El mal copiado estilo de Gandhi contra la violencia y el vandalismo

De vez en cuando, además de usar los ‘cinturones de paz’, también vale la pena sacar el otro, el de cuero

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A pesar de que algunos años, muchos antes de ser Jefe de Gobierno del ex Distrito Federal, comandó grupos de manifestantes acarreados a la Ciudad de México; a pesar de que, siendo candidato presidencial  derrotado en 2006, encabezó un plantón enorme en el Centro Histórico de la Capital mexicana, llevando a la quiebra a cientos de negocios y violando el derecho de tránsito de terceros, Andrés Manuel López Obrador, sobre todo luego de ganar en el 2018 la Presidencia de la República, ha modificado su visión sobre cómo vencer al crimen organizado y el vandalismo.

El Presidente ha optado por ganar la partida a los protagonistas de los dos problemas mediante la no violencia. Es decir, quien quiera graznar, pero tranquilitos.

Su discurso como titular del Poder Ejecutivo ha sido reiterativo, desde el arranque de su gobierno, en cambiar de estrategia para terminar con la violencia y la inseguridad en el país.

¿Cómo? Declarando públicamente, en su conferencia “mañanera”, como en otros actos, que “la guerra (contra el crimen organizado) ya no existe”.

Él lo explica: No responder a la violencia con violencia; implementar más programas sociales que hagan desistir, sobre todo, a los jóvenes de enrolarse con grupos criminales.

La medida va a medias aguas porque pareciera que sólo la parte oficial lo entiende; la otra, la de los cárteles de la droga y el “huachicoleo”, principalmente, continúa agrediendo a las Fuerzas Armadas y, ahora, hasta a la Guardia Nacional.

Hasta ahí todo va bien. Malo cuando el Presidente casi parece juguetear con las medidas para lograr la paz, pues hace poco más de un mes llamó a los delincuentes -en referencia a los de Tamaulipas, pero con dedicatoria nacional- a que “recapaciten, que piensen en ellos y en sus familias; en sus madres; en sus mamacitas”.

La buena intención del Mandatario federal de retomar parte de la filosofía pacifista de Mahatma Gandhi -rechazo a la violencia y el perdón de la mala conducta- la convierte en un insulso propósito.

“Saben cuánto sufren las mamás por el amor sublime a los hijos, y ellos tienen que pensar en eso”, dijo a los delincuentes.

Cierto, habla de la reinserción, de la reincorporación al trabajo legal, pero insiste en que todos “nos portemos bien”.

Suena bien, pero ante grupos que sólo entienden (y a veces ni así) con acciones del uso de la fuerza pública pareciera darle dulces a tiburones.

El otro asunto, que mucho padece la Capital mexicana, es la de los “encapuchados” que nadie sabe quiénes son ni quiénes los patrocinan, aunque éste y otros gobiernos hayan jurado que los tienen identificados, pero que nunca faltan a una marcha o manifestación de grupos sociales sólo para agraviar y destruir.

Se hacen llamar “anarquistas”, pero todo mundo los conoce como los “encapuchados”, los “enmascarados”, los “embozados”.

Pues, para ellos, este miércoles, el Presidente tuvo otro mensaje, igual de “light” que el de dado a la delincuencia organizada: “¿Qué le diría a los encapuchados?: Que tengan cuidado porque en una de esas los voy a acusar con sus mamás, con sus papás, con sus abuelos”.

“Estoy seguro que ellos (sus mamás, papás, abuelos) no están de acuerdo. Me dejo de llamar Andrés Manuel. Estoy seguro que los ven o los verían como malcriados, que no deben de andar haciendo eso; les darían hasta sus jalones de orejas, sus zapes”.

Creo que no está mal apostarle a la no violencia, a la paz, a cambiar la estrategia, pero de vez en cuando, además de usar los “cinturones de paz”, como este miércoles, durante la marcha por el 2 de Octubre, también vale la pena sacar el otro cinturón, el de cuero, ante quienes se pasan de violentos.

En todo ello hay un papel asignado a corporaciones como las Policías y, ahora, la Guardia Nacional. Pero también el derecho que tienen los mismos militares de defenderse de ataques mortales.

Vaya si de graznar se trata.

Y ya me cansé.

 

 

 

 

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