Honorable Congreso de la Unión; Honorable Business Center

Necesario plantear la posibilidad de que el elector tenga herramientas legales para exigir el cumplimiento de tiempos en legisladores federales y locales

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No imagino al elector, con la papeleta de urna en la mano, pensando: “Espero que mi senador -o diputado- y los ‘pluris’ del partido al que beneficia también mi voto cumplan sus expectativas personales en el Congreso”.

No imagino el beneplácito de los votantes de los 11 senadores que brincaron del sol azteca y del Partido del Trabajo a Morena, y abandonaron a sus partidos, para apoyar a Andrés Manuel López Obrador, para asegurar el paraíso. No imagino a esos sufragantes satisfechos con Miguel Barbosa, Armando Ríos Piter, Sofío Ramírez -al PRI-, Zoé Robledo, Manuel Bartlett, Layda Sansores y Mario Delgado, etcétera, etcétera.

Imposible imaginar a esos votantes con la idea, preconcebida, de que, a media Legislatura, si a algún líder político se le ocurre hacer otro partido -que en el momento de la urna NO existe-, y ese partido se adapta mejor a los intereses del votado, pues que abandone las siglas y vaya tras un mejor negocio; “¡qué caray, para eso está mi voto, para que se utilice como moneda de cambio”.

Tampoco imagino a los votantes de los senadores o diputados, Claudia Pavlovich, Carlos Mendoza Davis, Quirino Ordaz Coppel, Pancho Domínguez, Silvano Aureoles y Javier Corral Jurado, y a los frustrados Jorge Luis Preciado, Lorena Cuéllar, Diva Gastélum, Aarón Irizar, Amador Gaxiola -tan sólo en Sinaloa tres trataron de brincar a la gubernatura-, y muchos más, pensar en que el sufragado podrá, tranquilamente, traicionar su decisión, elección, a la primera oferta aceptable.

Y, por supuesto, también impensable que, al pie de la urna, el ciudadano piense: “Ojalá mi voto sirva para que algún legislador plurinominal brinque a un puesto federal, por ejemplo, a la Procuraduría General de la República”, tal como lo hicieron la senadora Arely Gómez González y Raúl Cervantes Andrade. De hecho, la primera no regresó al Senado después de la PGR; fue premiada con la Secretaría de la Función Pública ¿por qué..?

Bajo estos términos, en realidad NO se trata de legislar; no se trata de aspirar a un auténtico servicio profesional de carrera. En el Congreso federal y los locales aparece el interés particular como objetivo primordial.

En esa dinámica, las cámaras de Senadores y de Diputados se erigen como verdaderos Business Center, a la espera de una mejor oferta, ya sea de trabajo o negocios, sin importar vulnerar la voluntad popular.

Los escépticos y ortodoxos dirán que NO TODOS los legisladores se embarcan en esa travesía en espera de una mejor pesca, pero la gran cantidad de casos esboza una crisis ética monumental.

Para otros fines justicieros, en el Congreso se habla de revocación de mandato, de plebiscito y de consulta popular con el propósito de calificar a los gobiernos, sin embargo, habrá que plantear la posibilidad de que el elector tenga herramientas legales para exigir el cumplimiento de tiempos en legisladores federales y locales.

Esta probidad violentada provoca el efecto antisistema que estamos viviendo, el reclamo de los indignados al engaño, al abuso y a la corrupción; por qué no exigir que cumplan su compromiso de tiempo o que sufran las consecuencias; por qué NO.

 

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