El estigma de Alfonso Reyes

Reactiva cada fin de sexenio remembranza; ¿gran tragedia del país es su arribo tardío al banquete de la civilización?

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Por qué cada fin de sexenio en México, se reactiva la remembranza del estigma profetizado por el “regiomontano universal” Alfonso Reyes que señalaba: “La gran tragedia del país como el nuestro, es, su arribo tardío al banquete de la civilización”.

Por qué a la conclusión de cada periodo presidencial en las últimas décadas donde esa civilización se debería hacer presente, se concluye con el diagnóstico inequívoco de Héctor Aguilar Camín que resume a las más recientes gestiones presidenciales en: “Un proyecto de país de primer mundo, una capacidad de ejecución de gobierno de tercer mundo y un rechazo público de Estado o país fallido”.


 

LA MISMA HISTORIA

Una misma historia que en los últimos lustros demuestra que los presidentes mexicanos nunca estuvieron a la altura de las circunstancias históricas en la que ellos mismos se insertaron, o como calificara el militar prusiano Carl Von Clausewitz: “Hay muy pocos hombres capaces de pensar, sentir y ejecutar más allá del momento presente y seducir el futuro”.

Talentos, habilidades, valores, actitudes intrépidas, imprudencias, corrupción y un sinnúmero de acciones por enumerar que han regulado el ejercicio del poder, generando historias recubiertas de teorías, análisis, conjeturas, traiciones y justificaciones que pululan en torno a cada administración.

Lo cierto es que, ante los resultados que vivimos y  padecemos, ha faltado imaginación, talento, liderazgo, pero sobre todo compromiso, para generar los creadores de riqueza como siempre ha sugerido Carlos Slim, para insertarnos en forma sistemática y permanente en esa civilización que revierta la violencia que prevalece en el país, procure mayor seguridad a los mexicanos, combata la lacerante y lastimosa pobreza que agobia a más de la mitad de la población, generando las condiciones de crecimiento económico que detone más y mejores empleos  a través de una educación de calidad.

 

EPÍLOGO

Tras este prolegómeno, con qué epílogo se podría identificar la administración de Enrique Peña Nieto que concluye, tratando de evadir a sus detractores y enemigos de siempre, que por alguna u otra razón se han alejado de una objetividad y justo aprecio a una labor de seis años de reformas para algunos, de claroscuros para otros, y, para una gran mayoría, revestido de impunidad donde permeó la corrupción.

Obras y hechos que de todas maneras quedarán inscritas en la historia de México, cuyo paso en el tiempo deberá ubicar en su gran dimensión su actuación como presidente de México.

 

MEXIQUENSE

Un ex gobernador mexiquense que llegó a Los Pinos no como producto de una segunda alternancia democrática o como resultado de una reivindicación histórica de su partido, sino como resultado de una operación de posicionamiento.

Un personaje en el que Carlos Salinas de Gortari se veía reflejado, profetizando a un líder de la nueva generación de políticos que encabezaría la recuperación del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Un protagonista como él mismo se describía: pragmático, conciliador, respetuoso de la pluralidad, que no se orienta por el instinto o el falso camino de la popularidad, sino con los elementos tangibles de la planificación necesaria que otorga el saber.

Un político ligado por “sangre” a otros políticos como Isidro Fabela Alfaro, Alfredo del Mazo Vélez, Salvador Sánchez Colín, que  fomentó e idealizó al famoso grupo “Atlacomulco”.

Un militante priísta que, con sólo 12 años en cargos públicos, configuró una marca de posicionamiento de éxito al que Manlio Fabio Beltrones presidente del PRI en ese entonces, lo promovía por todo el país en actos de campaña para que sus correligionarios recibieran preferencias de voto y respaldos electorales con su carisma.

Un ascenso político fomentado por medios de comunicación fundamentalmente electrónicos, con el derroche de la mercadotecnia televisiva que lo posicionó en mejor medida con el sector femenino; preferencias que le atrajeron la animadversión en automático de cierto conglomerado masculino.

 

SU ASCENSO PRESIDENCIAL

Enrique Peña Nieto fue el segundo candidato presidencial del PRI no designado por un presidente priísta de la República, el primero fue Roberto Madrazo Pintado en el 2006.

En el proceso de su campaña electoral de 2012, se hizo presente el debut en la política mexicana de las redes sociales, particularmente del Twitter, “esas irritantes rede sociales” como él las llama, que tanto lo han atacado, generándole una posición vulnerable e indefendible ante la sociedad por la fuerza que ha cobrado la nueva esfera pública virtual, capaz de modificar políticas y hacer reaccionar o defenestrar a funcionarios.

Representando al PRI, regresa a Los Pinos con menos fuerza de la que tenía cuando se fueron, ante un país distinto al que gobernaron.

Ejerce su mandato con la filosofía de transformar más que administrar, con la estrategia de mover instituciones, las políticas públicas, los programas y los presupuestos para dar resultados reales y positivos a la ciudadanía, con el objetivo fundamental de transformar a México en un país moderno y audaz, preparado para competir y triunfar en el mundo.

 

SU ADMINISTRACIÓN

Planifica y programa con acierto los ejes de actuación al inicio de su administración, orientándolos hacia: un México en paz, un México incluyente, un México con educación, un México próspero, un México con responsabilidad global.

Tiene un inicio prometedor, “The Economist” difundió que acciones como el Pacto por México, las reformas de telecomunicaciones, educativa y de amparo y la detención de la ex lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, crearon un entorno de muchas expectativas al que denominaron: “mexican moment”.

 

SUS ERRORES

Sin embargo, en el corto plazo sus reformas no se convirtieron en realidades, tareas muy complejas en términos técnicos, administrativos, políticos y sociales, donde le falló un gabinete eficaz y coordinado, una visión de estadista e inteligencia estratégica para superar todos los obstáculos que se le presentaron.

Ejerció la Presidencia, pero fracasó en ganar la confianza de la población, principalmente a raíz del escándalo de la llamada “Casa Blanca”, Tlatlaya, Ayotzinapa, la corrupción incontenible de miembros de su partido que saquearon al país, ante la indolencia del mandatario, haciéndose parte de las elites que siempre defienden la cultura del privilegio sobre cualquier filosofía.

Peña Nieto termina sin lograr comunicar a plenitud quién es y qué hizo, poniendo la historia en su contra.

Una historia que le acreditó la corrupción pública y la impunidad criminal, generadores del descontento mexicano, provocando su baja aceptación presidencial, ya que para esos agravios no tienen respuesta las reformas estructurales hechas por su gobierno.

La mancuerna mortal de corrupción y violaciones a los derechos humanos, unida por el pecado mayor de la impunidad, hundió su sexenio.

Sus reformas, muchas de ellas necesarias, virtuosas, productivas a mediano plazo, quedaron teñidas por los escándalos de su sexenio, las que pretende “dinamitar” su sucesor Andrés Manuel López Obrador para borrar su legado.

El epílogo de Peña Nieto se puede resumir de la siguiente manera: “fracaso, es no poder llevar a la sociedad de donde está a donde nunca ha estado” y todo parece que, estamos en el mismo lugar de sus inicios.

 

 

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