Josefa y la pulcritud de la 4T

Mezquino no reconocer cualidad; para aplaudir renuncia-cese de hija de ex gobernador, y ex secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido

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Sería mezquino no reconocer la pulcritud con que se conduce la Cuarta Transformación.

Josefa González-Blanco Ortiz Mena (¡vaya colección de apellidos compuestos de la etapa neoliberal del país!) se percata de haber cometido pecado capital contra la prédica cotidiana del Presidente contra el influyentismo al detener por 38 minutos un avión para poder abordarlo y realizar una gira por Sonora, y decide renunciar como secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales.

La ex secretaria explica que se le hizo fácil llamar a un amigo, alto funcionario de Aeroméxico, y, como ocurría en el pasado, pedir un favor, sin importar que la demora afectase al resto de pasajeros.

Acto seguido, el Presidente anuncia la renuncia-cese de la hija del ex gobernador, y ex secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido arguyendo que “nosotros (la 4T) tenemos que actuar con rectitud; no podemos ser tolerantes en actos de prepotencia; cero corrupción; cero influyentismo; cero nepotismo, ninguna de esas lacras de la política”.

Ejemplar. Para aplaudir y pedir al cardenal arzobispo Carlos Aguiar Retes el repique, sin cesar, de las campanas de Catedral anunciando que la 4T va en serio.

Sí, gritemos ¡aleluya! A condición que la verdadera historia sea que Josefa se fue por influyente, por pensar que vivía aún en la época de su papá, Patrocinio, y su abuelo, Salomón González, ambos ex gobernadores y funcionarios respetados y queridos, pero también temidos.

Sin embargo, hay dos versiones más que no merecen aplauso ni el repiqueteo de las campanas.

En el colmo de la exageración digamos que González-Blanco Ortiz Salinas ideó su cese: En efecto, pidió a su amigo de Aeroméxico que el avión la esperara y promovió el informe del piloto a los pasajeros en el sentido de que el retraso era por “orden presidencial”, a fin de convertirse en carne de cañón en las redes sociales, como ocurrió.

Y todo esto sólo para forzar su renuncia por “influyentismo” a un puesto que ya no quería, dado que sus opiniones no merecían respeto a sus superiores, en especial en temas delicados, como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas, en donde el impacto ambiental se lo han pasado por el arco del triunfo.

Se antoja muy elaborada esta versión porque si Josefa estaba a disgusto pudo seguir el ejemplo de Germán Martínez acudiendo a una explicación larga o corta de sus motivos, o aduciendo, como se acostumbraba en la época neoliberal, “motivos personales”, pero en un muy plausible acto de sacrificio prefirió ser exhibida de indigna de la 4T y dar oportunidad a López Obrador de poner en práctica sus prédicas y enviar un aviso a sus cercanos y seguidores.

La otra versión dice que, en realidad, el pecado de González-Blanco Ortiz Mena sirvió para sondear con la posibilidad de incorporar al equipo presidencial a Manuel Velasco Coello (¡vaya desperdicio de apellidos!).

Si fue así, el experimento resultó porque el repudio fue generalizado.

Ahora, el Presidente López Obrador sabe que lo mejor es no echar mano de tan popular personaje, y Manuelito quizás opte por ingresar al Senado de la República por tercera ocasión.

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