El poder y la salud de los presidentes en los 70 años de Impacto, La Revista

Recientemente y, para ser más exactos, desde la Alternancia, el estado físico de los Jefes del Ejecutivo se ha erguido en un tema tabú

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Nací en 1959, 10 años antes que se fundara y apareciera el primer número de IMPACTO, La Revista que este domingo cumple 70 años.

Por obvias razones no supe de su existencia hasta pasados otros 10, y eso cuando en las peluquerías antes de pedir al de las tijeras o la “maquinita” un “corte natural para el niño”, mi padre y casi todos los que llegaban a “hacerse el pelo” se entretenían con un ejemplar de IMPACTO, allá por los 70s.

Para un chamaco, encontrar, aunque sea de vistazo, casi una enciclopedia de información semanal era un mundo interesante. Bueno, al menos para mí lo fue.

¿Qué era aquello que mostraba a hombres con traje hablando de lo mismo que se habla hoy, casi tres cuartos de siglo después, “sacar al país de la pobreza”; que festejaba que México había encontrado ya el camino hacia su primera “bomba atómica”; que resaltaba los todavía cercanos hechos de la Revolución Mexicana y sus grandes protagonistas, porque el país todavía olía a pólvora; que narraba las andanzas en el país de un hombre que, junto con Fidel Castro, llevarían a Cuba a un futuro inquietante, Ernesto, “El Che”, Guevara; que contaba la llegada una, dos y tres veces, a la Luna; que incluía su novela semanal que todo mundo seguía intrigado, pero, además, nos agradaba la pupila con fotografías, primero, de las entonces rumberas y luego de las actrices de la época?

Desde entonces y durante muchos años, IMPACTO fue la publicación de sitios de reuniones como barberías, kioscos, lugares para lustrar zapatos, oficinas de gobierno, de correo y todas las salas de espera que se pueda imaginar. La leía desde el gendarme hasta el funcionario. Era la favorita de políticos como de escritores (tanto para criticarla como para elogiarla, porque nunca se es santo de la devoción de todos), deportistas, obreros. Su contenido no encajonó nunca un solo tema y una sola dirección, ni filosófica, ni sentimental, ni ideológica. Tuvo y ha tenido colaboradores de Derecha, Izquierda y de ni una u otra. En sus páginas has desfilado infinidad de plumas de todos los colores y sabores.

Su mejor ingrediente, eso sí, ha sido la política. Buen tino, pues en México, como en el mundo, todo gira en torno a ella. Y la política con un poco de frivolidad, aventura, asombro, arte y latidos de corazón, hacen un buen coctel que, unido a la buena sazón, se deleita.

Para entonces, mi incipiente atracción por la información todavía no detectaba ninguna “maldad” ni suspicacia sobre alguna pretendida intención ideológica en quienes escribían.

Durante siete décadas, IMPACTO ha competido con otras grandes revistas políticas. Durante etapas distintas, no podemos dejar de mencionarlo, sus portadas, que fueron hito, eran el mejor escaparate de notas científicas, culturales, de Historia, de entretenimiento y, por supuesto, como ya dijimos, de la belleza femenina.

Un dato que puede dimensionar las siete décadas de IMPACTO es que en sus páginas han desfilado 13 sexenios, 13 Presidentes de la República, desde Miguel Alemán Valdés, hasta el décimo tercero que recién inició su gestión el pasado 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador.

Hoy quienes nos mantenemos en el barco, podemos decir que hemos participado, desde el papel, la tinta y las palabras, en los cambios históricos de México.

Parte importante la absorbió el PRI, partido que hasta el 1 de julio de 2018 dejó de ser el poderoso de antaño para convertirse en leyenda.

IMPACTO solo narró y mostró lo que acontecía en las esferas políticas de México. Así puso ante sus lectores, al menos desde donde alcanzo a recordar, el gesto adusto de un Gustavo Díaz Ordaz; la mirada retadora de un Luis Echeverría Álvarez; el entusiasmo desbordado, pero retórico, de un José López Portillo; la impasible imagen de un Miguel de la Madrid Hurtado; la crujiente gestión de Carlos Salinas de Gortari y, por vez primera, un intento de “ruptura” política en el país hacia nuevas estrategias, pero que metió al priísmo, desde la Revolución Mexicano o, al menos, desde su fundación como partido, en un abismo del que ya no pudo salir.

