Festejo de muro policíaco y patio trasero

El secretario de Relaciones Exteriores cedió un poquito más, ampliar el programa Permanecer en México a toda la frontera donde los solicitantes de asilo que cruzan hacia Estados Unidos serán retornados “sin demora” a nuestro territorio, en donde esperarán la resolución de sus casos por parte de la autoridad estadounidense, lo que leído de otra manera es convertirnos informalmente en el Tercer País.

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Sería mezquino no reconocer la capacidad negociadora de Marcelo Ebrard, sobre todo porque fue enviado sin rifle a la guerra en Washington, aunque ya estando en la capital del imperio recibió las instrucciones de ceder lo necesario para bajar los decibeles al discurso electorero de Donald Trump, en especial ¡cumplir nuestra ley! desplegando, a partir del lunes con mayor celeridad, la Guardia Nacional en 11 municipios chiapanecos, “dentro de un programa nacional que ya estaba en curso”.

El secretario de Relaciones Exteriores cedió un poquito más, ampliar el programa Permanecer en México a toda la frontera donde los solicitantes de asilo que cruzan hacia Estados Unidos serán retornados “sin demora” a nuestro territorio, en donde esperarán la resolución de sus casos por parte de la autoridad estadounidense, lo que leído de otra manera es convertirnos informalmente en el Tercer País.

Esta concesión que es humanitaria y se anuncia como temporal, en realidad nos convierte en una especie de patio trasero (como siempre nos han considerado en Estados Unidos) en donde permanecerán los emigrantes retornados por tiempo indefinido hasta que nuestro gobierno, sin capacidad de emplearlos, como ha prometido, se vea obligado a enviarlos a sus países de origen.

Sí, Marcelo llegó a Washington sin rifle, pero estando allá lo dotaron de municiones a fin de que sólo cediéramos un poquito, lo suficiente, para satisfacer a Trump.

En este orden, también sería mezquino no estar al lado del Presidente López Obrador en momentos en que un “extraño enemigo” nos amenazaba con una lluvia de aranceles que afectarían a la economía norteamericana, pero muy en especial a la mexicana que a seis meses de iniciado el sexenio, empieza a hacer agua.

Pero, si López Obrador ya había decidido ceder lo que negoció Ebrard (no se entiende de otra manera que el secretario de Relaciones aceptara lo que aceptó), ¿qué necesidad de celebrar en Tijuana que nos convirtamos en policías al servicio de Estados Unidos en la frontera con Guatemala para contener la migración centroamericana y en patio trasero para albergar a quienes nunca ingresarán al país de Trump, algo que siempre negamos en el discurso y lo cual no es precisamente el papel más digno que México debería interpretar en esta circunstancia?

Por mera asociación de ideas, imagino que el muro que Trump construye a contramarea en la frontera sur de Estados Unidos para que los “salvajes” (violadores y narcotraficantes) mexicanos no invadamos de manera ilegal territorio norteamericano, es muy similar al de los seis mil policías armados de la Guardia Nacional que sellarán la frontera de Chiapas con Guatemala para evitar que ciudadanos de la parte central del continente y de muchas otras regiones del mundo, con características semejantes a las que atribuye a los nuestros, perturben la tranquilidad con que se vive en aquel país.

PUÑO CERRADO NO, MANO FRANCA

No había mayor dificultad en entender lo imposible de la misión del secretario de Relaciones Exteriores mexicano en Estados Unidos a sabiendas de lo imprevisible que suele ser Trump, es decir, se calienta de repente o con la misma velocidad se enfría, pero también de lo impredecible que suele ser el mandatario mexicano, generalmente reacio a cambiar su discurso.

Pero más difícil de entender es que López Obrador convocara a un acto de unidad por la dignidad nacional y la amistad de los pueblos mexicano y norteamericano, cuando nadie sabía en que terminarían las negociaciones de Ebrard y con varios días de antelación al cumplimiento o desvanecimiento de las amenazas de Trump.

Algo misterioso ocurrió entre el viaje de Marcelo a Washington y la aceptación el viernes de desplegar seis mil efectivos de la Guardia Nacional en la frontera chiapaneca, que permitió a Donald volver a decirle amigou a Andrés Manuel y a éste, reiterarle, desde la frontera de Tijuana con San Isidro, que no quiere confrontación, sino amor y paz y su permanente amistad.

Tan misterioso que horas antes de la magna manifestación tijuanense, el Presidente de México habló por teléfono con su colega del norte.

Conforme a su cuenta de twitter, le dijo: “comenté que en Tijuana diré que al presidente de EEUU no le levanto un puño cerrado, sino la mano abierta y franca. Le reiteramos nuestra disposición a la amistad, al diálogo y la colaboración por el bien de nuestros pueblos”.

Y lo cumplió. La frase le gustó y la repitió en donde empieza la patria.

De hecho, en otras palabras dijo que esa mano que no llegó a cerrarse para esgrimirla como puño en la frontera, destruyó el pape, listo para estampar su firma, en la que figuraba la lista de productos norteamericanos a los que les aplicaría aranceles similares a los que impondrían a los nuestros.

Esa mano no quiso firmar la declaración de guerra… comercial.

Para fortuna de ambos países, pero en especial el nuestro, una voz razonable le habló al oído a Andrés Manuel y le aconsejó ceder, un poquito, dirán algunos, pero muchito diremos otros, y hasta eso, sin saber qué más hay oculto, como suele ocurrir en las negociaciones diplomáticas.

Pero me sigo preguntando: ¿para qué reunir a la clase política en Tijuana que creyó en principio que viajaría para mostrar unidad ante Trump, como en su momento lo hizo Lázaro Cárdenas en la Plaza de la Constitución (él desde el balcón central del Palacio Nacional) en ocasión de la Expropiación Petrolera, si al final el viaje a donde inicia la patria terminó siendo la celebración de una negociación que nos obliga a cumplir con nuestra ley, a convertirnos en un muro militar armado en la frontera con Guatemala, y servir de patio trasero en donde los migrantes esperarán mientras Estados Unidos les resuelve si los acepta o no?

Por cierto, nadie se acordó que otra de las exigencias del presidente norteamericano era que nuestro país combata el tráfico de drogas a Estados Unidos.

Pero tampoco nadie informó a tiempo a quienes viajaron a la frontera que los motivos de la concentración en Tijuana habían cambiado, de tal suerte que Mario Delgado encabezó a los diputados federales de Morena en una marcha por Tijuana a favor de la dignidad de México, cuando debió llevar una copa en la mano para celebrar que las fuerzas nacionales se cubrirán de gloria en Chiapas.

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