Gustavo Carvajal y el beso del diablo

Frase sobre quienes tocan la puerta equivocada quedó para la historia

Compartir:

Los muertos, decía el poeta, se quedan solos, y quizás por ello el fallecimiento de Gustavo Carvajal sólo merezca, a los priístas, una esquela y hasta un encogimiento de hombros; habrá quienes se pregunten ¿quién fue?

Pero Carvajal fue algo más que sólo el amigo que tuvo el cariño del Presidente José López Portillo. Por ejemplo, fue crucial en la revolución sandinista, y si no lo reconoce el remedo de Anastasio Somoza, Daniel Ortega, que cogobierna  Nicaragua con su esposa, Rosario Murillo, será por simple mezquindad.

Con Carvajal nació, en el PRI, la “consulta a la base”, un sistema de selección de candidatos que pretendió sustituir, o encubrir, al “dedazo”; el problema fue que, en algunos lugares, los priístas se lo creyeron y dio paso a la división de la militancia.

No le concedían muchas luces cuando dirigió al PRI y porque desdeñó la gubernatura de Veracruz pensando que López Portillo le deparaba un destino mejor, pero, en cambio, fue fundamental en la liquidación del minimato en el PRI (es decir, la Jefatura Máxima, al estilo Plutarco Elías Calles) que pretendió instaurar Luis Echeverría.

En 1980, el senador Gabriel García Rojas quería ser candidato a gobernador de Zacatecas y no encontró mejor método que ir en busca de ayuda de quien, según suponía él, mandaba desde “enfrente”, así que una mañana se presentó en San Jerónimo para solicitar el apoyo del ex Presidente Luis Echeverría.

En el avión “El Político” (como se llamaba la nave del PRI), Carvajal dijo a los reporteros que lo acompañaron a Durango, a la protesta de Armando del Castillo Franco como candidato a gobernador, que: “El que toca a las puertas de San Jerónimo, simple y sencillamente, se quema y truena solo”. Y ahí acuñó lo que hasta hoy se conoce como “El beso del diablo”.

Fidel Velázquez, el legendario líder de la CTM ante quien Carlos Aceves del Olmo es una caricatura, le hizo segunda: “No me consta que los ex presidentes intervengan en la política nacional, pero si lo dice Carvajal Moreno, debe ser cierto, y yo, como miembro del PRI, estoy de acuerdo con su decisión”.

La reacción de Echeverría fue de tal envergadura que Carvajal trató de bajar el tono de la reproducción de sus frases en los periódicos.

Declaró que “hay una equivocación. Nosotros manifestamos que quienes deseen participar en las contiendas electorales, y tienen derecho por ser miembros del partido, canalicen todas sus aspiraciones por los sectores Esa es la vía de la canalización de las aspiraciones: Por sectores. El licenciado Echeverría ha sido un hombre respetuoso a quien se le tiene en alta estima en el partido porque es uno de los principales miembros del mismo por haber sido candidato a la Presidencia de la República. En ningún momento hemos hecho ninguna declaración que lo afecte o lo pueda lesionar Lo que hemos planteado es que quien tiene aspiraciones de participar las canalice a través de los sectores del partido, que es en los sectores donde se toman las decisiones finales de nuestro partido”.

Pero con él se empezó a construir el sendero por donde Echeverría  caminó al destierro. Poco después, el subsecretario de Gobernación, Javier García Paniagua, pronunció una frase lapidaria cuyo blanco fue el ex Presidente.

Explicó don Javier que mirando el mar, Lázaro Cárdenas llegó a la conclusión de que sólo las olas regresan y que es perversidad querer detentar lo que ya se tuvo, concretamente el poder.

Luego, el ex Presidente Gustavo Díaz Ordaz aceptó ser embajador en Madrid sólo para que López Portillo pudiese enviar a Echeverría a Australia y las Islas Fiyi.

Hoy, el PRI no tiene ese problema, pues los ex presidentes se mantienen al margen; en cambio, quien sí lo tiene es el PAN, pues Felipe Calderón funge, en los hechos, como coordinador de la campaña de su esposa, Margarita Zavala.

Falleció Gustavo Carvajal, pero su frase sobre quienes tocan la puerta equivocada quedó para la historia: Los besa el diablo.

 

 

Compartir: