El Ejército, sin guerra y con desgaste

Compartir:

Algo no explicado aún y que no ha sido puesto al descubierto por quienes se llaman especialistas en cuestiones militares es el cambio diametral de la opinión de Andrés Manuel López Obrador sobre las Fuerzas Armadas.

Como candidato de Morena no desperdició oportunidad, foro o plaza pública para presentarlas como lo más semejante a los 4 Jinetes del Apocalipsis, pero una vez que tomó el poder, el Presidente López Obrador convirtió a las Fuerzas Armadas, por encima de sus bases electorales, en el cimiento fundamental de su gobierno, de tal suerte que no exagerará quien especule que la estrategia de la Cuarta Transformación supone a la clase castrense su soporte fundamental para no perder el poder.

Esta suposición explicaría que en año y medio del sexenio, además de encargarle, primero como basamento de la Guardia Nacional y después por decreto, la seguridad pública de todo el país, el Presidente convirtiera al Ejército en constructor de hospitales, bancos, aeropuerto, un tramo del Tren Maya, distribuidor de gasolina, etcétera.

Dejemos de lado las especulaciones sobre la supuesta estrategia de convertir a las Fuerzas Armadas en garantía de permanencia de la Cuarta Transformación, pero no soslayemos el hecho de que los altos mandos de las Fuerzas Armadas no se pueden quejar del trato presidencial.

En cada oportunidad que tiene el Presidente afirma que en ellos no tiene cabida la corrupción, aunque en alguna ocasión revelara que, como México es pacifista, si por él fuera desaparecería al Ejército y dejaría la seguridad pública en manos de la Guardia Nacional, y la defensa del país, en caso de una invasión extranjera, en las del pueblo que en masa se levantaría a repeler al enemigo invasor.

Pareciera que las Fuerzas Armadas viven en el mundo perfecto porque además de ser casi todo en el gobierno, menos el poder civil, no están en guerra contra el crimen organizado, como ocurrió en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

LA LARGA LISTA DE INCONVENIENTES

Por eso extrañó que la Secretaría de la Defensa Nacional reconociera el jueves en una publicación en el Diario Oficial de la Federación, que el Ejército está resintiendo el desgaste por realizar las tareas “multifacéticas” que le encarga el Presidente.

Se queja de que “El incremento de estas exigencias inherentes a la vida militar… ocasionan que los soldados vivan alejados de sus derechohabientes por meses, sustrayéndolo de fechas importantes en el ámbito familiar, o incluso se vea afectado en su integridad física o su vida por la realización de las tareas que desempeña”.

Y es que, estar en todo, “implica que las y los militares se encuentren disponibles para ser desplegados por periodos prolongados en las principales áreas que requieren un enfoque de mayor atención”.

La publicación enumera una problemática de tropa y oficiales que permite suponer que no todo es felicidad en las Fuerzas Armadas: “gran acumulación del estrés mental y físico que genera frecuentes actos de indisciplina. Crecimiento del fenómeno de desintegración familiar. Colusión latente en actos ilícitos principalmente en las actividades contra el narcotráfico. Quejas de la sociedad civil por supuestas violaciones a sus derechos en las actividades de intercepción terrestre, que se traducen en demandas legales contra el personal y la institución. Incremento de los indices en bajas por deserciones, decesos, heridos y lesionados. Proclividad a la corrupción”.

En lo referente a los recursos materiales es igual de preocupante: “Excesivo desgaste en material, vehículos, aeronaves, embarcaciones, maquinaria, equipo y armamento. Baja de material de estos pertrechos por accidentes, extravío y desgaste”.

En lo institucional, la “distracción de un elevado número de personal y pertrechos que limitan las actividades de adiestramiento para la defensa nacional.

