El tono de la guerra Morena-PAN

Loretta Ortiz, la ubicua; las exigencias de Evo y los frijoles charros

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No hay nada como un buen juicio, duradero, digamos, algo así como que pase los dos años, para gobernar por cinco. Al menos eso, o lo debe estar pensando Jaime Bonilla o la denuncia de su equipo contra Francisco Vega le cayó como anillo al dedo. Así, aunque el alcance de su periodo esté en manos de la Suprema Corte, que pinta ya de cierto color.

Ahora que si, como dicen algunos “malosos”, el asunto va por el lado de la oportunidad de pegarle al partido que está poniendo piedras a Piedra (Rosario), el PAN, por aquello de no reconocerla como presidenta nacional de la CNDH, pues la cosa pinta como para un buen entre, como el que ya se cocina, por todas partes, entre el partido en el gobierno y la disminuida y única oposición, la panista.

Con el Asunto Bonilla-Vega se empata el Domínguez-Piedra; uno en Baja California; el otro en Querétaro.

Pero la controversia entre Izquierda y Derecha va en ascenso. Por el lado de Morena, Bonilla ya anunció que, además de “Kiko”, van contra José Guadalupe Osuna y Eugenio Elorduy, ahí mismo, en Baja California, mientras que por el PAN, en el desconocimiento de Piedra se han sumado Martín Orozco Sandoval, de Aguascalientes, y otros ocho mandatarios estatales del blanquiazul, además de la Asociación de Alcaldes del PAN.

 

LORETTA ORTIZ, LA UBICUA

Sin que nos lo diga el senador panista Damián Zepeda, ya todo México fue testigo de que el Gobierno Federal dio un paso más a la absorción casi total del Poder Judicial con la designación de las dos nuevas consejeras de la Judicatura Federal: Loretta Ortiz y Verónica De Gyves.

Antes de la votación, Zepeda, a nombre de su bancada, se pronunció “en contra de la invasión y control absoluto del Presidente Andrés Manuel López Obrador del Poder Judicial de la Federación”.

En el momento de la votación, el Mandatario federal observaba los últimos coloridos movimientos del Desfile por los 109 años de la Revolución Mexicana; miraba al frente; hacia nada en específico; sonreía a nadie, sino consigo mismo. En su mente, en una lista, colocaba otra palomita.

Porque lo interesante de la designación, de entre 100 aspirantes, no es, precisamente, la de Verónica de Gyves, como la de Loretta Ortiz, quien ante la oportunidad perdida para ser nombrada ministra, primero para sustituir a José Ramón Cossío y, después, a Margarita Luna Ramos, ya no fue incluida en la terna para la tercera opción que se abría para reemplazar a Eduardo Medina Mora. El embeleso era mucho.

Pero sí lo hizo cuando la oportunidad salió para cubrir una vacante en el Consejo de la Judicatura Federal. El caso es que Ortiz, dicen los “malosos” que andan sueltos, enfrenta un conflicto de interés por ser esposa del Fiscal Especializado para la Atención de los Delitos Electorales, José Agustín Ortiz Pinchetti.

El raspón de De Gyves es menor; sólo se sabe que formó parte del equipo jurídico de López Obrador cuando aún era candidato. Pero por si falta por ahí algún espacio por reforzar, el Presidente todavía tiene un cartucho por quemar en Celia Maya, quien junto con Ortiz ha formado parte de sus ternas para los cargos más solicitados en el Poder Judicial.

Maya es militante de Morena, fue candidata al Senado por su partido en 2018 y contendió, por el mismo, a la gubernatura de Querétaro. Zepeda tiene razón sobre “el control absoluto del Poder Judicial de parte del Estado mexicano bajo una sola visión…”. Para cualquier fin, el Presidente ya logró su “carambola a tres bandas”.

 

LAS EXIGENCIAS DE EVO Y LOS FRIJOLES CHARROS

Para otros “malosos”, el Presidente ¿derrocado? de Bolivia, Evo Morales, aprende rápido las tretas, perdón, las lecciones de sus consejeros morenos en México porque, dicen, como que su exigencia  de una Comisión Internacional de la Verdad sobre un eventual nuevo proceso electoral en su país suena más mexicano que los frijoles charros.

Y no es que la oposición mexicana de hace apenas un poco más de año y medio, léase la Izquierda, se la pasaba pidiendo comisiones de la verdad hasta por si se pronosticaba cambio de clima, pero suena a que el boliviano está sacando raja a su estadía en México.

Todo está bien si de lo que se trata es de evitar que el pueblo sea quien pague el pato (que no el ganso) por lo que algunos gobernantes llevan a cabo. Porque hasta el “chispazo” de que en la “auditoría política” a Bolivia, como también pidió Evo, participe el Papa Francisco suena extraño.

 

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