El mes y medio clave del gobierno federal

La difícil tarea de revertir en 47 días las ‘alucinaciones políticas’ y la ‘patología inducida’ contra el régimen

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No sé si el Presidente Enrique Peña Nieto tenga razón o no sobre que “las cosas buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho”, pero concluido el periodo (de artimaña) de las precampañas, y llegada la veda de proselitismo (intercampañas, le llama el INE), los 47 días siguientes son absolutamente del gobierno.

Y allá él si los desperdicia.

¿Qué significa esto? Que en mes y medio, el Presidente Enrique Peña Nieto y todo el Gabinete deberán contar, recontar y volver a contar lo que consideren se ha hecho, se ha logrado o, al menos, han mantenido en su lugar para, ciertamente, darle un empujoncito (“empujonzote”, dirán algunos) al “ya saben quién” priísta. Bueno, simpatizante.

Me atrevo a decir, incluso, que es parte de la estrategia. Ahora que, por regla del Instituto Nacional Electoral, los precandidatos deberán callar en persona, en audios y videos, se soltará, como ya lo vimos desde ayer, la otra campaña, la de la administración federal en turno.

Mal harían en no ejercerla.

Si la mención del empleo creado (casi 4 millones de plazas en la gestión), el crecimiento económico (aunque moderado, tirando a bajo), la inversión extranjera, la creación de infraestructura carretera, y otros rubros, ha sido sistemática, tomemos asiento y acomodémonos para presenciar una recapitulación de todo ello casi a diario.

Es decir, a partir de esta semana entra en “campaña” la otra “meade” de Meade. Al banquillo Enrique Ochoa Reza, Aurelio Nuño, Eruviel Ávila. Hablar les toca a otros.

La dificultad del Gobierno federal está en cómo revertir la imagen esparcida, pero exagerada, de un México en malas condiciones. La envolvente estrategia de quienes dicen ver una nación en llamas cuando ellos mismos saben que ni por los focos rojos en algunas regiones (algunas partes de Guerrero y Tamaulipas, y, en menor escala, en otros dos o tres estados) eso es cierto.

El trauma de algunos en comparar a México con Siria o el embustero comentario difundido en redes sociales, todavía ayer, de que el gobierno “dejará morir a millones de mexicanos” porque ha privatizado el Sector Salud, cuando el Seguro Social, entre tiempos difíciles, es, para los mexicanos, la dependencia más beneficiosa, sin agregar que, paralelamente, se han creado instancias nuevas (Seguro Popular) para quienes no están inscritos en el primero. El IMSS atiende, actualmente, a 74 millones de mexicanos.

Contra las alucinaciones políticas, patología inducida, es difícil actuar, pero al gobierno priísta, que nada ancla que deba ser el que continúe gobernando o que no exista la posibilidad de que otro u otros partidos lleguen, no le queda otra que demostrar que cuando menos puede separar ante los ciudadanos las mentiras de las verdades.

Llama mucho la atención cómo se fue creando una idea controvertida, por ejemplo, del paquete de reformas implementadas al inicio de sexenio, cuando éstas fueron obra, prácticamente, de la oposición. Cuestión de revisar las negociaciones en las que, incluso, el propio gobierno y el PRI pecaron de dadivosos dejando que en la Energética, el PAN se sirviera con la cuchara grande. Que en la Fiscal, y la Política, el PRD (todavía no existía Morena) hiciera lo mismo. Que en la Laboral, la Educativa, la de Telecomunicaciones, todos aportaran porque la mecánica era que si en una iniciativa no se tomaba en cuenta a quienes estaban en desacuerdo, simplemente abandonaban la sesión legislativa. A mi forma de ver, este fue el mejor trabajo en conjunto de todas las fuerzas políticas. Y nunca había ocurrido.

Algo que quizá podría no volver a presentarse, sino, al contrario, partir de ideas impuestas ya no digamos por un solo partido, sino por una sola persona, en la más impura recreación de los tiempos negros del autoritarismo.

Y, dígame usted, quién asegura que será lo más atinado, pero así como tiene sus propias ideas José Antonio Meade, las tienen Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, Margarita Zavala. Las tuvo, compartidas, Enrique Peña Nieto. Y cualesquiera, mientras no sean consensuadas, pecarán, desde inicio, de ser malas ideas.

Ese es el reto de 47 días de la “campaña” de la campaña.

En México, más que una frustración por lo que ha hecho o dejado de hacer un gobierno u otro, se vive una “frustración ideológica”, sobre todo de la Izquierda, de todos aquellos que vieron derrumbarse, en el lapso de tres décadas, su sufrida dedicación a “cambiar el mundo”, me consta, y ahora parchan su inexorable pena enganchándose con el señor que en las esquinas ofrece el elixir que rejuvenece cuerpo y alma.

Ayer, en Sonora, Peña Nieto dio el banderazo a la “campaña” de la campaña. Horas antes, en Presidencia, el vocero Eduardo Sánchez y el Secretario de Hacienda, José Antonio González, hicieron lo suyo.

Soy de los que creen y ven que al país le falta mucho. Que poco se ha hecho para medio emparejar las escalas sociales, sobre todo entre la baja y la media. Que faltan medidas mucho más duras y expeditas contra la corrupción. Que padecemos falta de moral y ética en el servicio, y en el discurso público, no sólo en el gobierno, sino de quienes quieren ser gobierno, pero también que vivimos en un país con 98 por ciento de paz demostrable y en una línea de avance, en muchos temas, mejor que en otros países, pero demostrarlo no es cosa mía. Ni de usted creerlo.

 

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