La afrenta roja que rodea el primer informe de AMLO

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Si no fuera tan trágico sería demasiado cómico, pero la política tiene todos los rostros. Es el arte, aquí no cabe ninguna duda, de la “transformación”. El camaleón es nada.

Lo hemos dicho varias veces; mientras mayor es la afrenta del crimen organizado, mayor es el descaro de las autoridades para encubrir una incapacidad que, hasta ahora (contando los nueve meses del actual Gobierno Federal), ninguna administración, ni panista, priísta o morenista, ha sabido resolver.

Los gobiernos, del nivel que sea, se han vuelto expertos en lavarse las manos.

Este martes, casi a la medianoche, luego de conocerse del despiadado ataque contra un centro nocturno en Coatzacoalcos, Veracruz, que hasta anoche sumaba 28 muertos, la conclusión sigue siendo tan grave como el propio suceso y, quizá, más que eso; las autoridades federales -porque el problema de la violencia en gran parte del territorio nacional está, desde hace tres meses, endosado a la Guardia Nacional- no tienen, para marcar diferencia mínima de los sexenios anteriores, un plan definido y específico, nuevo, novedoso, eficaz, no para desaparecer de la faz de la Tierra a los grupos criminales, sino para convencerlos de bajarle a sus sangrientos actos.

Si quitáramos de en medio la figura de la Guardia Nacional admitiríamos, reconociendo que las autoridades locales son deficientes, que el panorama es tan siniestro como desde hace 12 años.

Tampoco debemos suponer que afuera de cada bar, table dance o en cada esquina, deba permanecer un miembro de la GN a la espera de evitar un hecho delictivo.

Cuando, en el sexenio pasado, se creó la Gendarmería, que quedó en nada, se hablaba de que sería una corporación dedicada a proteger zonas económicas específicas, incluyendo las turísticas.

Nada mejoró.

El alma de la Guardia Nacional es la de proteger a los ciudadanos o, cuando menos, disuadir las acciones del crimen organizado, aunque el Presidente ha hablado mucho de que su meta es abatir los delitos del fuero común, como el asalto a transeúntes, a casas-habitación, el robo de autos y, al parecer, secuestros.

¿Por qué? Porque, afirma, con el crimen organizado ya no hay guerra.

La semana pasada, la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, casi revela el “plan maestro” del Gobierno Federal sobre cómo intenta reducir el saldo rojo en el país.

Pero cuando el gobierno se hizo bolas con que sí dialogaban con grupos del crimen organizado o “autodefensas” prefirieron ahogar el tema. El Presidente López Obrador decidió que ni una ni otra cosa.

Es un reto temerario, pero el Gobierno Federal no tiene muchas opciones; o enfrenta la “guerra” que dice que no hay y gana, o dialoga.

Porque lo de recomponer y recuperar el “tejido social” como tercera vía es la más larga para dar resultados. Se requieren generaciones.

¿Y cómo librar el macro escenario de salvajismo? Una, que muchos la toman, es salirse por la tangente, un camino sencillo.

Echar la culpa al pasado (lo que juró el Presidente no volver a hacer) ¿todavía, después de casi un año de gobierno?

Ayer, que, por cierto, del agraviante tema de Veracruz no se escuchó ni una palabra al Secretario de Seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta (a quien el Presidente tumbó la primera piedra de un parque agroindustrial en La Huacana, Michoacán, prometido a “autodefensas”), dijo que lo de Veracruz es una “herencia maldita” que no se puede resolver en ocho meses.

El Congreso, en Comisión Permanente, encabezado por Martí Batres, pidió guardar un minuto de silencio en memoria de las víctimas.

Entonces vemos que las reacciones ante el demonio de la delincuencia organizada siguen siendo las mismas, pero no los esquemas de solución al problema.

Después de que, el pasado 19 de abril, un comando armado ejecutara a 13 personas durante una fiesta familiar en Minatitlán, Veracruz, el Gobierno Federal, indignado, apresuró la entrada en operación de la Guardia Nacional.

Este martes no fue en Minatitlán, sino en Coatzacoalcos. La afrenta fue más grande. El doble de muertos.

¿Por qué siguen operando los mismos grupos criminales? ¿Por qué no hay resultados? ¿Será que los migrantes centroamericanos distraen a la Guardia Nacional al sur y al norte del país?

Esa es la pregunta, la afrenta roja, que rondará el Primer Informe de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador el próximo domingo.

Esa es la pregunta que se hace el Consejo Coordinador Empresarial y su líder, Carlos Salazar Lomelín, cuando ayer mencionó los “claroscuros” de la actual administración, y que lidera la inseguridad.

Por supuesto, en el informe habrá mención del tema y respuestas. Pero las calles de algunas ciudades del país seguirán mostrando “otros datos”.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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