El coronavirus no sabe con quién se puso

La parte de la cuarentena que el Presidente López Obrador se rehúsa a cumplir por mera nostalgia (y posible depresión) si alguien le roba el micrófono

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Aquí estoy, aquí estoy. No crean que salgo debajo de la cama. Medio guardadito, pero con las orejas bien puestas.

Ya ni pregunto cómo les va, mis palmípedos y cansados amigos, con esto de la curva para arriba y la curva para abajo. Que si se aplana o si va horizontal.

Porque, la verdad, entre tanto graznido ya no sabe uno ni qué pensar.

Ya ven, ahí nuestro máximo representante -que, por ahora, no se cansa, siguiendo al pie de la letra las instrucciones del doc López, el científico, y confesando (porque en alguna hora, de algún día de la semana, comulga y no olvida los mandamientos), que él no usa cubrebocas porque no se lo recomendó el sub de Salud.

Bueno, ya ni graznar es bueno, pero quien tiene ideales y en algo cree, lo menos que puede hacer es mostrarlo y aferrarse a ello.

Así pues, nuestro PresiDente Andrés Manuel López Obrador (deje usted lo del cubrebocas, eso qué, si ya hasta domó el virus, como amarrar al tigre que se habría soltado en 2018), nomás no quiere someterse a la cuarentena total.

Este miércoles un segundo periodista propuso que ante la emergencia sanitaria, y para que no vaya a salir alguien sufriendo un susto -y ni Dios quiera otra cosa-, como pasó a Irma Eréndira Sandoval, titular de la Función Pública, que gracias al cielo está bien, y a un miembro del staff del doc López, la “mañanera” se realizara bajo un formato virtual o de teleconferencia.

¡Nunca lo hubiera mencionado! Con la repetida propuesta, a la periodista, seguramente el Presidente la vio con cara de microbio.

“Ya le tomé cariño a las ‘mañaneras’”, respondió el Presidente.

“Creo que podemos seguirá así si nos cuidamos”.

Por eso, mis palmípedos y cansados amigos, es que tuve el desgano de asomarme.

¿Cómo está eso de que ni ante una emergencia mundial pueda el señor Presidente guardarse unos días o semanas, y guardar a los demás?

¿Será tanta su nostalgia (o depresión) ante el temor de que alguien le robe el micrófono?

No vaya a ser que entonces sí, sin sus reclamos a los conservadores y neoliberales alguien sí logre un acuerdo nacional para sortear las crisis en fila que se avecinan.

O que los empresarios se adueñen de la estrategia que es apoyar a “25 millones de familias” o de otorgar 3 millones de créditos de 25 mil pesos.

Casi para que desistan de cerrar las puertas del salón Tesorería de Palacio Nacional, afirmó que en la conferencia se respeta la “sana distancia” y el límite son 50 asistentes.

“Pero ustedes pongan el límite… ya los grandes, con más riesgos, se resguardaron”.

Está bien que no se canse, pero cuando menos, el Presidente debería ya, mínimo, colocar por ahí la estampa de San Gatell, no vaya a ser que un día de estos se le descarrile el sistema Centinela.

Pues como sea, de la “mañanera” sale material, eso que ni qué. El problema va a ser si el mentado virus chino llegara acercarse más allá de la cuenta.

Entonces sí.

Pero yo sí ya me cansé.

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