El gobierno federal apalanca a AMLO; ¿cuál crisis?: Guajardo

El ‘bomberazo’ tenía que venir de una fuente más que confiable, oficial. Al menos hasta ahora, no hay ‘error de octubre’ porque el deslizamiento del Peso ‘no es tendencia’. ‘Exagerados’, los llamó el Secretario de Economía. Y el silencio de Carlos Slim…

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Después de que los empresarios mexicanos salieron a defender las obras del aeropuerto que se construye en Texcoco con ganas casi de no defenderlo, el Secretario de Economía lanzó ayer un “cubetazo” de agua (antes de que la cortaran) a las voces que pretendieron pintar un panorama de pre-crisis financiera y económica a raíz de que Andrés Manuel López Obrador “decretara” que la obra llegará a su fin nada más asuma el cargo.

“La incertidumbre y volatilidad en el tipo de cambio no es una tendencia hacia una situación de crisis”, explicó quien también fue “bombero” en Estados Unidos atendiendo, junto con Luis Videgaray, las negociaciones sobre el nuevo Tratado de Libre Comercio.


“Pero de que este (el ascenso del dólar sobre el Peso) puede ser un elemento que tenga consecuencias de una crisis, yo creo que es una lectura un tanto exagerada”, añadió en su comentario después de inaugurar la Cumbre Empresarial Américas.

La declaración del Secretario de Economía debió sonar a sinfonía en los oídos de Andrés Manuel, quien seguramente, donde estuviera, volvió a ver de reojo su libro favorito: “¿Quién manda aquí? La crisis global de la democracia representativa”.

Y es que, en verdad, hasta quienes critican el uso extremo de las redes sociales para arropar a quien es Presidente Electo daban rienda suelta, el domingo por la noche, a sus augurios de que la economía mexicana se estaba derrumbando. “Tuiteaban” cada minuto el movimiento del dólar con respecto al Peso. Informaban, en tiempo real, los movimientos de los mercados financieros en Asia, allá era de día y acá de noche, y juraban que, al amanecer, el país estaría situado por allá de 1994.

Me divertía su entusiasmo por ver cómo el dólar subía y subía centavos, esperando que alcanzara una paridad quizá de los 22 o 23 pesos, lo que nunca ocurrió. No podía dormir; soltaba el celular y a los cinco minutos volvía a meterme a Twitter para ver cómo iban.

Me ganó el morbo por despertar el lunes y darme cuenta que no somos nada.

Por ahí alguien alcanzó a decir, respecto a que Andrés Manuel daría un mensaje a las 10:00 de la mañana, “a ver si no es demasiado tarde”.

Ayer por la tarde lo explicó el Secretario de Economía. Desde el lunes por la noche lo escribí yo, frágil alma en pena: “Tan corrosivo el Presidente Electo como alarmistas quienes previeron una catástrofe económica apenas se atreviera a anunciar que ‘el pueblo’ se había decidido por Santa Lucía” (“Ni ardió Roma ni se acabó el mundo”, IMPACTO 4,627, 30 de octubre de 2018).

Y agregué:

“¿Por qué?

“Porque el impacto económico, financiero y social, a la postre debacle, por cancelar la construcción de un aeropuerto está sólo en la mente e imaginación de unos cuantos…

“Porque salvo para un porcentaje de la población, que lo ve como una necesidad práctica y ‘de desarrollo económico’, no es un bien social; vaya, para el grueso de la población aún conserva el concepto de obra o tema elitista…

“Porque a la gente, en general, pesan más los temas como la alza a la gasolina o ‘el monstruo de Ecatepec’ que si un aeropuerto lo construyen en Texcoco, Santa Lucía o Xochimilco, así protesten ejidatarios o digan que será el segundo a nivel mundial”.

Con lo expresado no estoy en favor de la cancelación del aeropuerto que se construye en Texcoco. Creo que es un error echar abajo una obra establecida sobre un proyecto, sustentada técnicamente y cuyos detalles más criticables, si los hay -sobrevaluaciones, contratos inflados, posesión de tierra, inconvenientes del subsuelo-, tienen solución sin ir al extremo de la cancelación.

Pienso que el triángulo aéreo CDMX-Santa Lucía-Toluca es un desgarriate “bien planeado”.

Creo que, específicamente en este tema, a López Obrador le gana el revanchismo y el orgullo de no dejar piedra sobre piedra de algo que enaltezca a su o a sus antecesores, pero sobre todo tratándose de una obra tan monumental. La medida lo coloca como un ser envidioso. Porque, y esto ni alguien como Guajardo lo puede negar, la famosa consulta fue un cuento chino. ¿Lo explico otra vez? Claro que no; ya lo publiqué ayer.

Pero de todo eso a que, por Texcoco, México se haría añicos existe un abismo de razonamiento.

Ahora bien, vuelvo a los empresarios. Qué bueno que se encuentran en “stand by” porque una sacudida económica a niveles del 94 los habría involucrado directamente.

Hay que reconocerles su mínimo encabronamiento, y no máximo. Lo que sí no sé es cómo tomar el silencio de un empresario como Carlos Slim, uno de los más fuertes inversionistas del proyecto Texcoco. ¿Será que ya hicieron “catafixia”?

Ayer, antes de conocerse la declaración de Guajardo, López Obrador expresó, a lado de su “¿Quién manda aquí”: “Entiendo que estén molestos porque ya no van a poder hacer ese negocio (un supuesto centro comercial como Santa Fe)”.

“Afortunadamente, los inversionistas, y los mercados, así, en abstracto, actúan con inteligencia, con información, con responsabilidad. Y a pesar del escándalo, la bulla, los ataques no pudieron generar inestabilidad. “Apostaron a eso; hubo un deslizamiento en el Peso, para decirlo de manera eufemística, no una devaluación, pero ya se va a recuperar”.

No sé si lo mejor o lo peor del caso, pero tiene razón.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

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