La alianza Ricardo Anaya-Ángel Aguirre

Los padres de los 43 normalistas desparecidos lo tildan de asesino, un cargo que no consta en expedientes, pero que existe en la memoria colectiva de los guerrerenses

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¿Cómo puede explicar el impoluto Ricardo Anaya que Ángel Heladio Aguirre sea candidato a diputado por su Coalición?

Desde luego el ex líder nacional del PAN debe estar seguro de la inocencia del ex gobernador de Guerrero en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, de lo contrario no se habría atrevido a llevarlo de comadre.

Nadie, sin pruebas en la mano, puede acusar a Aguirre de asesino de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Hacerlo sería una temeraria irresponsabilidad que el ex gobernador podría combatir en tribunales.

Igual de temerario e irresponsable es el regreso de Aguirre a la política, ahora como candidato a diputado federal por la Coalición por México al Frente, pues se coloca sin necesidad en el ojo del huracán cuando no se por qué negociaciones políticas (o porque es inocente) de lo ocurrido la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, había salido indemne y nadie se acordaba de él.

Los padres de los 43 normalistas desparecidos lo tildan de asesino, un cargo que no consta en expedientes, pero que existe en la memoria colectiva de los guerrerenses.

¿De qué es responsable el ex gobernador en el caso de los desaparecidos en Iguala o de los incinerados en el basurero de Cocula?

De omisión, por supuesto.

A menos que se viva 24 horas al día inconsciente por efectos del alcohol o gozando de la buena vida que ofrece el poder, no se puede gobernar sin tener un mínimo indicio de lo que ocurre en el territorio bajo su custodia, uno de los más violentos del país porque ahí se produce la droga que tanto aprecian en Estados Unidos.

Por más que la autoridad federal, desde Jesús Murillo Karam al actual procurador, no lo haya molestado en lo mínimo, es indudable que en algún momento de lucidez Aguirre tuvo noticia de lo que pasaba en la sierra guerrerense, de la lucha sangrienta entre los “Rojos” y los “Guerreros Unidos”.

No conocemos al día de hoy que hubiera hecho gestión alguna ante la autoridad federal para que, en especial el Ejército que es su misión, destruyera los campos de cultivo de enervantes.

Si la hizo y el gobierno federal hizo como que oía, pero no actúo, entonces debemos ofrecerle disculpa.

Se antoja absurdo que a un político de su experiencia, por más que viviera buena parte del tiempo fuera de la realidad, se le escapara lo que ocurría en la zona de Iguala y Cocula, para mencionar la parte más famosa del territorio guerrerense.

Su relación con el matrimonio Abarca-Pineda que manejaba la región, era más que conocida y celebrada tanto en Iguala como en Chilpancingo y Acapulco. Si de algo son culpables José Luis y María de los Ángeles, como presume la PGR, el gobernador Aguirre debió sospecharlo.

Nada hizo porque no se enteró, porque vivía en otro mundo o por su relación con el matrimonio.

Sin duda Ángel Aguirre se presume inocente de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, y la autoridad judicial federal no tiene pruebas en su contra, de lo contrario no se habría inscrito para ser candidato a diputado federal.

Pero desde donde se le vea, es inconcebible que la coalición que llevará a Ricardo Anaya como candidato a la Presidencia, lo considerara para conseguirle un lugar en la Cámara de Diputados.

Desde donde se le vea, no sobra una explicación pública de Anaya.

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