El PRI, unidad, ni en la desgracia

Quien gane para dirigirlo a partir de agosto, entre Ivonne Ortega, Lorena Piñón y Alejandro Moreno, sería el transcriptor de las últimas palabras que acompañen al partido de las ocho décadas

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Cierto que los debates son para confrontar ideas de cara a un objetivo, pero el de anoche (el primero de dos), entre aspirantes a dirigir el otrora partidote, el PRI, no obedece a las circunstancias políticas actuales.
Lo notorio es que o no se dan cuenta, que lo dudo, o, de plano, hay una fuerte conspiración para, de una vez por todas, colocarle su epígrafe. Quien gane para dirigirlo a partir de agosto, entre Ivonne Ortega, Lorena Piñón y Alejandro Moreno, sería el transcriptor de las últimas palabras que acompañen al partido de las ocho décadas.
El primer paso es aprender a graznar. Pero antes deben dejar de pelear. Es decir, el partido que por antonomasia cargó con el compromiso de unidad, ahora, ni en la desgracia se ocupan de ella.
Uno de los tres aspirantes, el campechano (que para algunos, en el sentido contrario al gentilicio, no lo es tanto), parece ir avanzado en el sendero de la oca.
Anoche, en el encuentro en el que desentonó la veracruzana Piñón- la verdad, aunque duela- se repitió el mismo panorama de cuando se registraron las fórmulas para contender. El duelo pasó sin pena ni gloria, a pesar de que Ortega y Moreno se agarraron a sartenazos. El tricolor ya no hace ruido; ya no jala los reflectores mediáticos. Para qué, en qué sentido, si los discursos y las reyertas son las mismas.
Y es que el PRI se ha venido desinflando paulatinamente. Vaya, sólo falta, y no sería mala idea, que Ortega terminara dimitiendo en favor de “Alito”; así cuando menos veríamos qué tan novedoso es lo que trae entre manos el más mencionado como favorito para retomar las riendas del tricolor.
¿O alguien espera que, el 11 de agosto, la triunfadora sea Piñón?
En el pasado registro de fórmulas, en junio, se dieron dos movimientos que aniquilaron la seriedad tricolor en cuanto a un posible milagro para que, de perdida, diera señales de mover una patita, el retiro de unos de los candidatos que daba algo de fortaleza al proceso, el del doctor José Narro, pero también el desacreditado papeleo de Ulises Ruiz que lo dejó fuera por default.
En menos de un mes, el PRI tendrá al sustituto de Claudia Ruiz Massieu en la cabeza del partido, pero el panorama pinta de película de terror, a menos que quien gane saque de su manga una vara mágica o se ponga en manos de los chamanes que por ahora acapara la Cuarta Transformación.
El pasado 4 de marzo, el PRI cumplió 90 años, fecha que desde el 2018 ya era cabalística a partir de la macro derrota electoral de aquel 1 de julio.
El onomástico de este año fue un verdadero velorio.
Quizá hoy, algún medio de comunicación se acuerde de que el PRI fue grande y merezca, siquiera, una mención en portada o en el resumen de notas en radio o televisión.
Pero nada vale; enfrente tienen una morena muralla que les llevará años o sexenios escalar.
Ya con las grandes figuras en fuga, que todavía daban la cara hace algunos meses, la pregunta es obligada, y más porque todavía les quedan ganas de un segundo debate; ¿qué pelean Ortega y Moreno?
Esto cansa, y me canso…

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