El reto de la economía mexicana

El país no puede darse el lujo de no crecer

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Carlos Urzúa. Inaceptable titubear

Los detonadores de una estrategia de alto crecimiento sostenido e incluyente son dos: 1) La voluntad política, pública y expresamente comprometida por el más alto liderazgo de la nación, secundado por compromisos de todos los sectores económicos y sociales, para alcanzar tasas de crecimiento económico suficientes para eliminar la desocupación masiva estructural en no más de dos décadas, incorporando a toda la fuerza de trabajo “excedente” en ocupaciones productivas, y, 2), la reactivación de una economía estancada mediante la inyección de flujos masivos de inversión extranjera directa que incorporen innovación y que vinculen a industrias, sectores y regiones de la economía mexicana con la demanda por servicios y productos generada por los sectores, industrias y regiones más dinámicos de la economía global. Urge que tanto el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, como su gabinete y los dirigentes empresariales formales expresen,  públicamente, un compromiso claro y creíble con una meta de crecimiento alto y sostenido.

Estos son los motores de arranque, pero no bastan, por sí solos, para lograr que el alto crecimiento sea sostenible e incluyente. Para conseguirlo es indispensable que a los sectores e industrias líderes se vincule, como proveedores de insumos y de diversos bienes y servicios, un gran número de empresas, hasta integrar amplias cadenas productivas interconectadas que permitan que el alto crecimiento se generalice y se vuelva incluyente.


Todo esto no ocurrirá con la agilidad necesaria si desde el gobierno federal y los gobiernos locales no se despliega, ya, un esfuerzo para facilitar el surgimiento de nuevas empresas y el resurgimiento de las existentes. De esta manera se crearán condiciones adecuadas de competencia económica y eliminación de requisitos y formalidades innecesarias y onerosas, para así eliminar las barreras de entrada y las complejidades burocráticas que inhiben el talento emprendedor de los empresarios mexicanos, sobre todo de los medianos y pequeños.

El otro gran requisito para que el alto crecimiento se generalice y se vuelva incluyente es que el crédito y el financiamiento, en todas sus modalidades, fluyan, con agilidad, hacia las actividades productivas, sobre todo hacia las empresas medianas y pequeñas, y hacia las más innovadoras, que, en general, son, coincidentemente, las que más ocupación generan por unidad de inversión. Para que esto suceda es indispensable reducir, hasta su mínimo indispensable, los requerimientos financieros del sector público, a fin de que la emisión de bonos de deuda pública se delimite y deje de absorber la mayor parte del ahorro confiado por el público al sector financiero. Sólo de esta manera el crédito y el financiamiento volverán a estar disponibles para las inversiones productivas de las empresas. Este esfuerzo deberá ser desplegado, sin titubeos, por Carlos Urzúa desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Si se cumplen los dos elementos estratégicos arriba citados, el  regulatorio y el financiero, el dinamismo del crecimiento podrá generalizarse para llevar oportunidades y bienestar a todos los mexicanos. Sólo así generaremos una economía plenamente moderna en una sociedad integrada y sin extremos en la que se puedan hacer realidad las promesas que motivaron el veredicto de las urnas en el 2018.

La tarea más importante que aún resta cumplir al gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto es la de preservar y entregar al gobierno de AMLO una economía estable y en condiciones de retomar el crecimiento sostenido e incluyente lo más pronto posible. Esto significa  seguir conduciendo  la política económica nacional, en todas sus vertientes, con la responsabilidad y la eficacia necesarias para preservar la estabilidad macroeconómica y sentar las bases para recobrar el crecimiento.

Con tantos jóvenes y tantos pobres, México no puede darse el lujo de no crecer. La economía de México puede alcanzar un ritmo de crecimiento de  alrededor de 2.4-2.5% en el 2019 a pesar de los vientos en contra y de la turbulencia generada por la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Lo que México necesita hacer es distinguirse de otros mercados emergentes, y la forma de hacerlo es tener un marco macroeconómico consistente y congruente. Una de las preocupaciones importantes para el Banco de México es la depreciación del peso, principalmente, por los efectos que esto puede tener en el comportamiento de la inflación. Por ello es hora de que el presidente electo ponga el ejemplo a todo su equipo para dejar atrás la retórica incendiaria de su larga campaña tras el Poder Ejecutivo, que ya ganó. Ahora le corresponde hablar y comportarse como el jefe de Estado que muy pronto será. Los hombres de empresa parecen dispuestos a confiar en él. El pueblo espera mejores oportunidades de ocupación productiva y bienestar. No debe fallar.

 

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