El Gabinete Florero

El futuro se decide por un solo hombre, ideologizando todo, y en todos los temas. Ningún miembro del gabinete se atreve a contradecir a López Obrador ni en las más absurdas decisiones. Algunos toman distancia; otros lo idolatran, pero todos guardan silencio en espera de lo siguiente que tendrán que acatar como dogma de fe

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Nadie se atreve a contradecirlo ni en las más absurdas decisiones o en la fantasía populista reivindicadora.
Andrés Manuel López Obrador puede decir, en conferencia de prensa, que el canciller Marcelo Ebrard viajará por el mundo en busca de las mejores medicinas, a los mejores precios, y este es incapaz de hablarle al oído para susurrarle “eso ya no se usa; para eso están las tecnologías de la información”.
El jueves, en la conferencia mañanera, de pronto anunció la decisión de construir la refinería Dos Bocas con la experiencia propia de Pemex, a pesar de que la última fue construida 40 años atrás, para lo cual desechó la oferta de cuatro corporativos especializados invitados a la licitación. Esos expertos calificados por Andrés Manuel como “los mejores del mundo” suman en su currículo 600 refinerías.
Por supuesto que el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa Macías, y la de Economía, Graciela Márquez Colín, no se atrevieron a plantear el absurdo de arriesgar 8 mil millones de dólares del patrimonio nacional a una compañía anacrónica, sin experiencia en la disciplina en las últimas cuatro décadas.
De igual forma, la titular de Energía, Rocío Nahle García, mano en la batuta del proyecto obligado a tres años, tuvo que aceptar, estoica, la encomienda de que en los momios de los expertos y del mundo financiero-empresarial es una locura que infunde todavía más temor con la frase presidencial voluntariosa: “Me canso ganso que la haremos en tiempo y costos”.
La eliminación del proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco fue el escenario donde se gestó el primer gran absurdo. Algunos miembros del gabinete, en especial el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo Garza, entendió que la voz de Andrés Manuel es una orden a acatar como dogma de fe, donde no hay razonamiento que valga más que la certeza moral del líder.
Esta primera pequeña fricción fue el escenario ejemplar con el teatro del absurdo en la “consulta ciudadana” para aclarar el cómo se hacen las cosas en la Cuarta Transformación: Un solo tenor a capela, sin orquesta.
Lo entendieron, además de Romo, el titular de Turismo, Miguel Torruco Marqués, Urzúa y todo el Gabinete.
De Javier Jiménez Espriú no hablamos; es un cortesano animado por la gran recompensa futura, ubicado en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, para acatar órdenes sin cuestionar. Ni siquiera se atreve a un vago pensamiento fuera del guión; de igual forma la titular del Medio Ambiente, Josefa González-Blanco Ortiz-Mena.
En el Gabinete Florero hay posiciones bolcheviques, como la de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, y la de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, esposa del ideólogo de López Obrador, John Ackerman Rose.
En un segundo nivel de la estructura, pero en ese radicalismo, está Paco Ignacio Taibo II, y fuera pero adentro el guatemalteco Epigmenio Ibarra Almada.
Existen voces totalmente afónicas, como la del secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, quien se mostró incapaz de convencer al presidente de evitar la crisis en el Sector Salud al congelar el presupuesto asignado, el ridículo de vetar a cuatro proveedores y, al poco tiempo, ceder con uno de ellos, Farmacéuticos MAYPO, único distribuidor de retrovirales de VIH Sida.
En esa parsimonia está Esteban Moctezuma Barragán, desubicado totalmente en el enredo de la corrosiva y retrógrada nueva Reforma Educativa, igual que Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación, que no puede quitarse la toga de ministra en retiro, atrapada en un mar de contradicciones por la intentona del Ejecutivo de someter la independencia del Poder Judicial.
La secretaria de Bienestar, María Luisa Albores González, es una simple gestora de los programas que el líder va pregonando y entregando, con propósitos electorales, por todo el país.
Es una especie de auxiliar de campaña en espera de la consulta de revocación de mandato del 2021, y lo que sigue en el 2024, que atemoriza a medio mundo, inclusive el Gabinete Florero y a Morena: La reelección.
En ese apostolado, Alfonso Durazo Montaño (Secretaría de Seguridad) aprendió a mantenerse lo más alejado posible, pero con la misión, imposible, de controlar la violencia que bate récord. En esa posición están el titular de la Sedena, Luis Cresencio Sandoval, y el de Marina, Rafael Ojeda Durán.
Los tres están concentrados en el problema y tienen la oportunidad de sensibilizar al presidente para dejarlos hacer su trabajo, y que él se dedique a predicar salmos sobre el bien y el mal, como el de este domingo, en Bahía de Banderas, Nayarit: “Sólo siendo buenos podemos ser felices”, un discurso promotor de la docilidad ciudadana, para lo que se ofrezca.
En el Gabinete Florero, el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, es de los pocos que se resiste a bailar al son que le tocan; lo ha dicho con claridad y en público.
El presidente López Obrador repite una y otra vez, como conjuro contra sus críticos: “¡No voy a ser florero; no me voy a quedar callado..!”; la justificación está de más; nadie le pide que lo haga, pero le encanta ver a su gabinete adornando todas sus decisiones, por más absurdas, como ramillete en flor, con aroma de Cuarta Transformación.

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