El TLC y el PAN… los errores se pagan

Francos, e irreversibles, signos de decrepitud del blanquiazul; dos acontecimientos desviaron el curso para trastocar su elevada misión partidista

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El PAN registra ya francos signos de decrepitud que parecen irreversibles. Para el caso, se vale hacer el balance en términos de conocer en sus casi ocho décadas de existencia, su incidencia positiva o negativa, en la vida pública y política de México, en relación con los parámetros de democracia, libertad y justicia social. Este balance se inicia con la valoración a partir de su finalidad de origen, como partido político independiente, de afiliación voluntaria, que contrastaba con el partido oficial (PNR-PRI) que dependía económicamente del gobierno y de las filiaciones obligadas a sus trabajadores y de los que pertenecían a las centrales obreras y populares, que conforman los miembros corporativos o sectoriales del partido que se mantenían en el poder.

Es obvio que así Acción Nacional aportó una alternativa democrática de participación política ciudadana individual y libre, que lo sitúa en la modernidad progresista de los partidos que emergían en Europa y América Latina después de la guerra. La segunda gran aportación fue el que en un medio político hiperideologizado, al grado de que las propuestas siempre radicalizadas caían en un dogmatismo maniqueo de exclusión a los contrarios, con intenciones hegemónicas, el PAN en cambio, generó una declaración de principios de doctrina que por encima de ideologías, postulaba la pluralidad de la sociedad y la libertad ciudadana a partir de ese reconocimiento para que, en la práctica democrática, se respetara e incluyera a todos los mexicanos con sus personales convicciones.


La tercera virtud de dicha organización política fue su insistencia por la congruencia o ética política, que lo obligaba a demostrar en la práctica lo que proclamaba en la palabra para evitar la demagogia. En otras palabras, hacer lo que se predica y si el propósito y la causa eran la democracia, ésta debía empezarse a vivir en su propio seno, por lo que tanto las designaciones directivas como las discusiones y aprobaciones de las plataformas políticas y sus propuestas básicas, debían ser abiertas y debatidas en asambleas verdaderamente representativas. En suma se trataba de no solo parecerlo, si no de ser un partido demócrata real y escuela de ciudadanos para hacer un país integralmente democrático en lo político, en lo cultural, en lo económico y en lo social.

Las décadas transcurrieron y el PAN sin subsidio económico iba logrando su propósito, crear conciencia ciudadana favorable a la conquista del derecho del mexicano a definir el rumbo del país y en el camino, logrando triunfos electorales contra toda una maquinaria electoral del gobierno nulificando el respeto de la libertad del voto. Los triunfos llegaron por la obtención de estos, en municipios, distritos, capitales de los estados y sobre todo, por situarse en la posición de verdadera fuerza político-electoral sin perder su independencia y, desde luego tener el peso de una oposición auténtica con una representación digna en el Congreso, que iba cumpliendo los objetivos de gobernar también desde el contrapeso crítico.

Dos acontecimientos desviaron el curso para trastocar la elevada misión partidista. El repliegue del PAN en el 88, lo hizo acreedor de un supuesto favorecimiento con el que consiguieron reformas constitucionales en la medida en que satisfacían a los neopanistas que habían ingresado a partir de la candidatura de “Maquío” Clouthier,  tanto con el otorgamiento de subsidios económicos, como la reprivatización bancaria, la extinción del ejido y otras parecidas que llenaban las expectativas de los que habían llegado a la tarea política con un proyecto pragmático de alcanzar las ventajas de la política al estilo priísta. Fue fundamental para ello la salida de los libros de Luis Pazos y Enrique Krauze, el primero sobre el “Estado obeso” y el segundo sobre “la democracia sin adjetivos”. Estos alentaron la participación de líderes empresariales y diversas cámaras para darle carácter de “eficiencia” a la política mediante el uso de recursos públicos y las técnicas mercadológicas necesarias para llegar al poder por el atajo de utilitarismo político.

A cambio se obtuvo la inclusión de dicho partido en la aprobación del TLC. Se superaron oposiciones internas de los que nos resistimos a dicho tratado y se nos tildó de “románticos de la soberanía” porque sosteníamos que el acuerdo global que nos sometería a un futuro era inadmisible. Se impuso y lo que eran acuerdos comerciales con Estados Unidos por sectores económicos competitivos que permitían un desarrollo progresivo en ello, se convirtió en una alianza global que incluyó la firma de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) lo que instantáneamente rompía los postulados de la política exterior panista contenida en sus Principios de Doctrina de 1939. Los que nos separamos teníamos ya el presentimiento de lo que lamentablemente ocurrió cuando los vecinos del norte regresan a la doctrina Monroe con Trump y reviven el supremacismo que hoy denigra a la patria y somete a nuestras autoridades a tratos de igual generó.

¿Hubiera sido posible una negativa del PAN al TLC? ¿Hubiera cambiado la decisión oficial? La posibilidad era incierta pero lo que estaríamos seguros no hubiese ocurrido es el darle la dimensión y el alcance de globalización que finalmente tuvo. El peso y oposición panista al menos podría haber rechazado el ASPAN y sujetar a un cálculo prospectivo el futuro del TLC para evitar la entrega gradual de nuestra economía a la vigencia de ese instrumento. Lo que se hace se paga, nadie podrá decir que las decisiones políticas sean intrascendentes.

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