Fernando Castellanos y Rutilio Escandón tragedia política

El Partido Verde en Chiapas, inexistente antes de Manuel Velasco

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Cuando Manuel Velasco Coello asumió la gubernatura del estado de Chiapas, el Partido Verde Ecologista de México no tenía ninguna presencia en el estado, apenas algunos municipios en una extraña combinación de alianzas que lo mismo podía ir coaligada con el PRI en San Cristóbal o con el PRD en Tuxtla, la capital.

La tesis del entonces senador Velasco Coello se sostenía bajo el argumento de que las alianzas “son políticas; no ideológicas”, toda una revolución de la ciencia política.  El pragmatismo como artífice de la política, y no las ideas afines ni las propuestas.


En apenas tres años, del 2015 al 2018, el Partido Verde domina en 59 presidencias municipales de 123; detenta 16 diputaciones locales de 40 y 9 diputaciones federales de 12.  Es evidente el uso indiscriminado de recursos del tesoro público estatal para crear una estructura político-electoral que pintara de Verde todo el panorama chiapaneco.

Contra todas las normas internacionales que exigen chalecos color naranja para los trabajadores de la calle, y los agentes de tránsito, se les obligó a ponerse verde, peligrando su integridad física.  El amarillo de las orillas de las banquetas para señalar zonas de estacionamiento cambió a verde.  Las barras de contención en las vías de alta velocidad también son verdes.  Los arbotantes del alumbrado público en calles y avenidas se tiñeron de verde.  Y los parques deportivos con pisos y enrejados son verdes.

Lo malo fue cuando el nuevo color oficial se utilizó, política y fisonómicamente, en el municipio de Chamula.  Se impuso como candidato, primero, y como presidente municipal, después, a Domingo López González bajo las siglas del Partido Verde, pero con dos agravios que atentaban en contra del pueblo tseltal.

Por tradición y costumbre, el pueblo de Chamula siempre fue priísta, casi como religión. Anteriormente, Domingo López había sido presidente municipal por el PRI, además de que era el primero que se reelegía en toda la historia del municipio, algo no aceptado dentro de la tradición indígena.  Se llegó, incluso, al extremo de pintar de verde la presidencia municipal y, al lado, el edificio del PRI de color rojo.

El fraude electoral fue evidente. López González se impuso por más de 10 mil votos sobre su oponente priísta, Marcelino González.  El resultado de tal osadía fue fatal.  Domingo López, junto con cuatro colaboradores, fue masacrado a golpes, además de recibir el tiro de gracia, en plena plaza pública, y a la vista de todos.

Por eso resultó significativo que en el periodo de intercampañas, José Antonio Meade iniciara su recorrido por el país, exactamente a las 12 de la noche, en San Juan Chamula.  El fracaso fue evidente y hasta pareciera que intencionalmente se le llevó para hacerlo aparecer como un candidato no aceptado entre los indígenas.  La hora, el lugar con sus antecedentes y el frío no eran el mejor escenario para un acto político que daría vuelta al país.

Fernando Castellanos Cal y Mayor, ahora candidato del Partido Verde a la gubernatura del estado, quiso demostrar que a pesar de los graves sucesos de Chamula no era obstáculo para iniciar ahí su campaña política.  Cierto, la concentración fue impresionante, lo mismo que en Palenque, Salto de Agua y Catazajá.

Lo malo para Fernando Castellanos es la percepción ciudadana sobre ese acarreo obsceno de “simpatizantes” para llenar, artificialmente, carpas y plazas. Esos mítines, en lugar de destacarse como capacidad de convocatoria, son actos alarmantes de inmoralidad política que demuestran el uso y abuso de dineros públicos para hacerlo aparecer como el candidato ganador por anticipado.

