El sismo que sacudió al sistema político

Necesario que se ubique en la posición de subsistencia y fortalecimiento que le está ofreciendo parteaguas

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Francisco Búrquez Valenzuela y la práctica de actuación de una función que perdió rumbo ante la esquizofrenia del poder

Con la bonhomía que le caracterizaba, y con la que siempre se identificó, el último ideólogo del panismo Carlos Castillo Peraza era un defensor a ultranza de lo que denominaba ciencia política.

Esa función de convivencia social a la que describía con su talante filosófico como la generadora de la esperanza, un espacio donde las ideas toman fuerza vital y generan consecuencias de alivio al dolo evitable que aqueja al ser humano.

Un arte invaluable para organizar el espacio público en el que todos convivimos, que desde 1929 a la fecha ha tenido más de 47 partidos políticos, que han evolucionado modificando sus siglas o, simplemente han desaparecido.

Agrupaciones políticas que, en el ejercicio de su representatividad, han tenido que padecer una participación testimonial, de comparsa, sometimiento y de cierta rebeldía, en el largo tránsito del partido hegemónico a la democracia actual.

Historias y construcción que nos sitúan actualmente con una pluralidad política de competencia, con sus nueve partidos políticos que se agitan, promueven, se reconstruyen y sobreviven para prevalecer en la plataforma del poder.

Transición democrática que no ha podido arribar al proceso republicano esperado, encasillada en muchos de los casos de mano de la oscuridad y la corrupción, de la ineficiencia y la omisión, cuyos protagonistas no han querido o no han podido sacudírsela.

Congregaciones políticas que han dejado de ser funcionales en su representación de la ciudadanía, alejándose de la sociedad que los descubrió, posesionó y eligió, generando altos niveles de desconfianza, pero, sobre todo, una evaluación negativa sobre su desempeño.

Una democracia que resulta onerosa e insultante por sus pobres resultados, generando una clase política de privilegios, a la que una sociedad pensante y demandante ya no tolera, máxime cuando se vive una situación de emergencia incuantificable, producto de la catástrofe producida por los embates telúricos que han sacudido el país.

 

ACCIONES FALLIDAS

Un gremio político que desde hace mucho tiempo vive enfrascado en la defensa de sus intereses partidistas y personales, sin poder construir los satisfactores de bienestar, equidad y justicia social que debieron de haber generado en el ejercicio natural de sus funciones, para una sociedad ávida de resultados tangibles.

Políticos y políticas fallidas, carentes de visión y compromiso social, que han sido subsidiadas financieramente de manera más que generosa, al grado que, al compararnos con regímenes autoritarios o democráticos, resultamos como la democracia y la política de las más caras del mundo.

Inversión pública con montos multimillonarios, cuyos dividendos se manifiestan con escaso margen de utilidad para el país, programándoles para el próximo año una dote presupuestal que cada elección se incrementa en su monto de asignación, en un claro deterioro en el espectro financiero de lo que se restringe o elimina por su causa.

Improductividad que se reproduce ante los embates de la naturaleza, convirtiéndose en oprobio, ante la imagen desoladora, desgastante, impactante, llena de impotencia y dolor de los afectados, revestida de los inevitables decesos, ante una tragedia interminable por sus efectos, que se padecen día y noche en muchas comunidades del país.

Mexicanos afectados, cuyo futuro no lo vislumbran en su pensar inmediato, ya que el escenario de destrucción les roba su razón y el espacio del tiempo, situándolos irremediablemente dentro de la tragedia que viven.

Ante tal eventualidad, resulta ofensivo, degradante y muy cuestionable, que con recursos públicos se siga mantenido una casta que no ha respondido al compromiso social e histórico con el que fueron seleccionados, y que para el 2018 tengan etiquetadas asignaciones multimillonarias que sólo han producido una democracia improductiva, para un pueblo que tiene que atender a sus muertos, sus desastres y pobreza.

 

AVISOS QUE NO SE ESCUCHARON

Sin hacer gala de dotes visionarias, pero sí de compromiso social, el senador por el Partido Acción Nacional (PAN) Francisco Búrquez Valenzuela, con antelación a la crisis de identificación política que se vive en tiempos de reconstrucción, alzó la voz sobre una práctica de actuación de una función que perdió rumbo ante la esquizofrenia del poder, señalando: “Los partidos están en peligro de extinción, la clase política representada en los gobiernos, congresos, en los tres poderes, están pasmados. Vivimos en una burbuja que es recreada por el dinero y los privilegios indebidos que nos hemos dado”.

Trascendiendo más allá de las declaraciones, presentando una iniciativa para eliminar todo financiamiento público a los partidos, como una manera de reencontrar la política con la sociedad, propuesta que en su tiempo fue desechada de origen y remitida a la congeladora legislativa.

