El ‘minuto a minuto’, sin novedad, de Durazo sobre la masacre de niños

El crimen contra la comunidad LeBarón volteó mi circunstancia (mi propio ‘golpe’), como cuando una enfermedad modifica tu metabolismo

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Este lunes, en algún gancho colgaba mi camisa blanca, mi corbata y mi saco (mi sombrero Fedora, pelo de conejo y castor, ya no), listos para madrugar y retomar la asistencia, una vez por semana, a la “mañanera” en Palacio Nacional -bueno, si Jesús Ramírez no ha cancelado mi acreditación-, pero una triste y desgarradora noticia, así como el insomnio, me robaron casi seis horas de sueño necesarias para levantarme a las 3:00 de la madrugada.

De los primeros datos sobre la abominable masacre en Bavispe, Sonora, contra la familia LeBarón, en la que cobardemente fueron acribilladas tres mujeres y seis de sus hijos, me enteré como a eso de las 19:00 horas, cuando apenas se difundía la versión de Julián, uno de los miembros más conocidos del clan que conforma una comunidad mormona en Sonora y Chihuahua, por su papel de activista, gracias a una entrevista de radio.

El asunto iba para largo, además de que, en las redacciones, la información debe estar actualizada. La pasión no arrebata la impotencia.

Mi posición preparada para el momento en que el Presidente Andrés Manuel López Obrador me concediera la palabra era: “Presidente, lo voy a decir en plural; dejemos ya de hablar del ‘golpe de estado’ y hablemos de los ‘golpes de circunstancia’, como la ‘cuchara grande’ con que, a ‘río revuelto’, se aprovechan algunas escuelas Normales Rurales, coincidentemente, de estados donde la CNTE mantiene el poder (aunque hay otros ‘golpes de circunstancia’, como si la economía crece o no crece, o como la inseguridad). Pero aboquémonos a los de las Normales Rurales”.

El crimen contra la comunidad LeBarón volteó mi circunstancia (mi propio “golpe”), como cuando una enfermedad modifica tu metabolismo.

Entonces, ya en pleno insomnio, rectifiqué. Al Presidente le voy a decir que lo ocurrido en Sonora-Chihuahua rebasa hasta la noticia de que en Tabasco, su tierra, la delincuencia organizada, los cárteles, han hecho su aparición en la única forma en que lo saben hacer, aterrando: El hallazgo de una camioneta Explorer con cinco cuerpos maniatados, cuatro hombres y una mujer, en el municipio de Centla, así como un enfrentamiento entre elementos federales y un grupo civil armado, con saldo de tres muertos y nueve heridos, en el de Huimanguillo.

Pero no, dije, voy a tomar el micrófono (cuando me conceda la palabra) y voy a callar algunos segundos y le diré “esta vez, Presidente, no tengo nada qué preguntarle”.

Pero también pensé en quedarme callado un minuto, hasta que comenzaran a preguntarse por qué no hablaba. Entonces, responder “tranquilos; la caracola la tengo yo”, como decían los muchachos cuando uno de ellos tomaba la palabra, y en lugar de micrófono utilizaban un caracol marino, en la novela “El Señor de las Moscas”, de William Golding.

Eran casi las 24:00 horas y todavía me “chutaba” un noticiero del cable (El Financiero Bloomberg) con la misma aterradora noticia.

Decidí abortar mi madrugador intento. El medicamento para dormir retrasaba su efecto. Decidí volver a sentarme en la computadora y continuar el “juego” poético de comparar a Sylvia Plath con Vladimir Maiakovski, tan brutales como la realidad menos deseable.

Casi desvanecido reformulé la alarma de 2:45 a 6:30. La “mañanera” no me la perdería. No imaginaba cómo un gobierno tan hablantín en cuestiones de progreso y bienestar podría salir del atolladero después de casi hundirse en la tierra movediza que fue el caso Culiacán y Ovidio Guzmán, y después del “auto-golpe”. Cualquier maniobra, pensé, de salir al paso de la nueva tragedia, de la nueva afrenta, la de la familia LeBarón, sería una artimaña.

No hay nada más puntual que un reloj. A las 6:40 preparaba mi café. Como casi se está volviendo costumbre, el Gabinete de Seguridad hacía presencia en la “mañanera”, por necesidad.

Esta vez, Alfonso Durazo no tuvo muchos problemas para narrar su “minuto a minuto” sobre la terrorífica escena en la que masacraron a seis niños –seis niños/ seis niños/ seis niños/ seis niños-, como no lo pudo hacer, durante dos semanas y media, con el caso Culiacán.

Le escuché decir: “Los menores rescatados (el resto de los 14 niños que viajaban en tres camionetas con sus madres), en general, están en buenas condiciones”. Pero ellos no rescataron a nadie.

Entonces me di cuenta de que el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana no traía ni un dato nuevo. Todo lo que dijo lo supe durante mi insomnio, y quizá supe más.

Este martes, para acabar, la propia prensa se puso el bozal. Sí, aquel por el que mordió la mano a Madero después de que Porfirio Díaz se lo colocara.

A Durazo… y al Presidente se la pusieron fácil, papita.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

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