La broma de Trump que no inmutó a AMLO, pero preocupó mucho a EU

Determinación de Presidente de México de remitirla a la ventanilla de Marcelo Ebrard y Olga Sánchez Cordero ha hecho que su homólogo del vecino país del norte se enrede en su propia bola de estambre

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A un gobierno que llegó, como muchos lo describen, alocado, inexperto, impositor, bajo una sola palabra, tampoco hay por qué no darle el beneficio de la duda.
Finalmente, apenas cumple cuatro meses y, brinquemos o pataleemos, protestemos o exijamos compostura, tendremos que aguantar su línea, mínimo, seis años; después, ya Dios (y el pueblo sabio) dirá.
Y aunque a veces parece o se hace el desmemoriado, el desconcentrado, el distraído, el omnipotente, cosa que reencabrona no sólo a sus adversarios “neoliberales”, “conservadores”, “fifís”, sino hasta a los más sanos oponentes del extremismo, a Andrés Manuel López Obrador no todo le sale mal ni todo lo que propone está fuera del redil. Cuestión de adaptarse a la cancha.
Dice por ahí un buen artículo titulado “La sabiduría del silencio” que “hasta los insensatos, cuando callan, parecen sabios”.
Para alguien que busca bulla hasta por debajo de las mesas, el asunto de las caravanas de migrantes, provenientes de Centroamérica, principalmente, y por tierra, y que deben atravesar por fuerza territorio mexicano, cayó como anillo al dedo al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para mantener su imagen en cierto estatus a nivel mundial, pero también para impulsar su campaña política con vistas a reelegirse en 2020.
Desde hace una semana se le ocurrió lanzar a México una de esas amenazas que son más ruido que nueces: “Cerrar la maldita frontera” si el gobierno mexicano no contenía la avanzada de caravanas de migrantes centroamericanos que todavía buscan, del otro lado, el “american way of life”, pero sin preparación alguna.
Por encima de los reclamos de que cuando fue candidato presidencial juró responder, una a una, las injurias de su homólogo del norte “porque México no será piñata de nadie”, en tiempos en que Trump repetía, un día sí y otro también, a Enrique Peña Nieto que construiría el muro en la frontera y que nuestro país lo pagaría, López Obrador prefirió, como decimos acá, la raza, “tirarlo a lucas”.
Uno y otro practican muy bien eso del vodevil político.
Y la verdad es que al Presidente mexicano le ha salido el tiro tras mantenerse firme en su “amor y paz” y su prudencia de no responderle. Eso, dicen algunos, cala. Cuando a un merolico nadie lo voltea a ver suda de coraje.
La determinación de López Obrador de remitir la broma del Presidente estadounidense a la ventanilla de Marcelo Ebrard y Olga Sánchez Cordero ha hecho que Trump se enrede en su propia bola de estambre.
Desde su Secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, hasta el representante del Partido Republicano en México, Larry Rubin, advirtieron a su jefe sobre las consecuencias que acarrearía su mal chiste, más para su propio país que para su vecino del sur.
Desde hace dos días, Trump mantiene un monólogo consigo mismo. Se propone ideas y sólo se desmiente. Dice que cerrará, pero no todo; a medias. Que quizá sólo una parte de la frontera -¿la menos o la más “maldita”?-. Afirma que México ya frena a indocumentados. Que cerraría, pero espera un acuerdo con su Congreso, sabrá Dios para qué.
Y sí, todo está bien. El silencio de López Obrador aplacó o distorsionó el ruido de Trump.
Mi única duda es si el Presidente de México se ha dado cuenta de que su estrategia ante su homólogo estadounidense es la misma, pues no tuvo de otra que adoptarla (¿por sensatez?), que la utilizada por su antecesor “neoliberal”, “conservador” y no sé si “fifí”.
Ya lo habían señalado hace unos días como un “posneoliberal”.
Me canso.

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