COP 21 y el imperio de los intereses petroleros

Los compromisos adquiridos por los representantes de los gobiernos serán sometidos a la aprobación de sus respectivos órganos legislativos

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En la COP 21 se hizo patente el imperio de los intereses petroleros

En la primera decena del mes de diciembre del año pasado, los gobernantes de 195 países se reunieron en Paris para asistir a la XXI Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático (COP 21).

Repentinamente desaparecieron las frenéticas resistencias de poderosos grupos empresariales de Estados Unidos, China y Europa, que calificaban de catastrofistas a los pronósticos de los científicos postulantes de los riesgos del cambio climático.

Despojados de la presión empresarial, los jefes de gobierno y presidentes (encabezados por Obama y Putin), finalmente acudieron a esta reunión mundial para asumir compromisos tendientes a reducir las emisiones de gases efecto invernadero en escala suficiente para prevenir el advenimiento de una catástrofe climática a finales de este siglo, para lo cual será preciso reducir las emisiones de dióxido de carbono entre un 40 y 70% en 2050 y suprimir las emisiones adicionales a la atmósfera a finales del siglo.

 

AMBICIOSO OBJETIVO

Está muy extendida la opinión de que alcanzar este ambicioso objetivo entraña cambios de dimensiones dramáticas en las formas de producción, en los transportes, en los hogares y en la vida cotidiana.

Los compromisos adquiridos por los representantes de los gobiernos serán sometidos a la aprobación de sus respectivos órganos legislativos; cuando se hayan reunido los votos de 55 países que en conjunto están emitiendo el 55% o más de los gases de invernadero, el acuerdo tendrá el carácter de obligatorio para todo el planeta.

El Presidente Enrique Peña Nieto acudió a la reunión y asumió los compromisos ahí establecidos que próximamente se elevarán a la aprobación del Senado.

Llamó poderosamente la atención un hecho: todos los jefes de Gobierno, alarmados por la reducción casi inevitable del casco polar, se manifestaron entusiastamente en favor de la reducción de emisiones provocadas por el uso abusivo de los combustibles fósiles, pero ninguno expresó su intención de disminuir la producción de hidrocarburos.

El Presidente Enrique Peña Nieto acudió a la reunión y asumió los compromisos ahí establecidos que próximamente se elevarán a la aprobación del Senado
El Presidente Enrique Peña Nieto acudió a la reunión y asumió los compromisos ahí establecidos que próximamente se elevarán a la aprobación del Senado

En otros foros, han reiterado su intención de aumentar la producción de petróleo y gas, pese a sus bajos precios. ¿Incongruencia o simulación suicida? No lo creo; el acuerdo internacional parte de una premisa fundamental: para lograr una reducción de la contaminación global no se van tocar a los gigantescos intereses internacionales relacionados con los hidrocarburos.

Simplemente se pretende reducir los gases invernadero mediante el cambio de combustibles fósiles tóxicos por combustibles ”más amables”, menos contaminantes.

Los gobiernos están conscientes de que la transición energética no debe ser obstáculo para los objetivos del desarrollo global.

Por tanto, la implantación de las medidas contra la contaminación atmosférica no debe erigirse como impedimento al mejoramiento de las condiciones materiales de existencia ambicionadas por las sociedades residentes en los países en desarrollo.

Según los expertos, la emisión de gases a la atmosfera seguirá aumentado hasta 2030; a partir de esa fecha, comenzará la declinación que descansará, básicamente, en los esfuerzos que habrán de realizar los países industrializados, primariamente en el transporte.

Están convencidos de que se lograrán fabricar motores más eficientes en lugar de producir  costosos autos eléctricos.

Igualmente, las técnicas de “hidrofracking” desplazarán a las explotaciones de carbón y producirán gas menos contaminante, es decir, la migración hacia los combustibles fósiles más limpios, menos tóxicos.

Se  multiplicarán las plantas nucleo-eléctricas porque la necesidad comenzará vencer los temores sociales hacia la energía nuclear en la generación de electricidad, pero el consumo de gas y petróleo, lejos de declinar, seguirá en aumento.

El viento seguramente proveerá a lo más el 5% de la energía eléctrica consumida en el mundo en 2040, pero las otras energías renovables, sobre todo las hidroeléctricas y la solar, seguirán teniendo una participación inferior al 10%, la oferta mundial de energía.

En resumen, el cumplimiento de los acuerdos de la COP 21 será vital para evitar una  catástrofe ecológica mundial.

Su viabilidad -y la presencia de los gobernantes del mundo así lo acredita- fue posible gracias a que las resoluciones implican un acuerdo que preserva intocables los poderosos intereses petroleros: se producirá más petróleo, más gas natural, más gas-shale, menos carbón y poca energía hidráulica, eólica y solar.

En la COP 21 se hizo patente el imperio de los intereses petroleros.