Juan Sabines Guerrero, las traiciones a Andrés Manuel y Pablo Salazar

Con actas de nacimiento de la CDMX, Estado de México y Chiapas asaltó la gubernatura del estado

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Juan Sabines Guerrero fue “gobernador” del estado de Chiapas entre 2006 y 2012.  Toda su vida estuvo marcada por la farsa, el engaño y la simulación.  Su nacimiento, su ascendencia y sus “triunfos” políticos siempre estuvieron bajo la sospecha de la mentira y de la ilegalidad.

El lugar de origen y la paternidad del pequeño Juan son un misterio que hasta hoy se desconoce.  Nacido, aparentemente, el 20 de agosto de 1968, originalmente fue registrado en la Ciudad de México sin el reconocimeinto de quien se decía su progenitor: Juan Sabines Gutiérrez, gobernador de Chiapas entre noviembre de 1979 y diciembre de 1982.


Don Juan se negaba a reconocer a Juanito bajo el pretexto -o el argumento- de que no era su hijo.  Entonces intervino la señora Patricia Clark, esposa del gobernador de Chihuahua Óscar Flores Sánchez (1968-1974), para que Sabines Gutiérrez, en contra de su voluntad, reconociera a Sabines Guerrero.

Político en ascenso, don Juan Sabines no pudo negarse a petición tan poderosa, sólo que puso como condición que él –Juan Sabines Gutiérrez- escogería el lugar de nacimiento de su próximo vástago.  Sería así la voluntad cuasi paternal, y no la naturaleza, la que decidiría cómo, cuándo y dónde nacería el futuro “prócer de Chiapas”: Juan Sabines Guerrero.

Se eligió, así, un pueblito perdido entre los 125 municipios del Estado de México: Tepetlaoxtoc.  Allí aparecen, fraudulentamente, un acta de nacimiento y reconocimiento a favor del menor Juan Sabines Guerrero.  Aparecen como padres Juan Sabines Gutiérrez y María de los Ángeles Guerrero.  La farsa resultó inevitable y evidente.  Ni don Juan ni la señora Guerrero habían habitado jamás en Tepetlaoxtoc, pero todavía más.

La señora María de los Ángeles tuvo la osadía de conducirse como consorte de Juan Sabines Gutiérrez al estampar su firma como María de los Ángeles “de Sabines.”  No hay tal.  Muchos años atrás, don Juan se había desposado con la señora Natalia Venegas.  Ella sí de Sabines y madre de Carlos y Josefina Sabines Venegas.

El artilugio para hacer aparecer como chiapaneco a Juanito Sabines continuó.  Esta vez se le inventó un acta de nacimiento en el municipio de Pijijiapan, en la costa del estado de Chiapas.  Y, todavía más, en entrevista con el periodista Víctor Carrillo Caloca, en su periódico “Tinta Fresca”, Juan Sabines Guerrero se presenta como oriundo de la capital, Tuxtla Gutiérrez.

Así, con esa cuádruple nacionalidad y una paternidad nunca aclarada, Juan Sabines Guerrero compareció ante el electorado para ser diputado local por el distrito de Tuxtla Gutiérrez, presidente municipal de la misma ciudad y, con el apoyo del gobernador Pablo Salazar, ganar la gubernatura del estado de Chiapas mediante un escandaloso fraude electoral.

Lo peor para el hoy cónsul en Orlando, Florida, es que su biografía personal y política ha estado impregnada del tufo de la traición y la corrupción.  Allá por el año 1999 padeció una severa crisis de personalidad que derivó en graves problemas de alcoholismo y drogadicción.

Su madre, María de los Ángeles (no de Sabines), pidió al entonces presidente del PRI en Chiapas, José Antonio Aguilar Bodegas, y al profesor Manuel de la Torre que lo arroparan para llevarlo al estado de Chiapas.  Así fue como en la total inopia llegó Juan Sabines a la casa del profesor De la Torre con su esposa y sus tres hijos, donde encontraron comida y alojamiento.