Lo remató la administración de Ernesto Zedillo. Hubo un impase con Enrique Peña Nieto, pero la suerte estaba echada. Vicente Fox inauguró la histórica Transición que dio inicio a una efímera permanencia del PAN en el Poder, que se completó con la llegada a la Presidencia de Felipe Calderón. Y todo, puntualmente, como imagen de fotografía, está en los tomos de IMPACTO.

Desde antes del año pasado, una nueva era se fraguaba no sin el asombro de unos y el entusiasmo de otros. México enfrentaba desde el último de los grandes hechos más dolorosos, el crimen de Luis Donaldo Colosio, en 1994, una urgencia de cambio en la visión de futuro del país, viniera de donde viniera, y de parte de quien fuera.

Lo importante era ya romper con la inercia del cambio sin cambio. La ruptura se acercaba.

 

ENTRE EL SUSTO Y EL MÉDICO DE CABECERA

Pero IMPACTO seguía siendo la misma publicación de siempre. A ninguno de los 13 Presidentes se le ocultó, ni se le ha ocultado, su lugar.

El periodismo ni es tribunal, ni judicatura, ni es convento (y menos de arrabal); ni debe ser escuela de ideologías.

En los últimos 70 años nos han gobernado Presidentes que, como sus gobernados, son humanos, y no están exentos de “achaques”.

Recientemente y, para ser más exactos, desde la Alternancia, la salud de nuestros Presidentes se ha erguido en un tema tabú. En algunos de los casos incluso ha habido quienes ante alguna situación imprevista han echado mano de la Constitución para, añadiendo ingredientes de oposición a su gestión, pedir que deje el cargo o sea sustituido, “en bien de la Nación”.

El asunto viene a mención para hablar un poco de lo que también ha estado en las páginas de IMPACTO, La Revista, y en el caso tal vez especial de quien nos gobierna ahora, que en diciembre de 2013 fue sometido a una cirugía de corazón por un infarto, y a pesar de ello mantiene una actividad diaria de trabajo que a cualquiera le parecería intensa.

Después de colocarle un “stent” o endoprótesis para mantener abierta una arteria, el entonces apenas aspirante por tercera vez a la Presidencia de la República tomó las cosas con filosofía.

Pero advirtió, como se lo repitió a IMPACTO la semana pasada: “Padezco de hipertensión arterial… pero estoy al 100 (por ciento)”.

Tres años después de la cirugía lo dijo claramente. “Soy hipertenso, me tengo que tomar unas pastillas, un coctel de pastillas diarias para que no me aumente la presión y que yo no me enoje, que no me hagan hacer corajes los de la ‘mafia del poder’”.

“Se me obstruyó la vena principal del corazón. Le dicen “la deja viudas”, no fue cualquier cosa. Me dejaron bien”.

Las preguntas al Presidente fueron dos relacionadas con el Poder y la Salud, porque una requiere de la otra, y en política ambas cosas son dependientes una de la otra, y más cuando se tiene la responsabilidad de ser el líder de un país.

“¿Qué se hace con el poder?”, se preguntó para responder.

“Lo fundamental es servir a los ciudadanos, a los semejantes, servir al prójimo, el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás. Lo otro es fantochería, prepotencia, no tiene validez.

“Eso es para los que no tienen convicciones, no tienen ideales, no tienen principios. El poder sólo se justifica si se pone al servicio de los demás, de la sociedad en su conjunto”.

Citó a Daniel Cosío Villegas en El estilo personal de gobernar: “Entender que el poder es humildad”.

Nada de prepotencia, nada de autoritarismo, la fuerza de la razón. Con “Y dicen también, hablando del poder, que cuando no hay ideales, no hay principios, el poder atonta a los inteligentes y a los tontos, por no decir otras cosas, los vuelve locos”.

¿Nunca ha considerado usted que ha utilizado el poder político excesivamente?, se le cuestionó.

“No, nunca.

“He ejercido mis libertades, eso sí, a plenitud, porque siempre he pensado que la libertad no se implora, se conquista”.

Sobre su cirugía, dijo: “Yo tuve la suerte de que a mí me dio el infarto aquí, en la Ciudad de México, a 15 minutos de un hospital, y por eso lo puedo contar”.

