La advertencia a los “Emisarios del Pasado” en la 4T

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Los “emisarios del pasado” que sirvieron a los gobiernos neoliberales y corruptos que ocupan lugares destacados en la cúpula de la Cuarta Transformación deben andarse con cuidado porque el Presidente López Obrador anunció que así como aceptó la renuncia de Asa Cristina Laurell a la Subsecretaría de Integración y Desarrollo por desacuerdos con su jefe, Jorge Alcocer, hará los cambios que sean necesarios porque “La gente votó por un cambio de verdad y no va a ser más de lo mismo… Esta es una transformación y ahí se van a ir acostumbrando”.

El mensaje en Cuernavaca debió intranquilizar a los ex priistas que dominan la cúpula de la Cuarta Transformación al escuchar a López Obrador referirse a Francisco Gil Díaz, quien después de ser subsecretario de Hacienda con Carlos Salinas, fue secretario con Vicente Fox.

Preguntó: “¿se acuerdan cuando se hablaba del gobierno del cambio?”, y se dio respuesta: “Siguió lo mismo; los mismos servidores públicos. En Hacienda, el que fue secretario de Hacienda en ese gobierno del cambio había estado de subsecretario de Hacienda con Salinas. Para decirlo con más claridad, el secretario de Hacienda de Fox que llega con la bandera del cambio, Gil Díaz, se había desempeñado como subsecretario de Hacienda de Salinas de Gortari. Entonces ya no va a ser así, nada de simulación”.

Después de escucharlo suena a contrasentido que obsesionado porque la Cuarta Transformación se convierta en un ente que permanezca eternamente o perviva al menos el tiempo suficiente para enterrar el pasado en lo que llega una Quinta, López Obrador lo intente copado por eminentes figuras que, si en su oficina del Palacio Nacional despachara Luis Echeverría, no dudaría en llamarles “emisarios” de ese pretérito neoliberal y corrupto que su sucesor quiere destruir.
La lista no es muy larga, pero si representativa y uno de ellos, a menos que se imponga Claudia Sheinbaum, lo sucederá.

A la mayoría de los “emisarios del pasado” los une una condición común: son perdedores, si no de la Presidencia de la República, al menos de la candidatura presidencial en la persona de sus jefes.

MUÑOZ LEDO, GENIO Y PRAGMATICO

El caso más emblemático quizás sea el de Porfirio Muñoz Ledo. Brillante, insuperable desde la niñez y eminentemente destacado en la UNAM, no ha digerido hasta hoy que de su generación llegara a la Presidencia quien consideraba poco menos que mediocre, Miguel de la Madrid.

En la búsqueda por la Presidencia, el genio de Porfirio lo llevó a intuir que el apellido Cárdenas seguía vigente en la generación que recordaba al general Lázaro por el reparto agrario, la expropiación petrolera y hasta la instauración de la educación socialista. Por eso, para iniciar la fractura del PRI ayudó a crear el Frente que pronto mudó a PRD (y con el tiempo se transmutó en Morena) y utilizó al hijo del Tata, como peyorativamente llamaba y llama a Cuauhtémoc.

La historia oficial de Cárdenas y Muñoz Ledo no se apartará un ápice de la premisa de que desertaron porque De la Madrid caminó contra la democratización interna del PRI, cuando cualquier de sus contemporáneos sabe que tuvo como causa principal que el Presidente se negara a enviar a Porfirio como embajador a París y escamoteara a Cuauhtémoc la dirección de la empresa, PEMEX, que creía merecer porque la fundó su padre.

Porfirio intentó llevar a Cuauhtémoc a la Presidencia, pero a partir de la derrota no logró digerir que “El hijo del Tata”, a quien menospreciaba al igual que a De la Madrid por su estatura intelectual menor a la suya, se le atravesara hasta en dos ocasiones en su anhelo de ser candidato presidencial; peor aun, tampoco lo dejó gobernar la capital de la República. Cuando pudo cederle su oficina prefirió a Rosario Robles y luego impulsó a Andrés Manuel López Obrador.

