La CNDH, institución que se va al diablo

Velemos, pues, a ombudsman nacional

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La explotación de frases como “al diablo con las instituciones” causó enorme daño a Andrés Manuel López Obrador en su pasado electoral, pero hoy sabemos que aquellas expresiones no fueron fruto de la frustración.

La imposición de Rosario Piedra Ibarra en la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, “haiga sido como haiga sido”, quizá sea prueba de que aquellas frases no eran exabruptos, sino la intención, advertida a tiempo, de quien, a la postre, se adueñaría del poder casi absoluto por su persistencia admirable, pero también porque panistas y priístas acudieron a todo lo que estaba al alcance de su mano para destruirse en guerras internas, como tempranamente lo está haciendo Morena.

En definitiva, la hija de doña Rosario Ibarra de Piedra no es la persona idónea para encabezar la CNDH, sin embargo, el presidente López Obrador la impuso a través de su dominio de la Cámara de Senadores y gracias a la incapacidad de la oposición para mantenerse unida para evitar acciones que paulatinamente tendrán como consecuencia la acumulación del poder en sus manos.

Paso a paso, AMLO impulsa la destrucción de órganos reguladores a través de la imposición de militantes o simpatizantes de Morena que no tienen idea de temas fundamentales para el país que pusieron en sus manos.

Sólo a manera de ejemplo ya le pasó a la Comisión Reguladora de Energía y pronto llegará su tiempo al Instituto Nacional Electoral y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que está a un paso de perder su condición de poder soberano para convertirse en apéndice del Ejecutivo, como ya lo es el Legislativo.

En esta ocasión fue la CNDH, que inició su existencia con Jorge Carpizo a la cabeza, consiguiendo la destitución de un par de generales del Ejército Mexicano.

No es suficiente con haber sufrido en carne propia la desaparición y muerte de un familiar cercano en una acción de guerra declarada al gobierno mexicano para poner en sus manos el destino de la CNDH y, peor aún, de la manera poco aseada como lo hizo la fracción parlamentaria de Morena para cumplir la orden del presidente.

En reacción natural ya renunciaron los consejeros ciudadanos Alberto Manuel Athié Gallo, María Ampudia González, Mariclaire Acosta Urquidi, Angélica Cuellar y María Olga Noriega Sáenz, y pronto llevarán el asunto a instancias jurídicas con argumentos demoledores: “Una elección como la que la llevó al cargo, sin apego a los indicadores que fueron asumidos voluntariamente por las comisiones unidas responsables del proceso y consumada en el pleno de manera arbitraria, presagia el sometimiento abierto de la CNDH a quienes actualmente detentan el poder político”.

Estas reacciones restarán legitimidad al mandato de Piedra Ibarra y la CNDH perderá credibilidad. Dejará de ser alcahuete del régimen neoliberal para convertirse en lo mismo, pero de la Cuarta Transformación.

Velemos, pues, a la CNDH, la más reciente institución que se va al diablo.

Cinco de los 10 integrantes del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) renunciaron a este cargo tras el nombramiento de Rosario Piedra como titular del organismo.

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