‘El Peje’ exonera a Javier Duarte

Bien sabe titular del Ejecutivo federal que nunca le será posible dar gusto a todos y que si pretende gobernar para todos terminará por hacerlo para nadie

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Enrique Peña Nieto se notaba exultante. La de ayer, con el Congreso del Trabajo, fue su primera aparición en público después de la aprehensión de Javier Duarte, el ex gobernador de Veracruz que, según las evidencias y su sucesor, Miguel Ángel Yunes, saqueó el erario sin medida, sin escrúpulos y sin nadie que se percatara.

Usualmente, cuando ingresa al Salón “Adolfo López Mateos” de Los Pinos, el Presidente se muestra tal como es en corto, pero ayer, su semblante era diferente. Contagiaba optimismo; no había en la sonrisa, la carcajada franca o el saludo afectuoso a lo lejos, el profesionalismo del político avezado. Simplemente irradiaba lo que sentía.

Escuchó con atención al secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete, improvisar con ese talento innato que sus colegas de gabinete envidian, y mientras el nuevo líder del Congreso del Trabajo, Carlos Aceves del Olmo, pronunciaba un discurso arcaico de lealtad partidista, garrapateó unas notas en las cuartillas preparadas con antelación para enumerar los logros sexenales, algunos históricos, en materia de empleo y construcción de vivienda para los trabajadores.

Ya frente al micrófono se disculpó por iniciar con un tema ajeno al evento: La aprehensión de los ex gobernadores Tomás Yarrington y Javier Duarte, que, según sus palabras, es un mensaje “firme y contundente del Estado Mexicano contra la impunidad”;  felicitó, además, a las agencias mexicanas, la de Investigación Criminal de la PGR, que dirige Omar García Harfuch, y al Cisen, de Gobernación, que encabeza Eugenio Imaz, por la eficacia de su colaboración con las autoridades de otros países en la investigación que condujo a la captura de los ex gobernadores.

Por esas casualidades de la vida, el colega Francisco Garfias, uno de los escasos columnistas políticos que sí reportea, y este tecleador fuimos invitados a la protesta de la nueva directiva del Congreso del Trabajo en Los Pinos. Al concluir el evento escuchamos, en corto, al Presidente Peña Nieto lamentar no dar gusto a todo el mundo con hechos significativos, como las aprehensiones de Yarrington y Duarte.

El ejemplo perfecto se mencionó en la charla: Andrés Manuel López Obrador considera al ex mandatario de Veracruz como una especie de “chivo expiatorio”, por aquello de que, según él, el gobierno usó su captura con fines electorales.

Se equivoca “El Peje”; ¿por qué lo victimiza? En realidad, las capturas de los ex gobernadores, en especial la del veracruzano, son un revés a quienes esparcieron la especie de que su fuga permanecía impune debido a que Duarte había “salpicado” con su “abundancia” al PRI, a funcionarios de alto rango, e incluso al Presidente.

Hoy sabemos que en su captura tuvieron que ver investigadores de García Harfuch y de Imaz, es decir, las corporaciones de la PGR y de la Secretaría de Gobernación.

Mal estarían de la cabeza el procurador Raúl Cervantes y el secretario Miguel Osorio Chong si conociendo alguna complicidad, aún mínima, de Duarte con el jefe de ambos, con su partido o con funcionarios de alto rango, ellos mismos, por ejemplo, lo hubiesen buscado con afán y colaborado en su aprehensión.

Si un mínimo de complicidad hubiese entre Peña Nieto y Duarte, jamás el Presidente habría aprovechado su primer evento público después de concluida la Semana Santa para decir al país que su aprehensión es un “mensaje firme y contundente del Estado Mexicano contra la impunidad”.

Bien sabe Peña Nieto que nunca le será posible dar gusto a todos y que si pretende gobernar para todos terminará por hacerlo para nadie.

Lo aconsejable es dejar a López Obrador y a quienes hacen burla de su insistencia en la importancia de las cosas buenas, las que también cuentan , cocinando “memes” ingeniosos para consumo de los usuarios de las redes sociales; que siga adelante no sólo con los números históricos en materia de empleo formal, 19 millones en lo que va del sexenio, sino también con los mensajes contra la impunidad, como la aprehensión de Yarrington y Duarte.

No debe importarle que a López Obrador le cueste trabajo entender lo obvio: Que la captura de Duarte es garantía de que su corrupción no fue compartida, no por, al menos, el Presidente Peña Nieto.

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