El “business” de los “fifís” y AMLO con baño de pueblo

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Si el objetivo es colaborar para una buena causa, digamos la colocación de 4 millones de boletos para la rifa de un avión sin avión, el platillo es lo de menos, tamales de chipilín con chocolate, y listo.

Como dijo el Presidente Andrés Manuel López Obrador “un platillo suculento”. Claro se refería a la cena. Además, mientras alguien no pidiera, digamos, pierna de ganso con miel, naranja y canela, porque graznaríamos de pavor.

El asunto fue que este miércoles fue el día de “la colaboración”. A Palacio Nacional acudieron, ya por la tarde, 100 empresarios de todo el país en el papel de buenos samaritanos, que siempre lo son.

Al frente de la que ha sido residencia de varios Presidentes de la República, entre ellos Benito Juárez y, cuentan, hasta de Hernán Cortés, cuando el gran Palacio Nacional comenzaba a construirse allá por los inicios de mil 500, comenzaron a llegar fastuosos vehículos y camionetas de donde descendían los prohombres de la “high society”.

“Fifis”, pues, aunque hoy los revestía la humildad, el gesto de aportar al “cochinito” sin deshacerse de un quinto, pues ellos solo traspasarán a sus empleados los “cachitos” para la gran tómbola, 100 premios de 20 millones de pesos para cada uno.

Claro, ya si alguno de ellos desea jugar su propia suerte, pues no faltará el que le entre, por su parte, a comprar algunas decenas de “cachitos”, por aquello de que el que no arriesga no gana.

Cual tal “teletón” (“aviontón”), la meta es que 100 hombres de negocios coloquen 4 millones de boletos, de a 40 mil por chompa. Con ello, la vaquita cubriría los 2 mil millones de pesos para librar los premios.

Los otros 2 millones de “cachitos” (de los 6 millones que se imprimirán), que generarían los 1 mil millones de pesos extras, ya corresponden al “sacrificio” del pueblo sabio (“pero, y qué tal si le pego”). Uy, que de graznidos, mis palmípedos suertudotes.

Así, entre los muchos que pasaron desapercibidos, se notaron Miguel Alemán Velasco, Carlos Salazar Lomelín, Emilio Azcárraga, Carlos Bremer, María Asunción Aramburuzabala, Bosco de La Vega, Carlos Slim, Carlos Peralta, Vicente Yáñez, Daniel Chávez, Miguel Rincón, Olegario Vázquez Aldir, Antonio del Valle, Alejandro Ramírez, Ángel Mieres.

Al mismo recinto, pero por otra puerta, del lado de la calle Moneda, también llegaron niños “gritones”. Los invitados lo hicieron por Corregidora.

Así la tertulia pintaba buena.

Además de dar su visto bueno a la tamalada y lanzar un “¡qué rica es la comida mexicana!”, ¿de qué hablarían los empresarios mexicanos convertidos en “billeteros” por el bien de México?

Más allá de las chanzas sobre Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, por tener “mentalidad faraónica”, seguramente expresaron -de entrarle a la rifa- qué harían con el avionozote. ¡Claro!, con tamaño aparato ir a visitar al primo a Europa (casi como una vuelta al mundo en 80 días), “pero, no, ni pensarlo, a Málaga, no”.

La hora para el aquelarre eran la 19:00 horas, pero desde las 17:00 comenzaron a llegar. El palacio olía azufre, no del infierno, sino a dinero, ¿o a plata?, por aquello de las minas. ¿O a oro?, por aquello del Rey Midas.

Ya en sus aposentos, los empresarios firmaron una carta compromiso:
“Por medio de la presente manifiesto mi compromiso para participar de manera voluntaria en la compra de billetes de la Lotería Nacional, con motivo del sorteo conmemorativo que la misma llevará a cabo en relación con el Avión Presidencial, en beneficio de la asistencia pública, hospitales y adquisición de equipo médico, por el equivalente a un monto de…

Y a escoger monto: 20, 50, 100 o 200 millones de pesos, es decir, el costo de adquirir, de acuerdo a la cartera, 40 mil, 100 mil, 200 mil o 400 mil de los cuatro millones de “cachitos” destinados a su sector.

Así, la tarde dio paso a la noche. El Salón Tesorería, sede también de la conferencia “mañanera”, acogió a los hombres del dinero.

Porque, ay de aquel que no pasara lista. Avisados estaban, y no se arriesgarían a un “¿¡fuchi, guácala!”; mucho menos a un “¡fuchi, caca!”.

Ya me cansé.

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