El ‘seppuku’, a plazos, de AMLO… ¿Y dónde quedó la bolita?

Señores ‘conservadores’, ‘vociferantes’: ¿A poco dentro de seis años será muy difícil eliminar una carta ‘caduca’ que ya no va con el ‘altísimo’ nivel de vida de los mexicanos, y el codo a codo de México con EU, China, Noruega, Suecia?

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Hacerse “harakiri” es cuestión de honor, dicen los vivos que tratan el tema. Así, se convierte en el suicidio más consciente.
La determinación final y práctica es “no caer en las manos del enemigo”.
No sé qué pasaría por la mente del Presidente Andrés Manuel López Obrador cuando ayer, después de posponerla dos veces, por fin firmó la carta en donde se compromete a no reelegirse en el 2024 y para que sus adversarios, que “vociferan”, permitan que en el 2021 su rostro aparezca en las boletas electorales y el pueblo sabio lo someta a la Revocación de Mandato.
La carta no es póstuma, sino prorrateada. Al fin que para el 2024 falta un chingo.
Con el documento, el Presidente se quita de encima, al menos por tres años, a los montoneros que reprochan que en su pensamiento se pasee la idea de reelegirse y de ir pavimentando el camino paso a paso.
En la redacción del texto, como en todas sus conferencias “mañaneras”, López Obrador no desaprovecha la oportunidad de embarrar la cara a quienes odia con odio jarocho, bueno, tabasqueño.
Porque, la verdad, si pudo firmar un documento de cuartilla y media, por su cabeza, seguramente, pasaron libros completos.
Los honrosos samuráis aguantan, hacia su interior, el océano de sollozos y lamentos, y, si acaso, sólo una lágrima rueda por su rostro en el momento en el que el acero funde su frío con el ardiente tejido de la carne. A eso se le llama resquemor.
Creo que más allá de los plazos que cada Constitución de cualquier país considere prudente que deban durar sus Jefes de Estado (en Estados Unidos, el plazo son cuatro años, con opción a una reelección continua), en la mente de quien inicia una revolución-transformación silenciosa, es decir, sin armas, pero con toneladas de discursos, debe estar la presencia intemporal. Lo cual me parece sensato.
En días pasados, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, firmó su registro para buscar su cuarto periodo consecutivo. Claro, “si el pueblo quiere”.
¿Por qué sujetarse a una regla cuando el país (otorgando el beneficio de la duda) se está convirtiendo (suponiendo que así ocurra) en una de las “potencias económicas mundiales”?
Esa, quizá, es la traducción de parte de la dura y rencorosa carta firmada ayer por el Presidente. ¿Por qué no, para conservar el honor, abstenerse de recriminar?
Me hago “seppuku” (a plazos), pero… “mis adversarios políticos, los ‘conservadores’ que creen que soy como ellos, porque su verdadera doctrina es la hipocresía, vociferan que la propuesta de someterme a la Revocación de Mandato encubre la intención de reelegirme en el 2024”.
Y anoto mi casi epitafio: “… Que el país no retroceda a los inmundos y tristes tiempos en que dominaba la mafia del poder”.
Leyendo la carta me salta una duda, ¿qué tan real será la “katana” y qué tanto el “harakiri”?
En cuartilla y media no es tan difícil encontrar algunas “bolitas” (¿dónde quedaron?).
El documento, seguramente, lo revisó decenas de veces, y hasta algunos de sus más conspicuos colaboradores o abogados. ¿O quizá hasta Santiago Nieto, por si las dudas?
La primera bolita:
“Ciertamente, fui elegido para ejercer la Presidencia durante un sexenio, pero, según nuestra Carta Magna, el pueblo tiene, en todo momento, el derecho de cambiar la forma de su gobierno; es decir, el pueblo pone y el pueblo quita”.
Ojo: “En todo momento”.
“Sepan, pues, con todo respeto, señores ‘conservadores’, que abandonaré la Presidencia en el día preciso que marca la máxima ley, la ley suprema, y que en el 2024 me iré allá, por Palenque”.
Otro ojo: “Señores conservadores”. Se lo dice a los “conservadores”, no a los 30 millones que votaron por él o al pueblo sabio. Y si los “conservadores” le valen queso a la Historia “transformadora” de México.
¿A poco dentro de seis años será muy difícil eliminar una carta “caduca” que ya no va con el “altísimo” nivel de vida que tienen los mexicanos, y el codo a codo de México con EU, China, Noruega, Suecia?
Yukio Mishima, el gran escritor japonés que resolvió sus tormentos aplicándose el “seppuku”, luchó siempre por conceptos de poder que consideraba indispensables e imprescindibles, y entre varias de su últimas declaraciones dejó esta: “El emperador es necesario como símbolo del absoluto”.
Y se fue.

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@RobertoCZga

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