Juan Guaidó protesta como presidente de Venezuela

Nicolás Maduro, condena internacional, y México lo reconoce

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El pasado 23 de enero, el diputado Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, protestó como presidente interino de la república. La fecha tiene significado y lleva dedicatoria para el usurpador Nicolás Maduro Moros. Ese día se cumplieron 61 años de que el otro dictador Marcos Pérez Jiménez fue depuesto del cargo cuando pretendió perpetuarse en el poder.

Nicolás Maduro le copió muy bien el libreto del despojo constitucional a Pérez Jiménez. Nombrado por la Asamblea Nacional Constituyente como presidente de la república para el periodo 1953-1957, terminó en el exilio, extraditado posteriormente y encarcelado durante cinco años bajo los cargos de peculado y malversación de fondos públicos.


Nicolás Maduro también creó, ex profeso, su propia Asamblea Nacional Constituyente para validar su segundo espurio mandato inconstitucional bajo el ominoso signo de un escandaloso fraude electoral y la complicidad abierta del Consejo Nacional Electoral.

Al igual que su homólogo dictador Pérez Jiménez, Maduro tiene el repudio abierto del pueblo venezolano y su permanencia la sostiene, únicamente, en la represión y la amenaza permanente de las bayonetas.  Para intimidar a la población ha puesto al frente la más ofensiva y nefanda forma de gobernar: La intimidación.

El general Vladimiro Padrino López, secretario de la defensa nacional, amenazó a los venezolanos al decir que las fuerzas armadas apoyan, incondicionalmente, a Maduro. Y, en el exceso, soltó una frase memorable: “Con Maduro hasta la muerte”. Tiene razón Vladimiro.  La premonición llegará y, más tarde o más temprano, el tiempo y la historia les cobrará a Padrino y a su presidente la osadía de gobernar al margen de la voluntad nacional.

En el ejército venezolano también hay severos brotes de inconformidad entre oficiales y tropa, acallados con el encarcelamiento y la tortura a más de 4 mil elementos como medio de disuasión. Sólo que la élite castrense no es la que tiene el control absoluto de las fuerzas armadas. El grupo de oficiales en mandos medios, así como los mayores y coroneles, son los jefes directos de la base militar y los que conviven, cotidianamente, en los acuartelamientos del territorio venezolano.

Sólo falta un coronel victorioso o un general de menor jerarquía ajeno a la élite militar que unifiquen los profundos conflictos hacia el interior de las fuerzas armadas para darle la puntilla al dictador Maduro ahora que se percibe que el ejército se encuentra en proceso de  disolución.

A diferencia de las manifestaciones anteriores en contra de Maduro se observa que sectores populares que no habían participado hoy se suman  bajo el grito, permanente, de fuera el dictador.  La frase para pedir la salida del tirano se ha popularizado en extremo: “No quiero bono, no quiero CLAP (Comité Local de Abastecimiento Popular); lo que quiero es que se vaya Nicolás”.

Fuera de la realidad, Maduro contraataca por instinto, sitiado y acorralado dentro del Palacio de Miraflores, y con el cuento de que velará por el respeto a la democracia y en favor del pueblo cuando sólo se sostiene con las armas e invoca a la patria militar como protectora de la nación.

Esa democracia y esa patria militar que ha perseguido, encarcelado, torturado y masacrado a los gobernados. El último triunfo de Maduro en favor del pueblo son 18 asesinatos que se suman a los 127 de la protesta anterior, y los 175 detenidos por oponerse a la prolongación de una dictadura hasta el 2025.

No puede tener patria un pueblo sitiado por el narcotráfico, la guerrilla y el terrorismo.  No puede tener patria un pueblo carente de empleo, comida, medicinas ni posibilidades de asistir a una escuela.  No puede tener patria quien padece una inflación anual de un millón 300 mil por ciento y obliga a emigrar a 2 millones de venezolanos hacia Brasil y Colombia.

La condena es unánime al interior y al exterior.  El gobierno de Estados Unidos reconoce a Juan Guaidó, desconoce a Maduro y da por terminadas las relaciones diplomáticas con Venezuela, pero  decide dejar a su personal en la embajada norteamericana para mantener relaciones diplomáticas con la presidencia interina de Juan Guaidó.

Los presidentes, vecinos, de Brasil y Colombia desconocen también a Maduro y reconocen a Juan Guaidó, lo mismo que los otros 10 países del Grupo de Lima.  Juan Sebastián Piñera, de Chile, Mauricio Macri, de Argentina, Lenin Morales, de Ecuador, y Mario Abdo, de Paraguay, entre otros. Incluso, Luis Almagro, secretario general de la OEA, ha censurado a Maduro al manifestar que un pueblo que no se doblega; triunfa.

Nicolás Maduro se defiende con su misma retórica primitiva y desgastada de que el capitalismo y el imperio pretenden un golpe de Estado en Venezuela cuando el golpe de Estado lo ha dado él mismo en las dos lecciones fraudulentas con las cuales ha asaltado la presidencia de Venezuela. Ahí se encuentra el descontento y el desastre nacional, y no en los gobiernos censores que lo desconocen.

En un ambiente similar al de la Guerra Fría, entre Estados Unidos,  a partir de 1945, y hasta la desaparición de la Unión Soviética, en 1985, el conflicto venezolano ha escalado enfrentamientos entre las dos grandes potencias cuando  Vladimir Putin ha manifestado su apoyo incondicional a la dictadura madurista.

Los apoyos a la dictadura venezolana, necesariamente, vienen de dictadores como  pretende ser Nicolás Maduro.  Putin lleva cuatro periodos consecutivos como gobernante de Rusia desde el 2000.  Miguel Díaz-Canel, heredero de los asesinos de cientos de cubanos, Fidel y Raúl Castro, representa la dictadura más prolongada del mundo, de 60 años, desde el 1 de enero de 1959.

China, que no tiene elecciones para elegir a sus gobernantes, ha determinado, en la Asamblea Nacional, elegir, por segunda ocasión, a Xi Jinping y eliminar la restricción limitada a dos mandatos. Evo Morales, el indígena cocalero, presidente de Bolivia, va por su cuarto periodo presidencial al obtener del órgano electoral el pase que le impedía una cuarta candidatura.

Lamentablemente, México se sumó a esa cadena de dictaduras que apoyan a Nicolás Maduro con el desgastado argumento de la ya superada y pasada de moda Doctrina Estrada.  En ese contexto, la inconsistencia política del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es manifiesta.

El 20 de noviembre de 2006, en el Zócalo del entonces Distrito Federal, se proclamó Presidente Legítimo de México para protestar en contra del fraude electoral que llevó a Felipe Calderón a la Presidencia de la República.  En aquella ocasión, López Obrador se impuso la banda presidencial con el escudo nacional utilizado durante el gobierno de Benito Juárez.

Así, el paralelismo entre AMLO y Juan Guaidó es manifiesto.  Al igual que López Obrador, Guaidó protestó como presidente legítimo de Venezuela en un interinato de transición para convocar a nuevas elecciones presidenciales.  Sólo que lo denunciado ayer por Andrés Manuel hoy lo desconoce para avalar el gobierno espurio de Nicolás Maduro.

Desde luego, hay una salida para modificar la posición de México: Utilizar las tan recurrentes consultas populares para que México opine si se mantiene o se rompen relaciones diplomáticas con Venezuela.  Ampliaremos…

 

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