Ideal la tregua de AMLO, pero imposible

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Hace bien el Presidente López Obrador en pedir a los conservadores una tregua de un mes, pero quizás también sería conveniente que les de tregua a éstos, sean, fifís, neoporfiristas o neoliberales, como cotidianamente suele calificar a sus adversarios, identificados por lo general con Felipe Calderón.

A estos adjudica supuestas o reales conspiraciones para aislarlo y arrebatarle la conducción política del país.

No le falta razón, en política es normal que los contrarios, los adversarios, aprovechen las circunstancias para debilitar al enemigo, pero esto ocurre aquí y en China; supongo que igual ocurre en otros planetas si existe vida inteligente y hay políticos.

Y la presión crecerá día a día y en razón de cómo salga México de la pandemia y de la caída de la crisis económica.

Él mismo, durante décadas se dedicó a minar a quienes no lo dejaban llegar a la Presidencia. Fue aprovechando cotidianamente los errores de los priistas y panistas como consiguió alcanzar la Presidencia. Su discurso machacón sobre la corrupción fue genial, a tal grado que las clases medias y acomodadas, hoy arrepentidas en alto grado, votaron en consonancia con su sermón diario.

Ni siquiera imaginar su reacción si el domingo pasado sus antecesores, Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto hubiesen abandonado la taquiza en ese camino de Badiguarato para saludar por humanismo a la madre de Joaquín Guzmán.

Sin duda habría exigido su ejecución en la Alameda Central, en donde estuvo el quemadero de la Inquisición durante la época colonial, en especial al que, según López Obrador, negoció con el Cartel de Sinaloa. Supongo que Calderón por los supuestos nexos de Genaro García Luna con los barones sinaloenses de la droga.

Y con razón, porque, desde donde se le vea, aún por humanismo, no es fácil entender el episodio dominical.

Él lo bateo con una explicación sobre su humanitarismo.

Pero olvidando ese error (hoy compensado por Santiago Nieto con la su embestida contra la fortuna de Caro Quintero y en general del Cartel de Sinaloa) que le será cobrado caro por los conservadores, suena muy bien el llamado a la tregua.

Ojalá y lo escuchen los conservadores, pero también el Presidente porque ese discurso se ha desgastado, como lo muestran las redes sociales, llamadas “benditas” antiguamente (y eso que apenas han pasado unos meses desde que acuñó la frase), sospechosas, para no variar, de ser manipuladas precisamente por los bichos que quieren aislarlo, como lo dijo en su conferencia mañanera.

Como dice, necesitamos unidad porque, contra lo que diga, sí estamos divididos.

Lo prueba su misma explicación: “hay diferencias políticas, ideológicas, pero eso es arriba, en las élites, pero abajo (el pueblo) es feliz, feliz, feliz”. Lo cual es discutible.

Lo ideal sería que hubiese tregua, pero es irrealizable. Sería tanto como instalar el estado de excepción para, anulando las garantías individuales, cerrar la boca a los mexicanos que no están de acuerdo con mucho de lo que se hace y se dice.

Pero ese es el problema de las democracias.

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