonos llevará más tiempo de lo esperado y costará más de lo calculado.


Era de esperarse, dado que los mercados neoyorquinos saben que las consultas populares son una camisa de fuerza que el gobierno mexicano difícilmente estaría dispuesto a quitarse.

Las consultas, como cualquiera sabe, son un arma política fundamental del Presidente López Obrador.

Sin embargo, la indisposición del 20 por ciento de los propietarios de los bonos a someterse a la negociación ofertada por el gobierno mexicano podría generalizarse, de tal suerte que ya hay quienes empiezan a apostar por la posible marcha atrás en la decisión, consultada con el pueblo, de no construir el aeropuerto en Texcoco.

Pero ya está dicho: La marcha atrás en este asunto, precisamente en éste, es algo que el gobierno mexicano ni siquiera está dispuesto a contemplar.

Nada alegraría más a los enemigos del Presidente López Obrador que un revés de esta envergadura, pues significaría una derrota monumental y la muerte de las consultas populares como instrumento de gobierno por encima de la democracia representativa. A partir de esto  se da por descontado que de ninguna manera se aceptarán las condiciones de los propietarios de los bonos, por onerosas que resulten.

Para decirlo de otra manera, el secretario Urzúa tiene motivos para estar más que preocupado, aunque con seguridad, desde un principio, supo que esto ocurriría, pues los inversionistas en este tipo de instrumentos financieros juegan a todo, menos a perder.

Vaya, no son hermanas de la caridad y sus representantes saben que el gobierno mexicano está atrapado en su propia estrategia de abandonar la obra en Texcoco a favor de Santa Lucía, y la remodelación de Toluca, debido a que más que un asunto financiero o de construcción tiene que ver con una filosofía política de la que difícilmente se apartará el nuevo gobierno.

De hecho, no habrá quien se atreva siquiera a sugerir en las reuniones de gabinete la posibilidad de abandonar la sustitución del NAIM.

Un problema adicional es que, mientras tanto, las obras en Texcoco continuarán. El nuevo gobierno lo recibió con más del 30 por ciento de adelanto y hoy nadie sabe en qué porcentaje estará cuando se resuelva el caso de los bonos o los estrategas mexicanos encuentren otra solución.

En eso y más residen los desvelos de Urzúa, que quizás pase las noches calculando si el costo de la aventura neoyorquina es menor al político de echar reversa a la consulta, aunque, como él sabe, la segunda opción está lejos de sus manos.

 

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