El trauma burocrático que se avecina: Los ‘ninis’ del prianismo

En el 2000, miles de priístas se quedaron sin chamba, tras el triunfo de Fox y la llegada por vez primera de un partido distinto al PRI. De triunfar López Obrador, ¿a dónde irán tricolores y albiazules, en un éxodo tan parecido a la salida bíblica de Egipto… aunque no a la tierra prometida?

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En el 2000, cuando Vicente Fox ganó la Presidencia de la República, después de siete décadas priístas, la comidilla era a dónde iban a ir a parar miles y miles de burócratas incrustados en las oficinas de gobierno controladas y arraigadas por el PRI.

En muchas secretarías y dependencias de gobierno de nivel medio cundió el pánico.


A 18 años todavía tengo cuates damnificados que deambulan de aquí para allá porque los panistas no les dieron cabida, y cuando regresó el PRI ya los oprimía la edad, además había miles de “chavales” haciendo fila.

Finalmente todo encuentra su cauce, pero esta vez, inédito y “sui géneris”, si Andrés Manuel López Obrador obtiene la victoria (así Luis Costa Bonino, doctor en Ciencia Política de Sciencies-Po París, diga que las encuestas son “una gigantesca manipulación informativa), el trauma viene por dos, priístas y panistas.

¿A cuántos “ninis” más ascenderá la cuota? O, como en el caso de los millones de connacionales que regresaría Donald Trump de Estados Unidos, ¿en dónde encontrarán trabajo?

Sí, la iniciativa privada siempre será la mejor opción, y hasta con mejor paga, pero no olvidemos que López Obrador trae otro cassette y hasta los empresarios podrían cambiar las reglas de juego.

Vaya, no creo que los miles que están esperando su ansiada oportunidad, esta vez de la izquierda, no necesariamente destacados por trabajadores, sino todo lo contrario, acostumbrados al “subsidio” para esto y aquello, se conformen con integrarse a un gobierno que ha prometido reducir sueldos burocráticos a menos de la mitad de los actuales, empezando por el mismo Presidente de la República -un Mandatario federal sin avión, en Tsuru-, piensen dejar lo mejor del pastel a quienes se coloquen en empresas, que tampoco muchos lo lograrían.

El cambio, la mudanza burocrática, si gana Andrés Manuel, viene como huracán fuera de temporada. Con las ideas “revolucionarias” del candidato de Morena, PES y PT al arrancar la administración no querrán dejar “piedra sobre piedra” de sus más despreciados antagonistas.

Los signos de revancha de la “izquierda”, aunque hoy ya no sea ni pizca de la de hace 30 años, son claros y evidentes. Olvidemos la Historia de 1988 hacia atrás. De ahí para adelante, empezando por el supuesto “robo” del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas.

Después los dos supuestos triunfos no reconocidos por el PAN y el PRI a quien hoy busca “la tercera y la vencida”.

Si los priístas sólo olieron mal para los panistas que arribaron a Los Pinos en el 2000, los panistas y los tricolores apestarán para la administración que viene con señales a “muro de Berlín”, con olor a azufre no de “mafia de poder”, sino de cofradía moscovita y bolivariana.

Tan sencillo es el asunto como hacer una lista de quienes dominan las sillas de principales colaboradores de López Obrador (para empezar, sus incondicionales, que no son pocos y, después, los ex funcionarios que, como en el 88, dejaron al PRI y al PAN porque con ellos no vieron realizados su sueños) para discernir que no dejarán rendija por donde puedan colarse los vencidos.

En la cesta del señor (AMLO) hay empresarios que vienen por todo porque desde hace tiempo ya no dieron para sí; ex dirigentes sindicales, intelectuales, escritores, familiares de políticos desahuciados, políticos mismos desechados y olvidados por el gobierno actual.

Digamos que en su momento el panismo no fue tan cruel con los priístas recortados, pero que los que esperan como turba que les abran la puerta de Palacio de Gobierno y les conviertan Los Pinos en parque para “cascaritas”, llegarían famélicos.

Para muestra un botón, ayer Carlos Urzúa, quien ha sido mencionado por Andrés Manuel como su virtual “secretario de Hacienda”, dijo que “creemos que es hora de tener sangre fresca”, y aludió a “una nueva perspectiva” en el Banco de México “una vez que expiren los periodos de sus miembros actuales”.

Cualquiera que pensara como López Obrador diría que hablar de “sangre fresca” suena a vampirismo. A chupar para vivir.

Me cuenta el politólogo y abogado experto en Derecho Legislativo, Arturo Ortega, que en su oportunidad, los propios José Antonio Meade y hasta Luis Videgaray, como secretarios de Hacienda, echaron a la calle a cerca de 100 mil burócratas de “carne y hueso”, aunque éstos fueron harina de otro costal distinto al que se avecina, si ahora sí, las encuestas atinan, que ante tanto margen de diferencia, si yerran, debieran cerrar el negocio.

Por lo pronto sabemos qué haría López Obrador con los jóvenes “ninis” a quienes ya anunció que les lanzará un salvavidas, pero ¿qué hará el sistema, el nuevo sistema, “revolucionado”, con los “ninis” del PRIAN?

 

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