El ‘Ubú Rey’ escondido en el debate

‘Merde!’, gritó el personaje de la obra de Aldred Jarry al iniciar el primer acto... Después de ver y escuchar a los cinco aspirantes a la Presidencia de la República converjo en la esencia de la ‘Patafísica’. Debatieron más los moderadores…

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El domingo por la noche no me perdí de algo mejor al ver y escuchar el primer debate entre los cinco aspirantes a sustituir a Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República.

No había algún buen partido de futbol y el arranque de series anunciadas por televisión privada fue adecuado a los horarios para no interferir en el sagrado tiempo de quienes, como “Padre Ubú”, buscan el poder.

El encuentro resultó inédito, al menos a mí. Y a 36 horas del primer debate presidencial, mi conclusión, comencé a definirlo desde los “posdebates”, apenas concluido el encuentro entre Margarita Zavala, José Antonio Meade, Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez, es distinta, si no a todos, a muchos.

En un país en donde todos los sectores (incluyendo el empresarial), pero principalmente el sistema político, todavía no pueden sustraerse de las ansias enormes de poder montando, sobre su espalda, a la sociedad como una reverencia de caridad, no se puede esperar honestidad. Y eso nos nulifica en todos los sentidos, y en cualquier acto, para aspirar a ser un país distinto, pongámosle los apellidos que queramos.

Y es que el evento no se concreta a ver y escuchar sólo a los candidatos. También a los moderadores, que debatieron más con los aspirantes presidenciales que éstos entre ellos, incluso al grado de increparlos y señalarlos con dedo flamígero, pero show aparte fueron los análisis organizados por muchos medios de información, televisión, radio y prensa escrita (en web). Mi tour por canales de televisión y sitios web, la verdad, me hizo la noche con una diversión que me cosquillaba la piel de la emoción. Nunca había visto una contradicción tan completa. Ninguna versión, salvo uno que otro que apuntalaba su comentario “para no dejar”, coincidía con mi manera de haber visto y escuchado el primer debate.

Hay que decirlo, los intelectuales (sobre todo escritores) también debieran tener su “año de jubilación”. Muchos hablan como si fueran personajes de sus propias ficciones.

De principio a fin no advertí a ningún candidato fuera de serie. Nada nuevo en sus palabras, es decir, puro rollo. No sobresalió un líder nato. Andrés Manuel, que lidera las encuestas, fue evasivo las dos horas. La estrategia de no caer en el juego de sus contrincantes no implicaba no exponer las razones por las que dice ser el mejor de todos o cómo hará para concretar la “cuarta transformación” del país. Si no iba a debatir no debió asistir. Más aun, admitiendo que su rápida huida del escenario concluyendo el encuentro fue para mostrar que no se mezcla con la chusma de la “mafia del poder”, 14 veces escribí en mi libreta “la cara de AMLO”. ¿La vio usted o me va a decir que no, como hicieron intelectuales (¿), periodistas, analistas y medios de comunicación? Rostro agrio, descompuesto, entre preocupado, pensativo, desorientado, cada vez que sus opositores le acercaban su propio “tigre”, porque de que se lo soltaron, se lo soltaron.

Bien, pues yo vi ganar, llanamente, a Jaime Rodríguez, muy aparte de los conflictos que tenga con medios de comunicación, de sus cuestionamientos sobre si hizo trampa en la recolección de firmas, de las preferencias personales de quienes dicen tener la verdad absoluta. Creo que fue el más punzante, quien aportó las cosas diferentes al resto. El más claro.

Veo, por todas partes, que se asustaron porque dijo que “literalmente” hay que “mochar las manos al que robe” (refiriéndose, creo que todos lo entendemos así, a funcionarios públicos). ¿Queremos o no que dejen de robar? ¿No es mejor escuchar que hay que “mochar las manos al que robe” que “dar amnistía a los criminales”?

Eternamente, por los siglos de los siglos, “mochar las manos al que robe” ha sido la metáfora para disuadir al ladrón. Que no es lo mismo que perdonar a criminales que “mochan” cabezas. ¿Usted se atrevería a robar? ¿Usted dejaría de vender droga y de asesinar porque lo van a amnistiar?

En el otro extremo, también independiente, vi perder, de la peor manera, a Margarita Zavala. Lo he dicho desde que le entraron ganas de ser Presidenta de la República: No tiene discurso. Ayer trastabilló, se descompuso; se le iban las ideas. Le falta enjundia.

En medio vi a Meade, primero, algo seguro; después lo vi rebasado por Anaya.

Eso vimos todos, pero no todos lo decimos. Un poquito de crema a los tacos, un poquito de mentira, de “apoyo a”, y listo. En el comentario existe el prejuicio, el perjuicio, el interés, la falta a la verdad.

La “Patafísica”, decía Jarry, “es el estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones… Es la ciencia de las soluciones imposibles”. Candidatos dignos de estudio por la “Patafísica”.

El personaje de Jarry, en su parodia a la obra “Macbeth” de Shakespeare, es el arquetipo de un personaje que delira por el poder a través de la mentira, la exageración, el ataque, la ambición, la cobardía. Y después de obtener el poder, todo se convierte en tiranía. “Él es grosero, exasperante, acomodaticio”.

“El señor Ubú”, explicó Jarry, “es un ser innoble, por lo que se asemeja, de la cintura para abajo, a todos y cada uno de nosotros”.
Aunque parezca que el veinte va contra alguien en especial, creo que todos los participantes están en línea.

El domingo por la noche no vi a ningún candidato excepcional. Tampoco vi ni escuché lo que dijeron intelectuales, periodistas y políticos a granel.

Hay, entre los aspirantes, eso sí, un “Padre Ubú” escondido.

Merde!

 

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