El misterio más allá de las encuestas

En sectores específicos de la sociedad, la dispersión de decisión es alta. A dos días de la elección, mucha gente mantiene sus reservas. Los candidatos piensan en un giro de 180 grados, pero en esas y se les va hasta 360. Maroma completa

Compartir:

En el 2000, más que preocupar a alguien cómo le iría al país con la llegada del PAN a la Presidencia de la República, resaltaba la incógnita de en cuántos meses, o años, desaparecería el PRI.

De hecho, la imagen de cowboy vengador de Vicente Fox generaba cierta confianza en la ciudadanía, pues, al menos conociendo el apostolado panista, sólo se advertía la llegada de un gobierno conservador, persignado, cerrado a las ideas liberales.


Para que, finalmente, Fox quedara como emblema de cambio, pero con un papel político muy rebajado. Fue simpático como el personaje flaquito de “Toy Story”, el sheriff “Woody Pride”, pero hasta ahí.

Pasó Fox y llegó Felipe Calderón. A éste le tocó lo que a Ernesto Zedillo en el 2000, entregar la Presidencia en el 2012, sólo que el priísta lo hizo 70 años después; el panista apenas en 12, pero tampoco hubo trauma; al contrario, Enrique Peña Nieto llegaba con un supuesto “regenerado” rostro priísta. El resto o, más bien, el desenlace del sexenio que casi termina es una historia muy larga.

Pero lo que tiene en ascuas a la mayoría de los mexicanos, incluso a aquellos que apoyan el probable cambio de 180 grados, es hasta dónde y cómo llegaremos a esa media vuelta.

Y en esto cabe aquella frase de que “lo se ve no se juzga”, que otros cambian como “lo que se ve no se pregunta”. Con mucha razón, ayer, Gustavo de Hoyos, líder de la Confederación Patronal de la República Mexicana, reflexionaba sobre cómo irán a transcurrir los seis meses restantes del sexenio. No descartó la posibilidad de sobresaltos económicos, pero dijo que veía condiciones de tránsito, de entrega-recepción de gobierno, en orden y con estabilidad.

Mantener a México sin “coletazos” económicos, añadió, es el desafío de quien llegue a la Presidencia, en sustitución, ahora, de Peña Nieto.

Su recapacitación, todos lo sabemos, tiene un motivo: El posible giro de 180 grados con la probabilidad de malos cálculos o locuras aritméticas. Y De Hoyos habla de los seis meses de acercamiento entre quien se va y el que llega, pero infiere el “más hacia allá”.

Y, ya encarrerado, el dirigente nacional de la Coparmex no se quedó con las ganas: “Una mala decisión, una mala señal, nos puede hacer retroceder lo avanzado en años”.

No hace mucho hablaba yo del trauma burocrático por llegar si se cumple lo de la media vuelta (180 grados). Todo un ejército proveniente de la izquierda se alista para asaltar las oficinas del Gobierno federal, como ocurrió en el ex Distrito Federal desde 1997.

Lo mismo ocurrió cuando el PAN arribó a Los Pinos; los burócratas priístas “asaltaron” las empresas privadas en busca de acomodo u ofrecieron sus mejores habilidades al gobierno que llegaba.

Pero eso es lo de menos en este escenario posible. Más bien es la persistente duda, más que mera curiosidad, como la expresó De Hoyos, sobre algo que, aplicado en otros países, tiene mala referencia.

Tal misterio no nos lo despejan las encuestas; en todo caso lo propagan.

Antier, Raúl Rodríguez Cortés, colaborador de El Universal, mencionaba, en su columna, el análisis de la revista quincenal “La Carpeta Púrpura” sobre la masa social de donde finalmente logran las empresas demoscópicas sus resultados.

Del universo de consultados, el 42 por ciento opinaba o accedía a responder; es el llamado “voto blando” (28 millones de electores); el 58 por ciento es el “voto duro” (38 millones de electores). El Instituto Nacional Electoral prevé que este domingo voten 66 millones de mexicanos.

El análisis, así, explicaría esta aparente confusión, este misterio que flota en el ambiente y que mantiene en ascuas a gran cantidad de ciudadanos que acudirá a las urnas y que no está en ninguna encuesta.

En sectores específicos de la sociedad, la dispersión de decisión es alta; mucha gente mantiene reservas sobre el futuro.

Porque más allá de la maraña de escenarios en cada cabeza, incluso de quienes piensan en el voto de “castigo”, está la posibilidad de que el giro se vaya de bruces, traspase los 180 grados y alcance los 360, vuelta completa. Quedar en donde estamos sólo que desajustando lo ajustado.

De Hoyos tiene razón: Si ya tuvimos un “error de diciembre”, para qué forjar un “error de julio”. Y no lo digo refiriéndome al domingo (cuando al resultado se le debe garantizar pleno respeto), sino al día después, cuando ya estemos enterados sobre quién cae la responsabilidad de 125 millones de mexicanos.

 

[email protected]

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...