Jugando con las pistolas

Preocupante que mayor parte de nuestros asuntos políticos tenga que ver con expedientes del orden penal

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En tiempos de la Guerra Fría se hablaba de un ‘gatillo nuclear’, refiriéndose a lo que se desencadenaría por un ataque atómico y las consecuentes reacciones que produciría de manera inmediata

En aquellos tiempos de la Guerra Fría se hablaba de un “gatillo nuclear”, refiriéndose a lo que se desencadenaría por un ataque atómico y las consecuentes reacciones que produciría, de manera inmediata, en cada uno de los agredidos, hasta crear un holocausto de naturaleza global catastrófica y, desde luego, terminal.

Habían proliferado los arsenales soviético y norteamericano, los cuales ponían en peligro no sólo a sus respectivas naciones, sino al orbe por completo.

Ello se parece, un poco, a algo que hoy está en la mente de muchos mexicanos con los conatos de acusación penal que, han dicho algunos, apuntan hacia partidos y candidatos con fines de destrucción electoral. Aclaro que hasta el momento no se han dado. La PGR ha procedido contra políticos de muy diversos partidos, principalmente del PRI.

Sin embargo, digo que se parece a aquella época de amenaza nuclear porque, hoy, todas las fuerzas políticas partidistas tienen en sus arsenales políticos las posibilidades del ejercicio penal. Los grandes partidos tienen muchos procuradores de justicia, jueces, magistrados y carceleros. Bastaría que empezarán a utilizar su arsenal judicial para que hubiera una respuesta correspondiente y, por lo tanto, generalizada.

Por ejemplo, el partido tricolor podría atacar a sus oponentes con su fuerza federal. Narcotráfico, contrabando, lavado de dinero, peculado federal y muchos otros “misiles” que, incluso, podrían terminar en un “usted disculpe” cuando ya el daño estuviere hecho y no tuviere remedio alguno. Muchos lo han bautizado como el “método Zamora” o “la zamorina”, en recuerdo de aquel candidato jalisciense al que destruyeron electoralmente a partir de atacarlo judicialmente.

No obstante, los otros partidos también tienen sus arsenales. El partido amarillo detenta la justicia capitalina, donde podrían acusar a azules y tricolores de fraudes, acosos sexuales y hasta de temas tan graves como secuestro, extorsión y parecidos, por lo menos, en grado de encubrimiento.

Y los tricolores, a su vez, cuentan con la justicia mexiquense, entre otras muchas, para hacer lo propio con azules y amarillos. Esto nos alerta y nos asusta al ver que podríamos estar en las vísperas de una conflagración judicial colectiva donde, como en lo nuclear, no sólo sufrirían los interesados, sino la vida política nacional en su conjunto.

Es por eso preocupante que, hoy en día, la mayor parte de nuestros asuntos políticos tenga que ver con expedientes del orden penal. Hemos sustituido, quizá por falta de oficio, las prácticas de la política por las prácticas de la penalidad. Hemos querido resolver, con la ley penal, lo que no podemos resolver con el manual de la política.

Hemos dejado de practicar el acuerdo, la concesión, la transacción, la concertación, la negociación, el cabildeo, el convencimiento, el discurso, el proselitismo, la alianza, la cohabitación, el cogobierno y muchas otras prácticas de la alta política, a las que hemos sustituido por la denuncia, por la investigación, por la consignación, por el arraigo, por la orden de aprehensión, por el auto de formal prisión, por el encarcelamiento y por la persecución del orden político.

Hemos convertido a nuestra vida nacional en una sala de jurados para resolver la vida de todos los mexicanos en una reja de prácticas. Esto podrá ser entretenido para algunos, y hasta ventajoso para otros, pero, al final de cuentas, resulta peligroso para todos.

Buena temporada sería para nuestros bufetes jurídicos. Los 22 despachos de penalistas más importantes del país no nos daríamos abasto para atender a tanto candidato, ex funcionario o simple aspirante que anduviera “a salto de mata”, perseguido no por orden de aprehensión, sino por orden superior.  Que “Dios los agarre confesados” a todos si los altos jefes se deciden a jalar el gatillo judicial y a despertar el fuego cruzado de la justicia penal.

De lo contrario, como dicen en mi pueblo, o disparan o dejan de jugar con las pistolitas.

 

 

Abogado y político.

[email protected]

twitter: @jeromeroapis

 

 

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