En el 2000 contendió por la Presidencia de la República con las siglas del PARM, el partido fundado por el abuelo de Esteban Moctezuma, el general Juan Barragán, que antes las había prestado a Cuauhtémoc. Pragmático como es, a tiempo se dio cuenta que no calentaba ni el agua y declinó a favor del panista ¡Vicente Fox!, quien en justo pago lo designó representante de México ante la Unión Europea. Después participó en la campaña de López Obrador por la Presidencia y luego aceptó ser comentarista de libros en la Televisión Mexiquense durante cinco años en tiempos de Arturo Montiel.

Hoy, una vez que en su carácter de presidente de la Cámara de Diputados colocó la banda tricolor sobre el pecho de López Obrador y lo proclamó hijo auténtico laico de Dios, además de cruzado, iluminado y místico, es férreo crítico de algunas de sus políticas, como la de convertir a México en policía de Donald Trump en la frontera sur y pretender acumular en su persona facultades del Poder Legislativo. Además, le ha recomendado no hacer campaña política, como lo hace hoy, porque “El Presidente debe actuar como jefe de Estado, ya no como líder político; la premisa debe ser ésta: no debe hacerse campaña electoral porque se polariza el País”. Esto sin contar sus descalificaciones al subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, por su desacertada actuación como zar de la lucha contra el coronavirus.

Entre los emisarios del pasado destaca el director de la Comisión Federal de Electricidad. A Manuel Bartlett lo persiguen con escándalos familiares inmobiliarios en los que la Secretaría de la Función Pública no ha encontrado elementos para actuar en su contra, sin embargo su momento estelar fue su presunta participación en el supuesto fraude electoral que Salinas cometió en agravio de Cuauhtémoc cuando lo acompañaba Porfirio.

Bartlett ha negado su responsabilidad. Conforme a su razonamiento, si el fraude ocurrió, se cometió en la Cámara de Diputados, constituida en Colegio Electoral, cuando la presidía Guillermo Jiménez Morales. El sólo era responsable de la Comisión Federal Electoral.

Manuel fue fuerte aspirante a la candidatura presidencial. De la asesoría de Santiago Roel se acercó a Mario Moya Palencia de la mano de Fernando Elías Calles. En ese grupo conocería a Miguel de la Madrid, de quien luego sería secretario de Gobernación.

Luchó con todo por la candidatura, pero Salinas era imbatible. No funcionó en su contra ni siquiera el madruguete a favor de Sergio García Ramírez horas antes de que Jorge de la Vega Domínguez lo proclamara candidato.

Con el tiempo, Bartlett fue designado secretario de Educación y después de un breve paso por un inexistente programa de desarrollo para Puebla y Tlaxcala, Salinas lo envió a gobernar a los poblanos.

En Educación lo sucedió Ernesto Zedillo que estuvo poco menos de dos años porque Luis Donaldo Colosio le confió la coordinación de su campaña presidencial en noviembre de 1993. Caso curioso fue que su segundo de a bordo, Esteban Moctezuma, permaneciera en Educación y sólo se trasladara al PRI para coordinar su campaña cuando sustituyó a Colosio como candidato.

Mientras esto ocurría en Educación, en la Secretaría de Desarrollo Social pasaron cosas mas extrañas.

EBRARD, MOCTEZUMA Y DURAZO

El destape de Colosio como candidato presidencial ocasionó la renuncia de Manuel Camacho a la jefatura del Departamento de Distrito Federal. Después de un desencuentro en el Presidente Salinas, Manuel aceptó la Secretaría de Relaciones Exteriores; con él se marchó Marcelo Ebrard, secretario General del DDF para fungir de subsecretario de Relaciones. Luego actuarían juntos como mediadores de la paz en Chiapas y fundarían el Partido Centro Democrático; uno perdió la Presidencia ante Fox, y el otro declinó la candidatura a la jefatura del DDF a favor de López Obrador, de quien luego fue jefe de la policía de la Ciudad de México y secretario de Desarrollo Social.

