‘El dilema de Venezuela’

*¿Democracia o aislamiento? *Con o sin petróleo, estoy seguro de que ni Simón Bolívar, ni el propio Hugo Chávez hubieran tolerado el derramamiento de sangre inocente. ¡Basta ya!

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Venezuela tuvo y tiene un gran peso en el mercado petrolero mundial y en el de los Estados Unidos.

No en balde promovió la creación de la OPEP y posee en territorio norteamericano una importante red de gasolineras con la marca CITGO.

Eso le da una singular importancia estratégica. El petróleo fue el ‘as bajo la manga’ de Hugo Chávez Frías, quien obligó a todas las trasnacionales interesadas en explotar crudo en el país a participar como socias minoritarias de Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima (PDVSA).

Esto derivó en el crecimiento exponencial de la recaudación petrolera en medio del alza de los precios del crudo.

En 2011 PDVSA produjo 2.9 millones de barriles diarios y la meta es alcanzar los 5.8 mbd, en 2018.

La exportación alcanzó los 2.4 mbd y la meta es alcanzar los 4.1 mbd para 2018.

Hugo Chávez consolidó un gran apoyo popular, al haber tomado en cuenta a una población que durante décadas se vio desatendida.

El Banco Mundial señaló que la pobreza en Venezuela se redujo a la mitad (de 62% a 32%) entre 2003 y 2011.

Si se le compara con el resto de América Latina, excepto Cuba, se verá que no es poca cosa.

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, el Libertador, inspiró la “Revolución Bolivariana” que llevó al poder a Hugo Rafael Chávez Frías, fallecido a la edad de 58 años.

Tan amado como odiado. Héroe revolucionario para sus seguidores, dictador populista para sus críticos.

Su tercera reelección, en octubre de 2012, le había dado luz verde para completar 20 años de presidencia ininterrumpida.

Desde el poder casi absoluto que logró detentar consiguió cambiar a su albedrío no sólo la Constitución, sino hasta el nombre de su patria, que hoy se llama oficialmente República Bolivariana de Venezuela.

Tras el fallecimiento de Hugo Chávez, Nicolás Maduro Moros, nacido en Caracas el 23 de noviembre de 1962, asumió 3 días después la jefatura de Estado y de Gobierno como ‘presidente encargado de Venezuela’ hasta la celebración de elecciones presidenciales, el día 14 de abril de 2013, tras las cuales Nicolás Maduro fue proclamado presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

En dichas elecciones los votos se distribuyeron de la siguiente manera: Nicolás Maduro Moros obtuvo el 50,61% y Henrique Capriles Radonski, el 49,12%.

La estrechez de esta victoria ha dado por resultado que la legitimidad de Maduro sea cada vez más cuestionada por una oposición que ha atraído una participación crecientemente radical de estudiantes y grupos urbanos descontentos por la inflación y el evidente fracaso de las políticas económicas aplicadas por el gobierno de Maduro, que no han conseguido ni crecimiento económico ni niveles de bienestar consistentes con los formidables ingresos petroleros de Venezuela.

La respuesta oficial a las protestas generalizadas ha sido, por desgracia, intolerante y ha conducido a la supresión de las libertades civiles y a la represión violenta de la protesta, al grado de ocasionar varios lesionados y muertos entre los jóvenes estudiantes inconformes.

Las imágenes que nos llegan, a pesar de la férrea censura, son estremecedoras. Y no obstante, en virtud de su poderío petrolero y los inmensos y complejos intereses estratégicos que involucra, la postura de las grandes potencias occidentales y de los gobiernos democráticos de América Latina ante la brutal represión ha sido inaceptable e inmoralmente tibia y pusilánime.

Esta situación es insostenible por mucho tiempo más. La paz del mundo necesita más de una Venezuela democrática que de su petróleo. Menos aún si es petróleo ensangrentado por jóvenes mártires inocentes.

Es hora de que la diplomacia mexicana digna e inteligentemente encabezada por Luis Videgaray Caso en consonancia con la diplomacia global induzca a Maduro a confrontar y resolver el gran dilema de la Venezuela de hoy: democracia o aislamiento.

Con o sin petróleo, estoy seguro de que ni Simón  Bolívar, ni el propio Hugo Chávez hubieran tolerado el derramamiento de sangre inocente.

¡Basta ya!

 

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