Informe palaciego

Por primera vez en la historia, el jefe del Ejecutivo federal dará cuenta a sus gobernados desde Palacio Nacional, y no desde la Cámara de Diputados

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se convertirá en el primer presidente que rinda cuentas a la ciudadanía desde Palacio Nacional; AMLO rendirá su Primer Informe de Gobierno este domingo 1 de septiembre. Por primera vez en la historia, el jefe del Ejecutivo federal dará cuenta a sus gobernados desde Palacio Nacional, y no desde la Cámara de Diputados. Se espera que López Obrador llegue a Palacio Nacional por la mañana y que en punto de las 11:00 horas comience su mensaje a la nación. El mandatario expresó que sólo será una breve ceremonia, en la cual estarán presentes legisladores, gobernadores y representantes del Poder Judicial, así como algunos representantes de diferentes sectores, como el industrial y el académico. Es seguro que políticos y legisladores de Morena, así como de los partidos del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES), acudan al Primer Informe de AMLO, sin embargo, la expectativa gira en torno de los opositores que hagan acto de presencia. Posterior al mensaje del presidente López Obrador en Palacio Nacional, el Primer Informe de Gobierno será entregado, por escrito, a la Cámara de Diputados por la tarde. Será en punto de las 17:00 horas de este domingo cuando la titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), Olga Sánchez Cordero, lleve el documento a los legisladores federales. Se prevé que el documento destaque las políticas públicas implementadas desde el 1 de diciembre de 2018, entre ellas el acuerdo migratorio, programas sociales, como Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida, y el plan de austeridad republicana, por mencionar algunas.

Previo a su Primer Informe de Gobierno como presidente de México, López Obrador lanzó una serie de spots de 30 segundos en los que resalta los avances de su administración. En uno se resume el aspecto económico. “Estoy orgulloso de poder llevar a la práctica la premisa de que no debe de haber gobierno rico con pueblo pobre”, dice el mensaje del informe al Congreso en materia de austeridad. En otro spot dice “imaginen que en menos de nueve meses hemos estado sembrando 520 mil hectáreas de árboles frutales y maderables. Se da empleo permanente a 230 mil trabajadores rurales; se reforesta, se produce, se cuida la naturaleza, en fin, se siembra vida”. En uno más expresa que “en materia de seguridad heredamos un México muy descompuesto y maleado. Estamos atendiendo las causas, de fondo, que originaron el problema y trabajando todos los días para conseguir la paz.” Y también “ya es universal la pensión para los adultos mayores del país, es decir, es un derecho de todos”, y “el programa de becas a estudiantes no tiene precedente y es símbolo de justicia. Nunca más se le dará la espalda a los jóvenes”.

Sobre el primer informe vale la pena resaltar algunos párrafos de la lúcida y atinada, pero quizá demasiado severa, opinión vertida por Edna Jaime en su espacio de El Financiero: “López Obrador llega a su Primer Informe de Gobierno, acto todavía cargado con buena parte de la fuerza simbólica del presidencialismo de toda la vida, con una colección nutrida de varias peleas reales y otros tantos rounds de sombra. Por ejemplo, podría yo gastarme todo el espacio de esta y varias columnas haciendo el recuento de las descalificaciones del Presidente hacia distintos organismos que están para limitarlo, para pedirle cuentas, evaluarlo y fijar cuáles son sus ámbitos de competencia y cuáles son transgresiones a sus atribuciones legales. El Presidente los desestima porque los considera poco útiles, onerosos, burocráticos acaso, y porque en su concepción del poder, cuando este recae en las manos correctas, no necesita quien lo mire, lo vigile y lo controle. Él es el Estado. Me temo que para un ‘público’ acostumbrado a décadas de relato presidencialista, los argumentos de López Obrador son sólidos. Y peor: Me temo que no contamos con suficientes municiones para rebatirlos. Con todo lo que los ciudadanos nos hemos esforzado en las últimas décadas para acotar el poder hemos fallado. Un recuento breve de hechos lo prueba. El país se encuentra abatido por una crisis de violencia que en algunos casos se ejerce por los propios elementos del Estado mexicano. Ahí no hay control del poder. Tampoco hay control del poder cuando el Ejecutivo puede ejercer el presupuesto a través de mecanismos discrecionales, con una lógica política que no frenan las instituciones creadas para ello. Fracasamos en controlar al poder cuando un gobernador se apropia de áreas naturales protegidas, cuando aplica agua en lugar de quimioterapias a niños enfermos de cáncer o cuando prosperan esquemas de triangulación de recursos y compras simuladas para desviar recursos, usando, para ello, convenios con universidades públicas. Fallamos en controlar al poder cuando se usan los instrumentos de la justicia para perseguir a un enemigo político o inculpar a un rival en lo electoral. Tiene razón el Presidente cuando se pregunta para qué sirve tanta institución si no cumple con su mandato: Controlar el poder y su abuso. En el transcurrir de estos primeros meses de gobierno, el Presidente las señala, las debilita, pero no las transforma. Vaya infortunio. El Presidente que podría tener el mandato para transformarlas profundamente se confunde al sugerir que el Estado es él”.