Orto ofrecimiento a tiempo para recomponer el escenario político, emanó de César Camacho Quiroz, en ese tiempo dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien a nombre de su bancada propuso la eliminación de 100 diputados federales y 32 senadores plurinominales, con el objetivo de generar economías para una función que ya no representa a la sociedad.

En este abono de restauración, no puede pasar inadvertida la iniciativa ya consolidada a nivel local del diputado independiente de Jalisco Pedro Kumamoto Aguilar, con su procedimiento de asignación financiera pública  establecido bajo el sistema denominado #SinVotoNoHayDinero.

Otra proposición de reconstrucción política de muchas que se han presentado y desoídas la mayoría, fue la del panista Ernesto Ruffo Appel, quien desde el púlpito del Senado exhortó: “Debe construirse un nuevo paradigma político, pues el actual murió agotado en la corrupción que ha invadido toda la vida pública gubernamental”.

 

LA RECONSTRUCCIÓN POLÍTICA

Sin lugar a duda, los movimientos telúricos del 7 y 19 de septiembre pasado, más los estragos por los ciclones de esta temporada, han puesto a prueba la subsistencia de México, sacudiendo sin proponérselo al sistema político nacional.

Un aparato de representación cívica y social que se fue fortaleciendo grupalmente en la transición democrática, descuidando la esencia de su postulación: Servir a su sociedad.

Una sociedad que ya no se controla con dádivas, prebendas, factores emblemáticos de ideología o cultos a la personalidad, y, que hoy, irrumpe, respaldada por su razonamiento, inundando las redes electrónicas como su elemento de defensa y representación, cuestionando y calificando las acciones y resultados de la clase política que la representa.

 

EL GRITO DE RECOMPOSICIÓN

No es fortuito o consecuencia de la tragedia que se vive, que un cúmulo de voces de la sociedad, de diferentes estratos, género y afiliaciones de todo tipo, en una voz unificada se una para solicitar un reparo en su actuación, y un deslinde de los subsidios públicos que se les otorga para sus funciones a los partidos políticos.

Sus resultados, sus acciones, pero sobre todo su falta de compromiso social y su escasa transparencia en el manejo de los recursos financieros y los que les concede el poder público, los han convertido sin excepción de colores, en una fallida representación, en la que ya, muy pocos creen.

Crisis de credibilidad, que se ha transformado para que poco a poco la voz de reclamo se vaya reforzando e incrementando, para solicitar ya en exigencia inevitable, el acotamiento y hasta la conclusión de las aportaciones públicas para las representaciones políticas: Una demanda que ya es irrefrenable.

 

ABANICO DE SOLUCIONES

En una manifestación por posesionarse sobre la tragedia, en un proceso de recomposición y de sobrevivencia ante el embate masivo de una sociedad plural demandante, los representantes de los partidos políticos se han pronunciado con un abanico de soluciones legales, pragmáticas, benefactoras, fuera de normatividad, con tintes promocionales; para justificarse y congraciarse, renunciando a las aportaciones que reciben del erario público, con diferenciales de montos que oscilan de una parcialidad hasta el límite de asignación.

Con su característico actuar, sin llegar al consenso que se espera de ellos en época de dificultades, se siguen manejando con una postura partidista e ideológica que la sociedad ya no les acepta, olvidándose que estamos ante una emergencia nacional, no una competencia electoral.

 

PARTEAGUAS

El resultado de la desatención ciudadana, la ineficiencia y corrupción en la gobernanza que han desempeñado, invariablemente se orienta a un castigo financiero para los partidos políticos y la parte gobernante del país.

Las representaciones políticas deben ubicarse en la posición de subsistencia y fortalecimiento que les está ofreciendo el parteaguas político promovido indirectamente por los sismos.

Si no se recomponen y empiezan a conquistar a la sociedad abandonada, se sacuden del estigma de corrupción y abuso de privilegios que los rodea, demuestran compromiso social y eficiencia en sus tareas, el coraje social que prevalece, se podrá traducir en el resquebrajamiento del sistema político que nos regula actualmente.

Los partidos políticos para sostenerse deben cambiar a partir de hoy, no deben llegar con promesas de campañas, por que estarán nulificando su presencia.

El hartazgo social frente a los partidos se traduce en insultos y juicios sumarios que ya nadie detiene.

Acciones estratégicas con mucha esencia política deberán desarrollarse, y esperar su aceptación con paciencia, recomponiéndose continuamente, ya que el movimiento telúrico, no solamente sacudió la orografía nacional, sino que modificó el escenario político nacional, que desde hace tiempo se sostenía con soportes endebles.

 

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