¿En cuanto a su ritmo de trabajo?..

“Ayer (el lunes pasado) vi a quien me atiende y (revisamos) todo, electrocardiograma y análisis. Allá en la casa de ustedes me hacen el favor de irme a tomar sangre a las 5:00 de la mañana para los análisis. Y al 100 (por ciento en salud).

“Todo esto aprovecho para decirlo, porque luego piden información de que cómo estoy de salud, hasta les puedo dar los resultados de los análisis. Estoy muy bien, entonces al 100”.

López Obrador dijo algo importante que también tiene que ver con su ritmo de trabajo y, por ende, su salud.

“Yo tengo el compromiso de entregarme, de consagrarme a esta causa mientras viva.

Un poco mi angustia, mi ansia es el tiempo, porque no me voy a reelegir por cuestiones de principios, de ideales.

“Aparentemente son seis años, bueno, ya no son seis años, también aclaro. Yo no voy a terminar a finales de noviembre como terminaban los otros presidentes… yo termino a finales de septiembre, pero eso es poco.

“… Tengo que estar pendiente porque si me voy de vacaciones, avanzan los ‘conservas’ en su plan de impedir que se lleve a cabo la (Cuarta) Transformación”.

¿No es una obsesión estar al tanto de todo, contra la salud?, se le insistió.

“No”, reiteró, ”es que estoy muy bien de salud, estoy al 100”.

El Presidente dijo a IMPACTO que para él recorrer los pueblos es reconfortante y saludable porque lo disfruta.

“Estoy bien. Cuando puedo me escapo, aunque no les guste a algunos que yo me vaya un rato al béisbol.

”Estoy muy bien, muy a gusto, muy feliz… La gente me está ayudando a empujar el elefante reumático y mañoso, que ya está caminando, que está dando los primeros pasos”.

En cuanto al Poder ejercido y la salud de los anteriores Presidentes de la República, de lo primero dan cuenta los resultados de la elección del 2018; la gente mostró su decepción. Fue de tal grado el impacto de lo ocurrido aquel 1 de julio que hasta la efímera imagen de los “independientes” fue echada por la borda.

En cuanto a lo segundo, a Enrique Peña Nieto lo sometieron en dos ocasiones a cirugías en 2013 y 2015, una a causa de nódulo tiroideo y otra para extraerle la vesícula biliar.

Felipe Calderón fue intervenido en 2008 a causa de una fractura de hombro que se provocó cuando paseaba en bicicleta por el entonces recinto presidencial de Los Pinos.

Vicente Fox fue operado de la espalda en el 2003 por una hernia discal, además de que se cuenta mucho que tomaba Prozac. Hace algunos años, la Rota Romana, el tribunal eclesiástico más alto de la Iglesia católica después del Tribunal Supremo de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, lo declaró con serios padecimientos de “trastorno psicológico y de personalidad”, tras evaluarlo a raíz de solicitar la anulación de su matrimonio con Lilián de la Concha para casarse con Marta Sahagún.

Se cuenta que Porfirio Díaz padecía dolores de encías y sordera.

Iniciando su administración, Adolfo Ruiz Cortines fue operado del apéndice.

Adolfo López Mateos padecía aneurismas.

En 1997 a Zedillo le practicaron una microcirugía en la rodilla derecha.

Quizá entre los que aparentaban mayor integridad física en las últimas siete décadas están José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari, pero quien sabe. De Miguel de la Madrid hay duda, pues, mito o leyenda, hay quien dice que con el sismo de 1985 su asombro fue tal que el impacto le impidió ser más versátil.

En fin, el pasado se ha superado o no ha llegado a mayores. Importa el futuro. Sobre todo ahora que la pretensión es crear un México nuevo eliminando las huellas del pasado; enderezando el país poniéndolo de cabeza. Eso sí manteniendo las instituciones que sería imposible sustituir. Esas se quedan, ahí no hay reproche.

Rumbo al siglo, encomienda que seguramente otros proseguirán dentro de poco, IMPACTO continuará dando santo y seña de los acontecimientos que marcan a México y al mundo.

De seguir la senda de quien nos gobierna. De su Poder y su salud.

¿Salud?

Sí, por cierto, ¡salud!..

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@RobertoCZga

 

 

 

 

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