Por fortuna, del lado positivo del primer informe palaciego podemos apuntar las señales que viene dando el presidente en el sentido de que aparentemente ha recapacitado en su absoluto rechazo a la participación de empresas extranjeras en el desarrollo de los recursos petrolíferos de nuestro país, cuyas capacidades tecnológicas y financieras necesitamos aprovechar. El presidente López Obrador se reunió con Claudio Descalzi, director de la multinacional italiana de hidrocarburos ENI, para reconocer su labor como la primera empresa en producir petróleo luego de 4 años de trabajo en México. López Obrador presumió el hecho, a través de sus redes sociales, con una fotografía saludando a Descalzi mientras muestra el “aceite que están extrayendo en Tabasco”. “La empresa italiana ENI es la primera en producir petróleo luego de 4 años de aprobada la reforma energética. El director general, Claudio Descalzi, me trajo una muestra del aceite que están extrayendo en Tabasco. Le agradecí por cumplir con su responsabilidad y confiar en México”, dijo el Presidente de la República. El anuncio contrasta con las opiniones que había expresado, todavía desde la oposición, cuando el entonces presidente Enrique Peña Nieto propuso e instauró la medida estructural. “Un gran fracaso y una gran mentira”; así definía el ahora mandatario tabasqueño las modificaciones constitucionales que permitieron al gobierno federal establecer contratos con la inversión privada para la exploración y extracción de petróleo. Todavía el pasado mes de enero, el titular del Ejecutivo se manifestó, de nuevo, contra la reforma, toda vez que pidió una disculpa pública de los que la apoyaron: “Los que apoyaron la reforma energética están calladitos; estoy esperando todavía que ofrezcan una disculpa; no nos han ofrecido una disculpa pública; no dicen nada y cometieron un grave error”.

Ahora, el presidente parece cambiar su enfoque y da la bienvenida a ENI. Es un movimiento acertado y oportuno. Lo es porque el presidente López Obrador trae, en el lenguaje de los tahúres adeptos al póker, un as bajo la manga. Es un as petrolero y está en Tabasco, su tierra natal y su base política de origen. Hace cerca de dos años, Petróleos Mexicanos (Pemex) hizo un anuncio muy importante para la económica de México; según Carlos Treviño, entonces director de la empresa subsidiaria Pemex Exploración y Producción Primaria, se descubrieron al menos siete pozos petroleros en aguas del Golfo de México. En los campos Manik 101-A y Mulahc-1, muy cerca de las costas de Tabasco, se encuentran los yacimientos, cuya reserva es de, aproximadamente, 180 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Por un lado, Manik podría aumentar las producciones petroleras en un estimado de 10 mil y 15 mil barriles por días, mientras que Mulach podría aportar entre 20 mil y 30 mil. De lograrse los picos planteados por el director de PEP, de 210 mil barriles diarios, tales campos aportarían casi un tercio a las metas establecidas por el gobierno de López Obrador de aumentar en casi 700 mil barriles la producción actual de la petrolera para el final de sexenio. De ser así, el tono moderado y austero que quizá tendrá hoy el primer informe palaciego se torne, para el sexto de la serie, en uno de júbilo y celebración por los logros alcanzados y las promesas cumplidas. Por el bien de México, el de hoy y el que verán mis hijos y nietas, hago votos porque así sea.

 

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