El ejemplo de García Barragán

Como gobernador de Jalisco pagó con renuncia su oposición a que su sucesor estuviera en el poder 2 años más que los 4 para los que fue electo

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El general Marcelino García Barragán no sólo debe ser recordado por negarse a tomar el poder en los momentos de mayor debilidad de Gustavo Díaz Ordaz ni porque en sus labios se escuchaba mejor la frase que tanto gusta al Presidente Andrés Manuel López Obrador –“el poder atonta a los inteligentes y enloquece a los pendejos”-, sino porque como gobernador de Jalisco pagó con renuncia su oposición a que su sucesor gobernara 2 años más que los 4 para los que fue electo.
Hace poco más de 71 años, el 2 de febrero de 1947, el presidente del Congreso de Jalisco, José Saracho, presentó una iniciativa de ley para modificar la Constitución local, de tal suerte que se pudiera ampliar de 4 a 6 años el periodo del gobernador electo, Jesús González Gallo.
El proyecto de ley fue entregado, para su conocimiento, al gobernador en funciones, Marcelino García Barragán. No tenía objeción, pero el gran jalisciencie argumentó que, en todo caso, no podría aplicarse a González Gallo, pues había sido votado para 4, y no 6 años. La ley, dijo, se podría aplicar para un periodo posterior al inmediato.
El gobernador perdió la partida, pues González Gallo tenía el apoyo de Manuel Ávila Camacho, de quien había sido secretario particular, y de su sucesor, Miguel Alemán, así que el Congreso local aprobó las modificaciones para el periodo gubernamental siguiente.
Don Marcelino se resistió a publicar la ley y, consecuentemente, fue obligado a renunciar antes de concluir su mandato, el 17 de febrero de del 47.
Los problemas políticos de García Barragán tuvieron origen en su preferencia en la candidatura presidencial por el general Miguel Henríquez Guzmán, en agravio de Miguel Alemán, que era el candidato de Ávila Camacho.
Ya entonces, don Marcelino, que con el tiempo sería secretario de la Defensa Nacional en un momento decisivo para el país, sufría los ataques de González Gallo, cuya cercanía con Ávila Camacho lo convertía en un personaje de gran poder; de hecho, hubo momentos en que sufrió la amenaza de la desaparición de poderes.
En otras palabras, González Gallo y Miguel Alemán supusieron que la postura del gobernador tenía que ver con diferencias políticas, y no con la legalidad.
El 17 de febrero, García Barragán abandonó su oficina de gobernador y fue sustituido por Saturnino Coronado, que, una vez firmado el decreto que ampliaba el periodo de gobierno de 4 a 6 años, entregó la gubernatura a González Gallo.
Para que no quedara duda del origen de la orden para violar la Constitución, el Presidente Alemán acudió a su toma de posesión.
No estaría mal que el gobernador de Baja California, Francisco Vega de Lamadrid, estudiara un poco de historia y emulara a aquel gran mexicano cuyo sacrificio no sirvió para evitar la violación a la Constitución porque González Gallo tenía el apoyo de un Presidente de la República que encontró la solución en obligar a don Marcelino a abandonar el puesto para que entrara Coronado a cumplir la consigna de violentar la Constitución.
El problema es que, según dicen los enterados, “Kiko” Vega no es tan hombre como García Barragán y está en el copucho que podría ayudar a Jaime Bonilla a gobernar 5 años, y no los 2 para los que fue electo.
Por fortuna, todo indica que López Obrador no es Miguel Alemán y que no permitirá el atropello en Baja California, como ocurrió en Jalisco en 1947.

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