El efecto Evo en ‘suelo’ mexicano de La Paz

Por Bartlett, AMLO tunde al ‘conservadurismo’; el inescrutable caso Alonso-Moreno Valle

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Si como lo establecen las leyes y acuerdos internacionales, como el de la Convención de Viena, las embajadas y recintos diplomáticos son una extensión del país que la ocupa, el caso de Evo Morales sigue vivo y vigente aun cuando éste ya no permanezca como asilado en México.

Su nombre y vigencia son, ahora, el efecto del daño colateral que recibe la Embajada mexicana en La Paz ante lo denunciado por México en la OEA, acoso e intimidación por fuerzas de seguridad del Estado boliviano, que encabeza Jeanine Añez.

En la sede diplomática mexicana se encuentran, además de la Embajadora Teresa Mercado, otros tres funcionarios connacionales. Sin embargo, el objetivo principal de la presión, que incluye diversos agentes merodeando el domicilio e inspeccionando autos, así como la activación de drones, es la docena de ex funcionarios, leales a Morales, que permanece al interior en calidad de refugiados.

El peso del asilo colectivo en la Embajada mexicana recae en el propio nivel que los funcionarios asilados tenían y que en el cambio de gobierno, bajo características de “golpe de Estado”, ahora son requeridos, acusados, como el mismo Evo, de sedición y terrorismo.

Hablamos, por ejemplo, del ex Ministro de Gobierno, Juan Ramón Quintana. O del ex Ministro de Defensa, Javier Zavaleta; el ex Procurador General, Héctor Arce. Después de ellos otros de Cultura, Minería, Agricultura. Es decir, el paquete que tiene México sobre la espalda no es tan sencillo de quitárselo de encima.

Un asunto que tiene todos los ingredientes para crearle a México un problema mayúsculo ante la bondad del gobierno mexicano de rescatar a Evo aquel 10 de noviembre. Mal si comenzamos el año con un conflicto internacional del que no tenemos antecedente hace muchas décadas. Pero peor si alguien osa en convertirlo en tragedia.

 

POR BARTLETT, AMLO TUNDE AL ‘CONSERVADURISMO’

Para hacer menos tosco el desagravio a Manuel Bartlett, y dar por concluido el tema, el Presidente Andrés Manuel López Obrador mezcló la investigación sobre el patrimonio del ex priísta, exclusivamente bajo el escrutinio de la Función Pública, y el del plan para “rescatar” a la Comisión Federal de Electricidad.

En el cuarto día de defensa del dictamen de Irma Eréndira Sandoval, el Mandatario federal dijo que el “conservadurismo está muy enojado… y anda como desquiciado”.

Independientemente de que no les gusten ciertas cosas de Bartlett, expresó, “está el hecho de que también estamos recuperando la CFE, que estaba tomada, como Pemex y otras empresas, como el Gobierno, secuestrado… al servicio de una pandilla de rufianes”.

Así ni pa’ dónde hacerse. Mientras Bartlett cumpla y haga de la CFE, para bien de todos, casi el Sol que ilumine y alumbre a los mexicanos. Ya el 2020 será el gran sinodal.

 

EL INESCRUTABLE CASO ALONSO-MORENO VALLE

Este martes se cumple un año del accidente que provocó conmoción política y en el que murieron la recién, en aquel entonces, ungida Gobernadora de Puebla (había apenas tomado posesión luego de su triunfo seis meses antes, el 1 de julio de 2018), Martha Érika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle.

Ambos polémicos; la primera en su afán de conseguir dirigir a los poblanos; el segundo como uno de los legisladores de oposición más activos tras el triunfo avasallador, también aquel julio, de Morena.

El hecho, rodeado de un protagonismo excesivo de Miguel Barbosa, perdedor oficial en la contienda que ganó Alonso, ocurrió apenas 24 días después de la asunción de López Obrador como Presidente de México, y a 10 de que ella asumiera el cargo.

Este lunes, Javier Jiménez Espriú, Secretario de Comunicaciones, prácticamente no añadió nada a lo sabido, hasta ahora, sobre las causas del accidente que conmovió el inicio de la “Cuarta Transformación”. Insistió en que lo único comprobado es que no se debió a un atentado. Y que todo está listo, después de la participación en la investigación de al menos cinco agencias y organismos expertos en seguridad aérea de varios países, para que allá por marzo o abril se dé la conclusión final.

Como en otros casos, relativamente recientes, como el de Ramón Martín Huerta, Secretario de Seguridad federal, en 2005, o los de Juan Camilo Mouriño, en 2008, y el de José Francisco Blake Mora, en 2011, ambos secretarios de Gobernación, a pesar de todas las explicaciones y pruebas revisadas, las dudas nunca cedieron.

 

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