Hay cosas más importantes que el rating presidencial

Habrá que estar pendientes este fin de semana para ver qué se sacan de la manga los guionistas de titular del Ejecutivo federal

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Andrés Manuel López Obrador debería entender que los mexicanos no lo eligieron Presidente de la República para que esté pendiente de su rating. Esa preocupación se entiende en Polo Polo, Carmen Salinas, Verónica Castro, Ignacio López Tarso, Gael García Bernal, Diego Luna y todos sus compañeros de profesión, pero no en un mandatario.

Me recordó al comediante –ojo, no dije cómico, por aquello de las malas interpretaciones— que al percatarse de que está perdiendo a su público recurre al peor de los expedientes, gritar “¡Viva Chivas!” o “¡Viva el América!”, pues sabe que los parroquianos van a despertar para gritarle y gritarse entre ellos, y no porque sea gracioso o haya dicho algo interesante, sino por la añeja rivalidad entre los dos clubes más populares del futbol mexicano.

Presumió que gracias a las polémicas de los últimos días se ha incrementado el rating de la mañanera en 20 y 30 por ciento.

Es muy probable, pero no dijo que para eso tuvo que sacar del panteón, en plena festividad de los fieles difuntos, al fantasma del golpe de Estado que sólo existe en su mente (y los “mini golpes de Estados” en la de Ricardo Monreal), exhibir al general secretario de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, revelando el nombre de un oficial de alto rango que tuvo y no que ver, dependiendo de la versión que sea verdadera, con el operativo fallido de la captura, sin orden de cateo, de Ovidio Guzmán, y violando la ley después de liberarlo pretextando que la rendición militar y de la Guardia Nacional fue para evitar daño a la población de Culiacán, a la que soldados y policías pusieron en riesgo con una operación de la que, según dicen, del Presidente para abajo, nadie tenía noticia.

Tiene razón Andrés Manuel; su rating creció en función del ridículo del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, que aún no puede explicar qué fue realmente lo que ocurrió en Culiacán.

Más aún, la audiencia del sermón cotidiano en el púlpito del Palacio Nacional creció cuando, desde Estados Unidos, Donald Trump le dijo, en otras palabras, que su Ejército no sirve y que el suyo, si lo llamaba para pedirle ayuda, podría, rápida y eficazmente acabar, con el monstruo que acribilló y calcinó a mujeres y niños en Chihuahua. También se incrementó cuando a su política de seguridad de abrazos, en lugar de balazos, la calificaron de cuento de hadas.

Habrá que estar pendientes este fin de semana para ver qué se sacan de la manga los guionistas del Presidente para que su rating no baje.

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