Habrá un cuarto cambio social…

Para la reflexión, y preocupación, visión de Estado que pretende aplicar Andrés Manuel López Obrador

Compartir:
Total ‘evolución’ con la que Andrés Manuel López Obrador intentará hacer historia y equipararse con los próceres de la democracia

De acuerdo a su aseveración, vertida en el “debate presidencial” recientemente escenificado, queda para la reflexión y preocupación la visión de Estado que pretende aplicar Andrés Manuel López Obrador si llegara a la Presidencia de la República, que, con su movimiento llamado de regeneración nacional, transformado en partido político, convertido en su principal y único líder, encabezando las encuestas para esta contienda; busca transformar a México a través de un movimiento social como nunca se había promovido desde la Revolución Mexicana.

Un cuarto sacudimiento de orden social como él lo describe, que equipara y enumera posterior a la Independencia, la Reforma y la Revolución, con el que pretende cambiar a la nación, pacificarla; reducir el desequilibrio de la repartición de la riqueza; generar una plataforma indisoluble de equidad y, por consiguiente, justicia y desarrollo.

Una evolución total, con la que intentará hacer historia y equipararse con los próceres de la democracia y el desarrollo estabilizador del que tanto hace gala y pretende emular.

Refugiándose en el lustre de un pasado irrepetible por su entorno que le dio origen y vigencia, que ya no se concibe actualmente, ya que sólo aporta vivencias y experiencias.

Tiempo retrospectivo difícil de acompañarse con el presente, y mucho menos sustentar el futuro, para un México que como economía emergente se ubica entre las primeras 20 a nivel mundial, y la segunda en América Latina.

Un país comprometido a alinearse con la innovación, la tecnología y una fructífera relación multilateral con el mundo globalizado, en especial con nuestros vecinos y socios afines proclives a una relación de beneficio mutuo y equitativo, para seguir vigente y con perspectivas de crecimiento.

Ante estas representaciones, corto se queda el axioma voluntarioso que expresara la considerada “mente” más brillante del mundo moderno, Albert Einstein, quien señalara: “Más importante es la imaginación que el conocimiento”.

Una reconstrucción que se pretende, que va más allá de la imaginación, cuya concepción y aplicación se requiere necesaria e incuestionablemente no sólo del conocimiento, sino del talento y un liderazgo integral, mas no sectorial, y un poder que convoque, justifique y convenza para emprender una cruzada de ésta naturaleza.

 

INTELIGENCIA Y PODER

Bien dicen que cuando la inteligencia y el poder que derivan de una habilidad política convergen, surgen las grandes creaciones, y ante este espejo de virtudes, se hacen presentes las palabras de identificación que le dirigió en ese “debate”, otro de los aspirantes presidenciales Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, al cuestionarlo públicamente y a nivel nacional por decir puras “barbaridades”.

Bajo este entorno de actuaciones: chuscas, innovadoras y utópicas, no se puede soslayar que, parte de la sociedad, la más lastimada y con menos perspectivas de desarrollo; la más resentida o víctima del sistema de gobernanza que hemos padecido, ha sido receptiva y cautivada por él, porque directa o indirectamente enarbola en su discurso los que explotó con éxito en su carrera de “estafador” el estadounidense Joseph Weil, quien aprovechara al límite sus beneficios con la siguiente concepción: “Una mentira es mucho más grata al paladar. La persona más detestable del mundo es aquella que siempre dice la verdad, que nunca fantasea. Es mucho más interesante y rentable fantasear que decir la verdad”.

No lejos de ésta filosofía, cuestionable es, que, en su campaña permanente en busca de su tercera opción presidencial, se ha detectado con más frecuencia un discurso y ofrecimientos con muchas incongruencias y poca factibilidad de realización; pero que endulzan y cautivan a un sector sacrificado y desilusionado.

Una cosa es cierta, busca resolver los problemas ancestrales, presentes y futuros para los que él denomina “pueblo”, y en abono de su persona se percibe la audacia y la vacilación.

Actitudes disímbolas que generan respuestas psicológicas muy diferentes en sus destinatarios; una vacilación que pone obstáculos en el camino, y una audacia que los elimina, y aunque lo atacan y desenmascaran, no pierde su presencia con sus seguidores.