“Ocupación de espacios de almacenamiento en instalaciones militares para el resguardo de armas, vehículos, aeronaves, embarcaciones, enervantes y artificios pirotécnicos, entre otros a disposición de autoridades ministeriales. A futuro posible campaña de acusaciones y descrédito de forma análoga a lo que hoy se denomina guerra sucia, por las acciones realizadas por el ejército y fuerza aérea mexicanos con motivo de la irrupción del EZLN el 1/O. de enero de 1994 en el estado de chiapas. Afectación perceptible de la moral general, espíritu de cuerpo y prestigio del ejército y fuerza aérea mexicanos. Recomendaciones de la comisión nacional de derechos humanos por presuntas violaciones a las garantías individuales. Permanentes señalamientos de organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales respecto a supuestos excesos cometidos por personal militar. Segregación de una brigada orgánica de policía militar, que afecta la operatividad del cuerpo de policía militar”.

El documento habla de problemas de liderazgo y de la necesidad de priorizar la disciplina militar y la moral del personal y el bienestar de sus familias.

TIEMPOS DIFERENTES, MISMA PROBLEMÁTICA

Parece que no han pasado 14 años.

El 1 de diciembre de 2006, unas horas después de tomar posesión Felipe Calderón como Presidente de México, IMPACTO obtuvo copia del documento que presuntamente fue redactado por instrucciones del general Guillermo Galván Galván cuando intentaba convencer al mandatario electo de confiarle la Secretaría de la Defensa Nacional.

Se trata de un documento de 345 páginas que daba cuenta detallada del estado que guardaba el Ejército y la Fuerza Aérea. Lo publicamos por capítulos y nunca fue desmentido.

La publicación del primer capítulo mereció un desayuno con el general Galván Galván que tuvo la delicadeza de no hacer referencia al tema.

Quizás lo más trascendente en aquel momento fue la afirmación de que por el estado famélico del Ejército y la Fuerza Aérea perderíamos la guerra ante cualquier potencia extranjera con una economía menor a la nuestra.

En realidad, el Ejército estaba más preocupado por conocer la identidad del filtrador que por la difusión del lastimero estado en que entró a la guerra contra el narcotráfico que Calderón declaró apenas tomó posesión.

Es curioso el parecido de las quejas publicadas el jueves en el Diario Oficial de la Federación con las “consideraciones finales” de aquel extenso documento publicado por IMPACTO en 2012:
“Las encuestas de moral practicadas, demuestran que las operaciones contra el narcotráfico y las de reforestación son las menos aceptadas por las tropas, las primeras debido a los prolongados y recurrentes períodos de ejecución y por el efecto desalentador al no poder lograr la erradicación total de los plantíos debido a no poseer los medios idóneos y a la aplicación de una estrategia poco adecuada para ello, y la segunda por ser una tarea completamente ajena a la función militar, es decir, en ella el adiestramiento recibido no tiene ninguna aplicación y resulta por lo tanto sumamente desmoralizante.

“Por las propias características de este tipo de operaciones, las unidades del ejército tienen que actuar descentralizadas hasta el nivel sección y esta circunstancia ha generado que el ejercicio del mando haya venido perdiendo eficiencia al no estar el comandante con sus tropas permanentemente como antes ocurría.

“Igualmente, la fractura de ligas orgánicas producida por la necesidad de organizar unidades con una composición muy heterogénea para ejecutar operaciones específicas, incrementa notablemente la problemática anterior.

“La Secretaría de la Defensa Nacional no es ajena a la importancia que tiene el cumplimiento de estas tareas para el fortalecimiento del estado de derecho y de su impacto en el desarrollo nacional, sin embargo, preocupa que su alta demanda interfiera en la ejecución del adiestramiento requerido para desempeñar con eficiencia su misión primaria de defensa exterior.
“Ante tal circunstancia se estima que su ejecución debería limitarse a coyunturas especiales y no manejarse con carácter permanente como se viene haciendo desde hace varias décadas, porque los efectos de esta multi-función, están generando serios problemas en el seno de ambas fuerzas armadas como antes se acotó”.

No es el caso publicar los dos documentos, sino resaltar que, no obstante que en 2012 no tenían la situación de privilegio de ahora, la problemática es la misma, la diferencia, si acaso, es que entonces López Obrador consideraba criminal la acción de la clase castrense y hoy se afana en garantizar su lealtad.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...