En pleno handicap presidencial

Para ganar una carrera, lo único que se requiere es que nadie cruce la meta antes que nosotros

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Estamos en los tiempos de la carrera por la sucesión presidencial. La contienda incluye a algunos que tienen posibilidades reales, y muchos más que no cuentan con la más remota posibilidad.

En todo handicap importante hay caballos que son inscritos para ganar, pero otros tan sólo participan para ayudar a un colega favorito, o para estorbar a otros contendientes. Algunos por pura diversión. Otros por pura vanidad. Y otros son inscritos nada más porque sus dueños son muy tarugos y muy ilusos.

Así son estos juegos del futurismo. Es muy duro reconocerlo, pero los sexenios mexicanos tienen mucho de pasado, y mucho de futuro, pero casi no tienen presente. Ese es uno de los dramas de la política mexicana. Muchas veces es anacrónica y por lo tanto es irreal. En otras se recrea con el futuro y se desvía en otra dimensión.

Hemos escuchado los pronósticos de los “illuminati” que no llegan a ser análisis, pero que tampoco son meras adivinaciones. Me limitaré a recoger las que más hemos escuchado en los corrillos, aunque no sean las dotadas de mayor lógica.

Lo primero que supusimos es que sería una contienda muy competida. El ganador lo será por un dígito, lo cual no es nada nuevo en nuestras elecciones, pero puede llegar a ser un “final de fotografía” o empate técnico, donde la diferencia sea “por una cabeza” o, incluso, “por una nariz”.

Esto indica que habrían de pelear todos los distritos, todas las secciones y todas las casillas. Esto conlleva riesgos múltiples y la posibilidad de un periodo poselectoral pleno de impugnaciones, de descalificaciones y de acusaciones. Una contienda tan cerrada induce no sólo a ganar, sino también a robar.

Lo segundo que pudimos suponer es que sería una campaña muy escatológica. Muy llena de denostaciones, de calumnias, de difamaciones, de malas mentiras y también de tristes verdades. Los contendientes, incluyendo al vencedor, terminarán batidos a más no poder. No habrá de donde tomarlos para iniciar su aseo.

Lo tercero, y bien sabido, es que será una disputa muy onerosa, muy infiltrada y muy desgastante. Obligará a muchos compromisos de los buenos y de los malos. Es muy posible que el triunfador deje “hipotecadas” muchas de sus decisiones políticas nacionales.

Hasta allí lo referente a la contienda; ahora pasemos a los contendientes.

Se dice que el PRI cuenta, como principales activos, con su buena disposición para la unión interna, factor que ya ha quedado comprobado en esa importante organización política. Otro activo es su capacidad operativa en más estados que cualquier otro. Su riesgo más grande, que no mantengan, en los próximos meses, su unión interna. Que se hayan peleado por las curules y los escaños, y se olviden del gobierno nacional.

Se dice que Morena cuenta, como principal activo, con nada propio, sino de los otros: Los fracasos de los gobiernos panistas y las culpas de los gobiernos priístas. Sus riesgos evidentes: Que inyecte una fuerte dosis de susto o de miedo.

Se dice que el PAN y el PRD contarían, como principal activo, con su supuesta alianza, la cual los metería en una contienda de tres fuerzas, y ya no de sólo dos. Sus riesgos grandes son no haber construido candidaturas de imagen grande y la dificultad de presentar un proyecto serio construido “al alimón” entre fuerzas tan disímbolas.

Por último, como en todo derby, deberán tomarse en cuenta varios factores, que mencionaremos sintéticamente.

Uno de ellos es la longitud de la carrera versus el aguante de cada participante. Los que no tengan mucha resistencia van a rezagarse desde los tramos iniciales, como le pasó a Roberto Madrazo. El segundo es la condición de la pista. De seguro que será lodosa y resbaladiza, como le pasó a Francisco Labastida. Un tercero es el peso que soporta. Mucha carga puede vencer la resistencia de manera anticipada, como le pasó a Mario Moya Palencia, cuya cauda de seguidores poco lo ayudó y mucho lo estorbó.

El cuarto factor sería la condición individual. Las lesiones, las imposibilidades o las atrofias, como le ha pasado a López Obrador. El quinto es la estrategia, que no requiere explicaciones. El sexto es la monta o expertise del jinete, como Ruiz Cortines se la brindó a López Mateos. Y, el séptimo, la suerte, como la que tuvo Ernesto Zedillo.

Mi padre fue un inteligente político, abogado y caballista. Se expresaba con síntesis aristotélica. Por eso decía que para ganar una carrera, lo único que se requiere es que nadie cruce la meta antes que nosotros.

En fin, todos quisiéramos saber el futuro de manera anticipada, pero estemos tranquilos. Como lo decía Ruiz Cortines: “¿Para qué lo adivino si lo voy a saber? ¿Para qué lo pregunto si me lo van a decir? Y ¿para qué se los pido si me lo van a dar?”.

 

 

Abogado y político

[email protected]

twitter: @jeromeroapis

 

 

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