Javier Duarte pone a prueba a Osorio Chong

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Javier Duarte juega con fuego.

No se conforma con haber encarecido el Pacto por México y colocar en entredicho a la entonces secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, por el uso de programas asistenciales del gobierno federal para ganar elecciones; no le pareció suficiente entregar al PAN el granero electoral que es el Estado de Veracruz, sino que ahora pretende evitar la toma de posesión de su sucesor metiéndolo a la cárcel antes del primer día de diciembre próximo.

La intención es obvia: Impedir que Yunes tome posesión para que no lo persiga, como él lo persigue ahora.

Hubo quienes albergaron esperanza de que, para el próximo jueves, Duarte ya hubiese solicitado licencia para ahorrar al Presidente Peña Nieto la pena de saludarlo, abrazarlo y retratarse con él cuando aterrice en Veracruz para asistir a una ceremonia en la Escuela Militar Antón Lizardo, pero resulta que, con la velocidad que trabaja su aparato de justicia cuando a él interesa, quizás lo reciba con la novedad de que ya tiene una orden de aprehensión contra el gobernador electo, Miguel Ángel Yunes.

Parece improbable, pero en Veracruz todo pasa o puede pasar; por lo pronto, la Fiscalía del Estado citó a comparecer mañana a Yunes, a fin de que responda a las denuncias que el propio Duarte ha enderezado en su contra por enriquecimiento ilícito.

Quizás por la temporada de vacaciones, el gobierno federal no parece enterarse de las andanzas del gobernador veracruzano, pero ya es tiempo de que Miguel Osorio Chong lo agarre de la oreja y lo ponga quieto, de lo contrario, el pagano será el Presidente Peña Nieto, que no necesita ni merece un conflicto con el PAN sólo porque Duarte no quiere parar en la cárcel y porque parece que no hay poder político que pueda ponerlo quieto.

Es probable que Yunes sea el prototipo de político mexicano corrupto, pero sorprende que la Fiscalía veracruzana lo llame a declarar a 5 días de que el gobernador lo denunciara por enriquecimiento ilícito, mientras ignora las que contra el gobernador presentó el propio Yunes 5 meses atrás.

Si la intención de Duarte es evitar la toma de posesión de su enemigo personal para evitar que actué, judicialmente, en su contra, debió ganarle en las urnas, utilizando, incluso, las 200 mil boletas con que su gente planeaba anular las elecciones, pero con la burda maniobra, de último momento, que involucra a la Fiscalía local sólo sentó las bases de un escándalo político que dañará al gobierno federal, el único que puede calmar su paranoia.

Es inimaginable que Duarte consultara su estrategia anti Yunes, de último momento, en Gobernación  y que Osorio Chong o Luis Miranda la aprobaran o alentaran; es evidente que se fue por la libre y ahora, ya con su sucesor declarando el martes ante el Ministerio Público de Veracruz, el siguiente paso será pedir a un juez amigo la orden de aprehensión, que, como se sabe, en México se reparten con gratuidad.

Si este escenario subrrealista llega a presentarse, el escándalo será monumental: El PAN de pie en armas porque el día 1 de diciembre, el Congreso local tendrá que resolver el conflicto que se le presentará al no acudir  el gobernador electo a tomar posesión por estar en la cárcel, sometido a proceso.

Dirán que exagero, pero si Duarte llegó a este extremo es porque no juega en el equipo de Peña Nieto y se manda solo, o porque no hay  en el gobierno federal a quien le importen las consecuencias de maniobras tan burdas como las del gobernador veracruzano.

Se entiende la paranoia de Duarte porque no se equivoca al sospechar que Yunes no parará hasta meterlo a la cárcel, pero en todo esto debió pensar cuando hizo todo lo posible por perder las elecciones.

Por lo pronto, es al secretario de Gobernación a quien Duarte y Yunes están poniendo a prueba. Urge el manotazo de Osorio Chong, a menos que la estrategia sea esperar a  que el Presidente regrese de vacaciones y  resuelva el problema.

 

 

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