‘El ejército no es el IFE’: cervantes; y si AMLO gana, nadie hará ‘plantón’

Los plantones (con la consabida quiebra de cientos de negocios), el grito de fraudes de todo tipo (hasta cibernético) y la exhibición de puercos, chivos y gallinas, han sido elementos a los que echa mano para reclamar lo que hasta ahora no ha alcanzado

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Esas dos son cuando menos los lineamientos que en su mayoría ha seguido la (imperfecta) democracia mexicana.

En su mayoría porque quien siempre ha acudido al desmadre si no le dan la razón ha sido Andrés Manuel López Obrador, con el PRD y con Morena.

Los plantones (con la consabida quiebra de cientos de negocios), el grito de fraudes de todo tipo (hasta cibernético)  y la exhibición de puercos, chivos y gallinas, han sido elementos a los que echa mano para reclamar lo que hasta ahora no ha alcanzado.

Esto porque desde la aprobación de la Ley de Seguridad Interior aprobada el jueves pasado en el Senado, alguien lanzó el malintencionado petardo de que la pretensión del Gobierno federal es “militarizar” el país.

¿Saben lo que están diciendo? Mi-li-ta-ri-zar el país. Nadie ha propuesto eso, ni dicha ley lo contempla. Son bobadas.

Pero, más allá todavía, algún “inteligente” le puso un poco más de crema. Aseguró que “la militarización” es porque si el PRI pierde el 1 de julio de 2018, los soldados impedirán la asunción, me supongo, de Andrés Manuel.

Hace año y medio, el PRI perdió en elecciones intermedias del 5 de junio del 2016 siete de 12 gubernaturas. Las expectativas del entonces líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, eran mucho más altas. Diríamos casi que de “carro completo”. Perdieron y punto. En pucheros se tragaron la derrota. Nada de “panchos”, ni plantones, ni chivos, marranos o gallinas.

Ocurrió lo mismo en la histórica elección del 2000. Vaya, Ernesto Zedillo hasta corrió al micrófono, cuando el resultado del triunfo de Vicente Fox no era ni oficial, para admitir el primer gran fracaso priísta en siete décadas.

Pero no solo eso, sino que el entonces Secretario de la Defensa Nacional, Enrique Cervantes Aguirre, a pregunta expresa del Director General de IMPACTO, Juan Bustillos Orozco, sobre cuál sería la reacción de la Secretaría de la Defensa de confirmarse el triunfo del panista, respondió sin ninguna alteración: “El Ejército no es el IFE”.

Vaya, si algo distingue, o debe distinguir, a las Fuerzas Armadas es su lealtad a la República, al Estado, no a partido ni personaje alguno. Y eso debiera ocurrir no solo en México, sino en países donde lamentablemente  hoy los sempiternos gobernantes se han adueñado de las instituciones militares como del tiempo para permanecer en el poder.

Más aún se puede recordar que en el 2006, ante la insistencia del PRD de no permitir la toma de protesta de Felipe Calderón -con orden de López Obrador a los legisladores de izquierda de convertir ese día en algo anormal, utilizando “bombas lacrimógenas”, ya ocultas en el recinto legislativo, tontería frenada por Carlos Navarrete y Javier González Garza, relatado por el primero en el libro “De Frente”-, el propio Beltrones cedió su lugar en la tribuna para el acceso al panista quien recibiría la banda presidencial de parte de Fox.

Muchos reconocieron la actitud “constitucional” del entonces presidente del Senado.

Dentro de su tan conocida “liturgia”, el PRI mantiene casi como un mandamiento admitir lo que la política da sin armar líos extravagantes.

Hablo de resultados electorales e inmiscuyo a todos los partidos.

Antes le implicaba llevarse, con las chapuzas que guste, el “carro completo”, ahora aguantar vara si pierde.

Lo que hoy tampoco significa torcer el brazo a la ligera y permitir un agandalle solo por insinuaciones fáciles, como en el escabroso caso de Coahuila donde después de medir, quitar y poner peso, hacer cuentas, sumar, restar, Miguel Riquelme logró protestar como Gobernador.

El propio Instituto Nacional Electoral cuestionó al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el atribulado fin del proceso, pero fue sentencia de una autoridad.

Como el partido más viejo, innegables sus mañas y tretas políticas, pero ni el PRI ni ningún otro podrían evitar, si gana de acuerdo al conteo oficial, la toma de protesta de Andrés Manuel.

Y, mucho menos, el Ejército romper su propia honorabilidad y convicción.

Por muy viciado que se considere, el sistema político mexicano no llega, al menos hasta este sexenio, a esos extremos.

Quien así lo vitupere, engaña y traiciona. Pega con alevosía.

 

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