‘Establishment’ institucional o ‘tigre’ de felpa

Cierto, el encontronazo el 1 de julio será entre dos: El alarde, con sus limitadas razones, y la reflexión. Más allá de debates y entrevistas televisadas, los candidatos presidenciales gestan un cambio -a favor o en contra- en su relación con grupos poderosos de la sociedad

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El 22 de abril, confundido, aislado (porque no socializa con “la mafia del poder”) o como el niño que escapa porque no quiere sufrir “bullying”, Andrés Manuel López Obrador tomó su portafolios y dejó el set en el que se llevó a cabo el primer debate entre candidatos presidenciales. Ni adiós dijo.

Bueno, tampoco importó mucho a Margarita Zavala, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez la actitud de desprecio del candidato de Morena. El aislamiento es el peor de los consejos para ganar una guerra, es la opción derrotista de arrinconarse.

Esa es la fórmula, equivocada, creo, de López Obrador porque no lo hace ante los iguales que lo siguen, individualmente, sino ante grupos que congregan a miles y que representan intereses de grupo, de organizaciones, de poder.

La confianza que el candidato de Morena muestra tiene dos caras. La primera él mismo la fabrica con un discurso simulado de orador que mientras dice tres palabras hace una pausa como recorriendo el mundo y la sabiduría milenaria. Y dice para sí mismo: “Mírenme, estoy en trance”. Luego dice otras tres palabras y repite el ejercicio.

La segunda es de compunción cuando no tiene una pronta respuesta, cuando su limitado repertorio se agota, y vaya que para 15 años de campaña ya debería retorcer el lenguaje, armarlo y desarmarlo como un Cubo de Rubik.

Ayer, Andrés Manuel fue el único candidato presidencial que no participó en el evento de consejeros regionales de BBVA Bancomer 2018.

Hace una semana desairó el “Foro 10 por la Educación” convocado por asociaciones civiles a las que, por cierto, critica.

Antes del 22 de abril tampoco acudió al Palacio de Minería al ensayo previo al primer debate.

Su cuadro de comportamiento puede provocar un “shock” a su campaña como a sus propios encapsulados seguidores.

Pareciera que Andrés Manuel está en camino de padecer el Síndrome de Hikikomori, caracterizado por el auto-confinamiento de la persona, aquel que sólo confía en el pajarito al que le lanza migas o boronas porque es mansito y no lo ataca (cualquier parecido con las alucinaciones de Nicolás Maduro y la persona de Hugo Chávez en el cuerpito de un gorrión es mera coincidencia).

Este síndrome se acompaña a veces de ansiedad y trastornos afectivos.

Después de todo es un padecimiento de figuras que saben que sus posturas no son moneditas de oro que caen bien a todos. Y pasan a la Historia como buenos o malos, pero pasan.

López Obrador tiene muchos puntos flácidos que en el recuento, antes que de los votos, del razonamiento previo al 1 de julio, podrían hacer que las cuentas no le den.

Vaya, que ni siquiera el que esté enjaulado sea un tigre real, sino una botarga, unos cuantos con el disfraz de muñeco de peluche.

Ayer también, la CNTE, encabezada por Eloy López, líder de la Sección 22, dijo que Andrés Manuel no es garantía de que la educación cambie.

Durante la marcha en la Ciudad de México por el Día del Maestro, la Coordinadora impidió que Morena se uniera al contingente.

Es del conocimiento público que desde hace años, o desde ninguna de sus campañas presidenciales anteriores, ha sido santo de devoción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Tanto que el EZLN tuvo su propia candidata independiente, “Marichuy” (María de Jesús Patricio Martínez). Podría ser que tras su retiro en la búsqueda de la precandidatura, anuncie su apoyo al de Morena.

Pero tiene roces con empresarios, no sé con cuántos, pero él les llama la “minoría rapaz”, que en realidad son el grupo que conforman el Consejo Mexicano de Negocios, en donde, para empezar, están Carlos Slim, Alberto Bailleres, los Azcárraga.

No atiende a banqueros, a organismos civiles (salvo los que le silban como el gorrión de Maduro). La trae contra Trump, que por mucho se diga que es enemigo de Vladimir Putin, son los socios más amarrados en la conquista del mundo. Un cierre de ojo de Donald y el pinchazo de Vladimir al botón cibernético, y no precisamente para ayudar a ya saben quién. ¡Si hasta los bancos son vulnerables, que no sea su computadora!

Con todo esto sólo quiero precisar y dejar claro que el “establishment” en una sociedad es el cuerpo del poder real, conformado por instituciones, organizaciones, entidades, que no implican votos en grupo, pero sí tendencias que a final de cuentas integran un confraternidad para “mantener y controlar el orden establecido”.

Las matemáticas están en todo. Son parte fundamental de la lógica y la filosofía. ¿Los candidatos presidenciales ya sumaron, restaron, dividieron, multiplicaron… Y eso sin entrar en logaritmos?

Y por ahí al tigre se le pueden achatar las garras… y el domador salir corriendo… A “La…

 

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