Con el tiempo, ya en el PRD, Marcelo ha sido el único que ha competido con López Obrador por la candidatura presidencial en una encuesta de cinco preguntas, de las cuales perdió en tres.
Mientras Camacho y Ebrard gestionaban la paz en Chiapas, el antiguo secretario particular de Colosio en Sedesol y en la campaña presidencial, Alfonso Durazo, aceptó una chamba en el DDF como secretario de Acción Social, cargo que ocupó en sustitución de Carlos Salomón Cámara que pronto se incorporó a la campaña de Ernesto Zedillo como jefe de prensa.

Ya en el nuevo sexenio, Esteban Moctezuma, a quien Colosio conoció cuando trabajaba en Culiacán con el gobernador Francisco Labastida, debutó como secretario de Gobernación. Su jefe de prensa fue Alfonso Durazo.

Moctezuma poco duró en Gobernación. Zedillo lo mantenía alejado de las grandes maniobras de su gobierno (la persecución militar al subcomandante Marcos inició cuando Esteban arribó a Chiapas en busca de diálogo con el Subcomandante, y la aprehensión de Raúl Salinas, ocurrió apenas el secretario de Gobernación concluyó un desayuno con el ex Presidente Salinas).

Con él estuvo Durazo como jefe de prensa, pero pronto le endosaron la revelación a la prensa extranjera del nombre del ex guerrillero que delató al Ejército mexicano la identidad del jefe de la rebelión zapatista.

Después de una breve estancia en un organismo X, Moctezuma se incorporó a la Secretaría de Desarrollo Social en donde continuaría su carrera como supuesto delfín de Zedillo, mientras Ebrard en la Cámara de Diputados se convertía en verdugo en la ejecución de Emilio Chuayffet como secretario de Gobernación.

Moctezuma, que no daba para candidato presidencial, abandonó Desarrollo Social para, cual caballero blanco, luchar contra la corrupción que, según su dicho, encarnaba el tabasqueño Roberto Madrazo. Fue así como termino siendo coordinador de la campaña de Francisco Labastida y figura principalísima en la histórica derrota del PRI a manos del PAN en el 2000.
Vicente Fox tomó el poder y, con él, Francisco Gil Díaz que fue subsecretario de Hacienda de Pedro Aspe.

Gil Díaz fue tenaz aliado de Vicente Fox contra el sindicato petrolero, pero además fue el principal protagonista en la estrategia para impedir que en 2006 Arturo Montiel fuera el candidato del PRI.

También se distinguió por intentar acallar a la revista Proceso mediante una despiadada campaña judicial en contra de familiares de don Julio Scherer García.

Pero con Fox llegó un priista más: Alfonso Durazo fue su secretario particular y vocero hasta que decidió renunciar denunciando las aspiraciones presidenciales de Martha Sahagún con una carta de 19 cuartillas.

HOY, ALGUNOS PRESIDENCIABLES

Hoy, en la cúpula del poder de la Cuarta Transformación figuran en plan estelar los emisarios del pasado: Ebrard es secretario de Relaciones Exteriores; Moctezuma de Educación y Durazo de Seguridad Pública; Manuel Bartlett es director de la Comisión Federal de Electricidad. Muñoz Ledo sólo es diputado.

Hay uno más. Ricardo Monreal era el diputado más entusiasta en animar a las galerías de San Lázaro cuando la proclamación de Salinas como Presidente electo. Ya con Zedillo quiso ser gobernador de Zacatecas, pero con el sanbenito del narcotráfico lo empujaron a marcharse al PRD y ahora está en busca de la candidatura presidencial desde la coordinación de los senadores de Morena.

Del grupo de ex priistas que dominan la Cuarta Transformación quizás solo tres estarán en condiciones de competir por la candidatura presidencial de 2024, si antes no caen víctimas de las tribus de Morena, de su proclividad a asestarse puñadas traperas entre ellos, como lo hacían cuando eran tricolores, o su jefe, el ex priista López Obrador descubre que no representan ni garantizan el cambio, al menos el que imagina en sueños.

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