Cuando se acercaba la fecha para nominar candidato a la gubernatura en el 2006, Pablo Salazar insistía a Mariano Palacios Alcocer, presidente del PRI nacional, para que Juanito Sabines fuera el candidato.  Sabines se desvivía en elogios hacia el candidato presidencial Roberto Madrazo.  Entre otros epítetos, le atribuía cualidades de líder único, próximo Presidente de México y prohombre de la nación.

Como Pablo Salazar no pudo hacerlo candidato del PRI, recurrió a Andrés Manuel López Obrador para pedirle que el candidato del PRD fuera Juan Sabines. Bajo ese nuevo signo ideológico, Sabines Guerrero cambió de amo.  Ahora, López Obrador era el candidato del pueblo y futuro Presidente de México.  Diría el vicioso de Juan Sabines: “He aceptado la nominación del PRD por mi coincidencia (sic) de ideas con Andrés Manuel López Obrador”.

Juan Sabines es una mala versión, y pésima caricatura, de la farsa y la mentira.  Si infancia es destino, el mayor ladrón en la historia de Chiapas no puede tener ideas propias, así como tampoco guardar fidelidad  quien no sabe dónde nació y desconoce quién es su papá.

La traición lo identifica como parte de su deformada personalidad.  En el 2006, después de que su par en aficiones etílicas, Felipe Calderón Hinojosa, usurpó la voluntad popular para asaltar la Presidencia de la República y despojar de un legítimo triunfo a López Obrador, Juan Sabines se entregó en reversa a todas las barbaridades que se le ocurrían a Calderón Hinojosa.  No sólo se las aplaudía, sino que participaba de ellas.  Y como escenario la casa de gobierno de El Mirador.

Gracias a López Obrador, Juan Sabines fue gobernador de Chiapas, pero por segunda vez lo traicionó.  Con todo y su “coincidencia de pensamiento” con Andrés Manuel y su nuevo perredismo, despilfarró recursos del erario chiapaneco para apoyar la candidatura de Peña Nieto.  El gran evento en el estadio Víctor Manuel Reyna para apoyar el proyecto PRI-Verde y el resultado de la elección del 2012 evidencian que Juan Sabines Guerrero operó en contra de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

Las traiciones de Juan Sabines se multiplicaron.  En sus discursos vociferaba que tenía dos padres, uno biológico y otro político.  El primero era Juan Sabines Gutiérrez, aunque este siempre haya negado esa paternidad.  Y el otro era Pablo Salazar.

Bajo esa confesión, entonces, Sabines Guerrero se convirtió en  doble parricida.  En complicidad con ese otro bandido Seth Yassir Vázquez Herrera (no Hernández), cuando fungió como presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, Juanito Sabines destruyó toda la obra urbana municipal que había legado su “padre” Sabines Gutiérrez a la ciudad capital.

Con esa acción, Juan Sabines Guerrero le cobraba a Juan Sabines Gutiérrez la afrenta de jamás haber vivido juntos y menos haberlo reconocido realmente como hijo, sino sólo haber aceptado jurídicamente la paternidad que siempre negó.

El otro parricidio de Juan Sabines fue cuando encarceló a Pablo Salazar, el gobernador que lo hizo diputado local, presidente municipal y gobernador de Chiapas.  Sólo que, cobarde como es, Sabines Guerrero se arrepintió pronto de su decisión, auspiciada desde los efectos de la droga y el alcohol.

Envió a un mensajero para proponerle a Pablo su libertad a cambio de no iniciarle ningún procedimiento judicial después del 2012.  Como Pablo no aceptó, Juan Sabines recurrió a la interlocución de Pedro Joaquín Coldwell.  El relato ha de ser verídico puesto que ni Pedro Joaquín ni Sabines desmintieron la versión pablista hecha pública ante diferentes medios.

Para tragedia de los chiapanecos, el sabinato fue un festín de corrupción e impunidad en el que la señora María de los Ángeles (no de Sabines) fue actor destacado.  Ampliaremos…

 

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