El inesperado obsequio del juez a AMLO

Tiene, a 18 días de su primer informe de gobierno, un buen contexto para que la ciudadanía se distraiga y no ponga mucha atención a la seguridad y a la economía, que, contra lo que se diga, no andan del todo bien, y no necesariamente por herencia

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Con la retención, en prisión preventiva oficiosa, de Rosario Robles, el Presidente López Obrador tiene, a 18 días de su primer informe de gobierno, un buen contexto para que la ciudadanía se distraiga y no ponga mucha atención a la seguridad y a la economía, que, contra lo que se diga, no andan del todo bien, y no necesariamente por herencia.
Que la vincularan a proceso era algo esperado, pero no que el juez le decretara prisión preventiva oficiosa.
Quizás por ello acudió, por segunda ocasión, al juzgado confiada en que enfrentaría el proceso en libertad.
Para decirlo de otra manera, ella y sus abogados pecaron de ingenuidad al confiar de más en la justicia a la mexicana.
Al margen de si la ex titular de la Sedesol y de la Sedatu cometió delitos en el marco de la “estafa maestra”, llama la atención que el juez Felipe de Jesús Delgadillo la retuviera en prisión preventiva oficiosa, en franca contradicción con el espíritu del Legislativo.
Cuando el Congreso aprobó el nuevo sistema acusatorio creó la prisión preventiva oficiosa pensando en los delitos que más dañan a la sociedad, como violación, homicidio o delincuencia organizada, pero incluyó la excepción de aplicarla también cuando los fiscales acrediten el riesgo de que el inculpado se pueda fugar.
Sin embargo, la regla general del nuevo sistema acusatorio penal es que la gente se pueda defender en libertad porque a diferencia del pasado, en el que se exigían pruebas para obsequiar órdenes de aprehensión, ahora basta con datos, de tal suerte que todos los mexicanos podríamos tener una en cualquier momento.
El juez Delgadillo estimó que Rosario se podría fugar por haber gestionado una licencia de manejar en otro domicilio y que tiene dinero para viajar, empero, olvidó la existencia de otras maneras de mantener bajo control a un inculpado, como el brazalete electrónico o el arraigo domiciliario.
Más aún, consideró que no tiene arraigo quien fue jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Con esta determinación se podría pensar que Delgadillo es un juez a modo, presto a servirle a la Fiscalía General de la República, sin embargo, en las dos jornadas del caso, Rosario Robles ha puesto en su lugar a los fiscales con sendas llamadas de atención, pero también a los abogados defensores.
Más bien parece gozar siendo el centro del espectáculo.
Por lo pronto dio al Presidente López Obrador un obsequio; ya sabremos qué tan inesperado para presumir, en su primer informe de gobierno, que la lucha contra la corrupción avanza.

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