Evo puede pagar asilo asesorando a Morena

Bien puede contratarlo para ofrecer cursos de cómo burlar los controles constitucionales para justificar la reelección eterna

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A riesgo de ser acusado de haberme cuartotransformado, creo que el Presidente López Obrador, el secretario Marcelo Ebrard y el subsecretario Maximiliano Reyes actuaron impecablemente ofreciendo y otorgando asilo a Evo Morales porque, sin duda, estaba en riesgo su integridad personal.

La acción humanitaria del gobierno mexicano encaja en la tradición histórica de nuestro país en materia de asilo. Resulta ocioso perder espacio y tiempo en una relatoría más que conocida y en detenernos a especular sobre la reacción de Donald Trump y de lo costoso que resultará para un gobierno en austeridad mantener su tren de vida y garantizar su integridad física, pero no nos equivoquemos; la generosa actitud del gobierno mexicano, que ya ha servido para una previsible y tupida crítica, pero también para distraer a la opinión pública, no debe ocultar el riesgo de que el ex mandatario de Bolivia termine convertido en asesor de la Cuarta Transformación dada su larga experiencia en encontrar fórmulas leguleyas para acomodar las circunstancias a sus ambiciones de perpetuidad política.

Bien pueden en Morena contratarlo para ofrecer cursos de cómo burlar los controles constitucionales para justificar la reelección eterna. El gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, podría ser su primer cliente.

Ya en serio, recordemos que antes de recibir la recomendación de renunciar por parte del comandante del ejército boliviano, Williams Kaliman, es decir, previo a consumarse el golpe de Estado, un alto porcentaje de sus gobernados lo repudió. No el día en que se le cayó el sistema de cómputo electoral para romper el empate con su competidor por la Presidencia, sino cuando los electores rechazaron el referéndum que le permitiría una cuarta reelección.

Ya entonces estaba claro que había hartado a un porcentaje mayoritario de los bolivianos. Fue entonces que por segunda ocasión acudió al Tribunal Constitucional, cuyos magistrados fueron colocados por su partido para conseguir la resolución de que impedirle ser candidato una vez más equivalía a atentar contra sus derechos políticos.

Una chicanada jurídica como las que permitieron sus anteriores reelecciones.

En octubre de 2008, el Congreso boliviano aprobó las modificaciones constitucionales que le permitían la reelección por sólo una ocasión. Meses después, sus paisanos  aprobaron la nueva normatividad. Las crónicas locales hablan de muertos en los encontronazos entre sus seguidores y sus opositores.

Sería injusto hablar de una puesta en escena, pero con ese logro, Evo, incluso, derramó lágrimas, pues 4 años más en la Presidencia le permitírían cumplir su promesa de “refundar” al país. Prometió, entonces, que una vez concluida la transformación de Bolivia regresaría a casa a seguir cosechando hoja de coca.

Todo quedó planchado para extender su gobierno hasta 2014 después de postularse por segunda ocasión en 2009.

El poder, dice López Obrador, marea a los inteligentes y enloquece a los tontos.

¿Qué es Evo? ¿Inteligente o tonto? No lo sé; quizás, simplemente, se encariñó con el oropel del poder; lo cierto es que después de ocho años en la Presidencia decidió quedarse otra temporada, cuatro años más. La refundación de Bolivia bien merecía el sacrificio.

¿Cómo conseguirlo?

Al igual que en la primera reelección, con una chicanada jurídica. Sus abogados alegaron que como en su primer mandato se cambió la Constitución para permitir el segundo, éste no podía considerarse reelección, de tal suerte que estaba en condiciones de postularse para un tercer periodo, que en realidad sería el segundo.  Parece galimatías, pero no lo es.

El alegato es de carcajada: “Se ha realizado la refundación del Estado como un Estado Plurinacional y esa refundación ha generado una nueva Constitución Política del Estado que contempla un nuevo orden”.

Así que de nuevo fue a las urnas y ganó porque su popularidad estaba en lo alto. Y con razón;  en su ya prolongada estancia en la Presidencia Bolivia había conseguido que su economía creciera y los niveles de pobreza descendieran en buen porcentaje.

Cuando decidió ir por una cuarta oportunidad, su popularidad no había registrado descenso, sino al contrario, así que en 2016 convocó, por segunda ocasión, a un referéndum para preguntar a su pueblo si lo quería cuatro años más en la Presidencia. Y ocurrió lo impensable; perdió por 2 por ciento, una diferencia escasa, pero suficiente para cerrarle el paso a un cuarto mandato, pero su imaginación es inagotable. Lejos de amilanarse recurrió, de nueva cuenta, al Tribunal Constitucional, dominado, como en la primera ocasión, por sus seguidores. La conclusión fue que impedirle ser candidato una vez más vulneraba sus derechos políticos.

De esta manera cumplía el sueño de un tirano: Reelegirse indefinidamente. Vaya, como sólo tiene 60 años estaba en condiciones de superar la marca de Porfirio Díaz, pero la vida suele dar sorpresas. Contendió por cuarta ocasión y ocurrió lo que ya sabemos: Hoy es nuestro huésped después de romper un empate técnico con un recurso al que los mexicanos llamamos “caída del sistema”, el mismo al que la izquierda culpa por no haber obtenido la Presidencia en 1988.

Ya hay Presidenta interina, la senadora Jeanine Añez, y, por ahora, la refundación de Bolivia deberá esperar, a menos que Evo regrese a su tierra en el avión que no ha logrado vender el Presidente López Obrador.

Mientras tanto confiemos en que no termine siendo asesor de Morena en chicanadas, aunque quizás, en el colmo de las paradojas, aprenda de nuestra izquierda y retorne a su tierra con nueva tecnología para conseguir lo que los electores, el ejército y la policía le interrumpieron, el sueño de ser Presidente hasta la muerte.

 

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