El poder trastorna a Morena en los congresos; rebasa al priísmo

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Por ahí alguien graznó calificando de “chavismo” la autoritaria medida de Morena en Veracruz que separó “temporalmente” del cargo de Fiscal General del estado a Jorge Winckler.
El asunto se dio por allá, lejitos, casi repitiendo el mismo método de “agandalle” que en Baja California con el regalo, que aún puede revertirse, de tres años a la gestión del morenista Jaime Bonilla para que en lugar de dos gobierne cinco.
En Baja California, Morena, sin mayoría, maniobró y fue “bondadoso” con legisladores del PAN y PRI para violar un acuerdo firmado meses antes. En Veracruz sí impuso su aplanadora para quitarle al Gobernador morenista, Cuitláhuac García, una piedra en el zapato.
Aunque Winckler se defendió aludiendo a que la permanencia en su cargo, que se supone autónomo, es cosa federal, Morena impuso “ipso facto” a su sustituta. Es decir, sacó el librito y aplicó la ley del “me canso, ganso”.
Lo crítico, y hasta abominable, diría yo, que me la paso graznando, es que, por si las moscas, Morena sacó de su hondo pecho su ADN “vanguardista” (y, sí, casi “chavista”) y mandó rodear la sede de la Fiscalía General, ubicada en Xalapa, con miembros de la Policía estatal y la Guardia Nacional, además de mantener vigilado el edificio con helicópteros sobrevolando la zona. Bolivarianos, bolivarianos.
El asunto nos va diciendo también como para qué más podría servir la Guardia Nacional. Poco a poco podría ir tomando su rumbo.
El caso del poder de Morena, que se lo ganó a pulso ante la inutilidad de las administraciones anteriores y de la soberbia de sus partidos, es que lo está embelesando y desquiciando, al grado de repetir su esquema de imposición aquí y allá, como mucho tiempo lo hizo el priísmo.
A un año de asumir como partido dominante tanto en el Congreso nacional como en los locales, ya no sólo sus actos y medidas muestran un autoritarismo evidente, sino que comienza a enquistarse.
No sólo son los casos de Baja California y Veracruz. En Quintana Roo también cantan las sirenas. Ahí, con tal de mantener el poder y control del Congreso local desaparecieron la Junta de Coordinación Política y crearon una Gran Comisión.
Pero lo más burdo ocurre en el Congreso Nacional, donde -en el colmo de su soberbia se pelean hasta ellos mismos (Martí Batres y Ricardo Monreal en el Senado)-, en la Cámara de Diputados, también por la disputa de la Mesa Directiva, casi logran llevar a cabo una treta parecida a la de Quintana Roo.
Los morenazos querían seis meses más para que Porfirio Muñoz Ledo permaneciera en la silla de San Lázaro dándole al martillo cuando ya existía un acuerdo de que al año tocaría la presidencia al PAN.
Entonces dijeron que no; si ellos son los poderosos deberían ampliar su presencia en la Mesa Directiva e intentaron modificar la Ley Orgánica del Congreso General.
Cierto que la sapiencia de Muñoz Ledo ayudó a calmar en algo los ánimos al hacerse a un lado este martes. Sin embargo, la señal fuerte, y final, la dio el Presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia “mañanera” al calificar de “vergüenza” la intentona de Morena.
“Un partido, porque tiene mayoría, no puede aprovechar para modificar una ley en beneficio personal, beneficio de grupo, en beneficio de una fracción; eso es un retroceso… No voy a meterme, pero era una vergüenza”, dijo en respuesta a una pregunta y el comentario de “serenos, morenos” llegó rápido a su destino.
Morena aguantó vara; acató; aceptó no modificar la ley; permitirá que el PAN presida la Mesa Directiva, pero no sin antes hacerle “bullying” a los panistas y rechazarles dos propuestas de candidatos para sustituir a Muñoz Ledo.
Y si enderezando lo que su partido hacía en San Lázaro cubría en algo lo que aplicaba en Veracruz, pues ya era ganancia.
En el caso Cuitláhuac-Winckler criticó los nombramientos pasados de “fiscales a modo”.
“…Propuestos por los Gobernadores para que les garantizaran impunidad y eso está perjudicando mucho, el que haya una intromisión en las labores de justicia de grupos de intereses creados, intereses políticos…”, dijo.
Sobre Quintana Roo, el Presidente no ha dicho nada, pero la tónica es la misma.
Hace mal Morena con “emborracharse” con el poder, y así qué caso tiene una transformación tan maldita como el “neoliberalismo” que critican.
Bueno, a graznar a otra parte. Ya me cansé.

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