Ante esta bifurcación de condiciones, el otro sector que excluye del pueblo, lo cuestiona, descalifica y lo destierra de su elección; siendo lo más preocupante del caso que, sus acciones desestabilizan a nuestra moneda y generan incertidumbre en los inversores con sus consecuencias irreversibles en la economía nacional.

Actuaciones que deben darse con responsabilidad, ya que por posicionarse o ganar una elección, causa daño en conjunto al país, perjuicios que pueden tardar tiempo en reconstruirse o tornarse en definitivos para una nación que, con todos sus males internos, se proyecta, figura y quiere ser protagonista del mundo desarrollado.

 

TIEMPOS DE ADECUACIÓN MÁS QUE DE RECONSTRUCCIÓN

Lo cierto es que, el México de hoy, se encuentra con un régimen político disfuncional, con una sociedad fragmentada, llena de conflictos de inseguridad, miedos, harta de la corrupción, con un futuro incierto sobre un país que genere la paz, la seguridad y el desarrollo anhelado para sus habitantes.

Un México moderno lleno de desigualdades, con muchos satisfactores por cumplir, pero en camino de atenderlos con todo y su sistema político y gobernanza imperfectos, esperando ese detonador funcional de nuestra democracia que empodere a la sociedad como conductora del país, por encima de los partidos políticos.

Un país que tiene estructura e infraestructura y rumbo, adecuaciones funcionales y de ejecución con más viabilidad de resultados favorables de desarrollo, aunque la dirección no haya sido la más óptima.

Por eso parece inconcebible arriesgarnos innecesariamente a una complicada e infructuosa “aventura”, que representa una reconstrucción social de la envergadura que difunde.

Porque destruir el presente con todo y sus anomalías de funcionamiento, sin reconocer lo eficiente y valioso; nunca ha servido para labrarse un mejor futuro, porque lo más complicado para un país que ha padecido tanto y tan recurrente, es  volver empezar, cuando es más fácil reconstruir y enmendar el camino.

 

LA DESCOMPOSICIÓN

Hay que estar conscientes que, en este proceso de descomposición, todos hemos contribuido y participado en menor o mayor medida; ya que no hemos sido capaces de demandar y exigir la generación de riqueza equitativa, ni capital humano, ni tecnología, y además destruimos nuestros recursos.

Actuamos de manera desinteresada y de forma omisa en la construcción del sistema político que nos represente y nos genere eficiencia, confianza y poder en el Legislativo, promotor del Estado de derecho que fije rumbo.

Un Legislativo que se comprometa y asuma su rol social y rinda cuentas a sus representados.

Desatenciones que han provocado y generado su carácter divino como autoridad, que han construido y perfeccionado a través del tiempo, ante el abandono de exigencias y reclamos de los electores que los convocaron.

Ausencia de contrapesos donde se hacen presentes todos los males que criticamos y detestamos, como la intolerable corrupción, la impunidad e inseguridad que hoy padecemos, y que actualmente se dificulta enormemente combatirlos y erradicarlos.

 

CONCILIAR PASADO Y PRESENTE

Se gobierna con una herencia enorme de aciertos y errores, de logros y omisiones, de instituciones eficaces e ineficaces, de programas inacabados, de proyectos en marcha y de políticas buenas y malas.

Gobernar significa, entre otras cosas, perfeccionar, dar continuidad, corregir y crear instituciones a partir de las herencias recibidas.

Como señalara acertadamente Carlos Slim Helú, necesitamos “creadores de riqueza”, no “combatidores de pobreza”.

Este es el factor donde hay que trabajar, ya que desafortunadamente se cuenta con pocos creadores de riqueza.

Una fórmula aplicable sin recurrir a un pasado que ya es historia, desechando a los “populistas” que de un plumazo quieren convertir a la nación más igualitaria avanzada y feliz.

Bien lo señalaba el filósofo alemán Hans Jonas: “saber convertir el entusiasmo por la utopía, en entusiasmo por la moderación”.

Y moderación es la política a seguir, porque está en juego el futuro de los mexicanos, que ya no deben sacrificarse en una transición que no garantiza resultados.

En la única entrevista que sostuvieron Porfirio Díaz y Francisco I. Madero el primero le dijo con voz de profeta: “Hay que ser algo más que un hombre honrado para gobernar México”, y esta premisa, es la que tenemos que tomar en cuenta para emitir el voto de elección presidencial.

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...