En el 2015, Paco Rojas lo derrotó, abrumadoramente, en las urnas.  La evidencia de su penoso revés la dio el mismo Fernando.  El día de su toma de protesta como presidente municipal de Tuxtla no pudo hacerlo de frente a la ciudadanía y a los electores.  Hubo de cercar la plaza central con doble valla metálica y echar mano de la policía de seguridad pública estatal y municipal para controlar a los inconformes que protestaban contra el escandaloso fraude electoral; el escenario se repitió para sus “informes” de gobierno.

Ufano y sin rubor presume que en cuatro días ha hecho más que José Antonio Aguilar Bodegas en cuatro semanas.  Tiene razón.  En sólo cuatro días ha gastado cinco, 10 o 15 veces más “dinero bajo la mesa” (Luis Carlos Ugalde dixit) que el candidato de Chiapas al Frente, pero bajo la censura abierta de la población por su imposición y el dispendioso gasto para simular lo que nunca tendrá: Arraigo y presencia ante los electores.

Fernando Castellanos tiene un severo pasivo que jamás podrá superar.  En Chiapas no lo conocen y, en Tuxtla, los que lo conocen lo critican abiertamente: “No cumplió sus promesas de campaña”.  Durante ese tiempo, la demagogia y la mentira fueron su mejor discurso: “A iluminar, a pavimentar, a llevar a agua, a dar seguridad a Tuxtla; yo sí le entro”.

No le entró, pero sí engañó.  Hoy, Tuxtla carece de iluminación.  La arteria principal, el Boulevard Belisario Domínguez, tiene grandes tramos sin luz, lo mismo que los libramientos norte y sur.  Las colonias suburbanas, en completo abandono, con baches que son un peligro para los transeúntes y los automovilistas.  Viven sin agua por semanas, pero con recibos puntuales y abultados que no pueden pagarse.

Además, Fernando Castellanos era inelegible. No renunció a la presidencia municipal con los 120 días de anticipación, como establece la Constitución de Chiapas, para postularse como candidato a gobernador. Se registró como candidato a diputado federal plurinominal y, simultáneamente, candidato a gobernador, con lo que quedaba invalidada su candidatura, amén de que no cumplió con la entrega de la cuenta pública.

Lo trágico para Chiapas es que, a pesar de su inelegibilidad, el Tribunal Federal Electoral, con Janine Otálora como ponente, le autorizó el registro por encima de todas las violaciones constitucionales y legales.

Además, Fernando Castellanos exhibe el amasiato, de facto, entre Morena y el Verde al hacer un llamado a los electores a votar por López Obrador.  ¿Una evidencia más? Los comités municipales del Verde se han pronunciado por votar por AMLO.  Y una más contundente.  En las bardas de la casa del ex gobernador Manuel Velasco Suárez en San Cristóbal de las Casas, el nombre y las siglas de Morena ocupan todas las bardas.

El otro candidato oficial, Rutilio Escandón Cadenas, dio la bienvenida a Fernando Castellanos como un candidato más.  Sumiso, Escandón Cadenas diría: “No me preocupa la inclusión de un quinto candidato”.  Así debe ser.  Rutilio es parte de la farsa montada entre Morena y el Verde.

Mal orador y peor candidato, y sin ideas propias, se la pasa en la pepena de pensamientos ajenos para medio articular propuestas de campaña.  En colaboración anterior se hizo mención de cómo se fusiló parte del discurso de Abraham Lincoln en la batalla de Gettysburg en 1863.

Ahora le tocó el turno del plagio a Bill Clinton y a Al Gore, candidatos a la presidencia y vicepresidencia de Estados Unidos en 1992. Así dejaría constancia Rutilio Escandón en el municipio de Yajalón, habitado por indígenas choles: “En mi gobierno, el pueblo estará primero”.

Es, exactamente, la propuesta central de campaña de Clinton y Gore que, finalmente, dio forma a un libro: “El pueblo es primero”. Fue un agotador esfuerzo intelectual de Rutilio para disfrazar el acto de piratería al cambiar el presente por el futuro: De es a estará.

Con esos antecedentes se puede pronosticar que Fernando y Rutilio son una tragedia para Chiapas.  Ampliaremos: La ruta del fraude electoral.

 

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